El Liceo exhibe su alma


Los trabajadores del coliseo lírico llenan de ópera la Rambla con su concierto reivindicativo.

Cientos de transeúntes han seguido el mediodía de este domingo desde una pantalla gigante en La Rambla el concierto extraordinario L’ànima del Liceu, organizado por los trabajadores del coliseo lírico barcelonés para agradecer las muestras de apoyo y afecto que han recibido en los momentos críticos por los que han pasando y aseguran siguen pasando pese a que la dirección del teatro retiró el expediente de regulación de empleo (ERE) temporal el pasado 22 de febrero. El concierto, en el que han participado desinteresadamente todos los solistas y los tres directores musicales que ha tenido el Liceo desde su reapertura tras el incendio en 1999, Bertrand de Billy, Sebastian Weigle y Michael Boder y quien sustituirá a este último en septiembre, Josep Pons.

Por el concierto, seguido en la calle con atención por numerosos transeúntes y turistas desde las terrazas de las cafeterías y bares, han ido desfilando a lo largo de tres horas los ocho solistas anunciados en el programa oficial –las sopranos Ainhoa Arteta, Cristina Obregón y Linda Watson, las mezzosopranos Karine Deshayes e Ildikó Komlósi, el tenor Roberto Alagna y los barítono Carlos Álvarez y Joan Pons– y tres músicos más no anunciados el el programa oficial: el pianista chino Lang Lang al final de la primera parte, quien ha interpretado el estudio de Liszt La campanella, y en la tanda de bises el pianista y compositor Albert Guinovart y el director de orquesta asistente del Liceo Guerassim Voronkov, quienes han interpretado un arreglo del propio Guinovart de un tango, y el director del coro del Liceo, José Luis Baso, quien se ha puesto al frente de la orquesta, el coro, los ocho solistas y los cuatro directores de orquesta para interpretar a modo de colofón de la velada el célebre ¡Aleluya! del El Mesías de Händel.

Acogido calurosamente por el público que llenaba el teatro, que agotó en tres horas las más de 2.000 localidades puestas a la venta el pasado 10 de abril al precio único de 15 euros, el concierto ha sido seguido con atención por el numeroso público que se ha congregado en medio de La Rambla a escasos metros del Liceo donde se ha colocado la pantalla de 3,5 x 2,5 cuyo coste, 9.000 euros, ha sido pagada con patrocinio privado que se ha encargado de buscar la Fundación Grup Set, presidida por Adela Subirana e integrada por mujeres empresarias.

El cierre del tráfico de la popular avenida a las 12.40  para evitar algún viandante acabara atropellado al invadir la calzada cuando transitaban a la altura donde estaba la pantalla ha posibilitado escuchar con detalle las interpretaciones que en la primera media hora del concierto apenas eran audibles, salvo los forte, por el intenso ruido del tráfico de La Rambla.

Arias de Verdi, Puccini, Wagner, Rossini, Bizet, Alban Berg, Pablo Luna y Karl Goldmark se han alternando con fragmentos corales y oberturas de ópera en un concierto en el que los trabajadores del teatro, representados en el escenario por los músicos del coro y la orquesta, han exhibido su orgullo de pertenecer a un teatro, el Liceo, del que reivindicar ser el alma.

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El Palau de la Música Catalana presenta su temporada 2012-13


El retorno de la Filarmónica de Viena, Marc Minkowski, o András Schiff, y el debut de Leif Ove Andsnes, Rolando Villazón o Elina Garanca serán citas ineludibles.

La Fundación Orfeó Catalá-Palau de la Música Catalana ha presentado por primera vez de forma unitaria el conjunto de su nueva programación. La temporada musical 2012-13 estará integrada por 90 conciertos, 56 de ellos propios, y 34 son coproducciones con otras entidades, representando una nueva filosofía de programación. Cinco propósitos artísticos interactuarán entre sí: la excelencia, donde cada concierto se convertirá en un acontecimiento único; la centralidad de los coros, con unos renovados Orfeó Catalá y Coro de Cámara del Palau; el compromiso con la música contemporánea, con la figura del compositor residente encarnada en Joan Guinjoan; y la voluntad de atraer a nuevos públicos. También se iniciarán dos proyectos que durarán más de una temporada: un ciclo de óperas de Mozart dirigidas por René Jacobs y la integral de la obra para clavecín de J.S. Bach, a cargo de Benjamin Alard.

