Riccardo Muti: “La música me ha dado mucho pero no me ha dejado ver llegar la primavera”


“Parlando lentamente” pero con ganas, Riccardo Muti (Nápoles,1941), ha explicado este viernes a la prensa española muchas cosas. Lo mucho que le gusta España. La importancia de Saverio Mercadante (“compositor importantísimo”, ha dicho) y lo feliz, en definitiva que le hace dirigir musicalmente I due Figaro-melodrama bufo en dos actos fechado en 1826- una obra que aúna elementos italianos y españoles.

E incluso ha dedicado un tiempo, para, al hilo de las preguntas, hablar de sus orígenes, de su madre, de su padre o para contar que no canta bajo la ducha, pero que su padre sí lo hacía y cantaba Cavalleria Rusticana.

I due Figaro, la nueva producción del  Teatro Real que llega este domingo, es una coproducción con el Festival de Pentecostés de Salzburgo y el Festival de Ravenna. Cuenta, además de Muti, con Emilio Sagi, como director de escena, la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, el coro Philarmonia Chor de Viena y las voces de Antonio Poli, Asude Karayavuz, Rosa Feola, Annalisa Stropa, Mario Cassi o Eleonora Buratto.

20 años sin ver un gato en la calle

Ha contado Muti que él, como napolitano, creció artísticamente -“como espectador”,  ha aclarado entre risas, en el Teatro San Carlo de Nápoles que define como “el más bello teatro del mundo”. Un teatro que lleva el nombre del rey Carlos III y que nos recuerda los enormes vínculos entre Nápoles y la corona de España, algo visible incluso en el escudo Borbón aún visible.

De esos lazos históricos y artísticos nos habla igualmente la ópera que ahora Muti dirigirá en el Real. Una obra de Mercadante -quien vivió en Nápoles pero también en Madrid- que se inicia con una obertura, repleta de danzas españolas y que por algo se llama, sinfonía española. Sólo existen dos manuscritos de esta obra, ha contado hoy Muti. Uno en Napoles, el otro fue encontrado en Madrid. Y existían dos copias porque el compositor amaba tanto esta ópera que viajaba siempre con un manuscrito de la misma.

Dirigir ahora este melodrama bufo tiene para Muti algo más que significado artístico. Adquiere incluso un “significado político y social“, ha apuntado el maestro. Y ha aprovechado ese momento para criticar a los gobiernos. Estos -y ha puntualizado que no se refiere a España donde es huésped- cuando “deben cuadrar cuentas comienzan siempre por la cultura”. Algo que él considera un error gravísimo porque de esa forma se perjudica a la “identidad de los países”, haciendo referencia a Europa.

I due  Figaro ha llevada a Muti a remontarse a su infancia. A recordar al Teatro San Carlo. A su madre -una mujer con un físico muy español- e incluso a su padre que le obligó a estudiar música, solo con el propósito de que adquiriera cultura. Nunca -ha confesado- imaginó que sería músico, ni famoso. Fue Nino Rota -director del Conservatorio de Bari, entonces- quien le orientó por ese camino. Un camino que le ha dado mucho pero que también le hurtado placeres y vivencias.

No me dejado por ejemplo ver la primavera, o ver crecer a mis hijos. Cuando dirigía La Scala, me dí cuenta un día que llevaba 20 años sin ver un gato en la calle”, ha añadido para terminar.

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