Respecto a la relación con las otras artes, Antoni Tapies será el artista plástico de esta temporada, y se exhibirá una exposición de sus obras relacionadas con la figura de Wagner, coincidiendo con el concierto conmemorativo de su bicentenario, que dirigirá Marc Minkowski.

Los conciertos considerados como citas ineludibles serán el retorno de la Filarmónica de Viena dirigida por Daniele Gatti; el reto del Orfeó Catalá con la interpretación de la Pasión según San Juan, de Bach, y el del Coro Joven (Cor Jove) con el Dido & Eneas de Purcell; la llegada de artistas como Zubin Mehta, Vladimir Ashkenazy, Grigorij Sokolov, András Schiff, Barbara Hendricks o Jordi Savall, entre muchos otros, y la presentación en la sala de Rolando Villazón, Elina Garanca o Leif Ove Andsnes. Proyectos más innovadores serán ‘Händel’s Bad Boys’ con Xavier Sabata y la actuación de Sergi López en Ivan el Terrible, de Prokofiev.

Parte de esta programación es fruto de coproducciones con otras entidades del sector como la Simfònica del Vallès, la del Gran Teatre del Liceu, Orquestra Nacional Clàssica d’Andorra, Ibercámera, Fundació Mas i Mas, Poema SL, Orquestra de Cadaqués y Duetto, que se convertirán en compañeros de este viaje musical y permitirán el paso por el Palau de figuras como David Russell, Josep Pons, Frank Peter Zimmermann, Lars Vogt, Daniel Müller-Schott o Viviane Hagner.

Por último, se debe mencionar la internacionalización del Palau, materializada con la entrada en una de las redes internacionales más importantes de Europa, ECHO (European Concert Hall Organization) y la actuación del Orfeó en Viena en junio, en el aniversario de los Gurrelieder, de Schöenberg.

“Sigo interesado en venir a la ONE”


El joven y talentoso director alemán David Afkham, que estuvo a punto de sustituir a Pons en la Orquesta Nacional, todavía piensa en aterrizar en Madrid.

Hubo un momento allá en octubre cuando parecía que el asunto estaba cerrado. David Afkham (Friburgo, 1983), el joven y talentoso director alemán, dijo que sí y estampó su firma en el contrato que le convertía en director titular de la Orquesta Nacional de España (ONE), formación que le esperaba ilusionada para sustituir a Josep Pons (que se marcha al Liceo). Todo cuadraba: director joven en meteórica ascensión, ganas de trabajar, buena conexión, costes razonables… Todo un fichaje. El problema es que la administración española, que debía formalizar la incorporación por el otro lado, se echó atrás en el último minuto por el adelanto de las elecciones y la paralización de todos los contratos en trámite. Desde entonces la ONE sigue sin conocer quien será su director.

El viernes pasado, Afkham, a quien muchos ya señalan como el nuevo Dudamel europeo —incluso algunos creen que le sustituirá en la Sinfónica de Gotemburgo— aterrizó en Madrid para dirigir a a la Mahler Jugendorchester. Con solo 28 años, y aceptando que tiene todo por delante, es un tipo con las ideas claras. Le gusta España, cree que la fama de sus orquestas en Europa es buena y chapurrea algo de español porque su novia es mitad colombiana. Quizá le venga bien, porque pese al penoso desenlace de la historia con la ONE, todavía no descarta hacer las maletas rumbo a Madrid.

—No tengo noticias de ellos, solo sé lo que leí una semanas atrás donde se decía que incorporar a un director titular no era una prioridad [lo dijo el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, en una entrevista en EL PAÍS y causó cierto malestar en la orquesta]. No sé más. Tenemos conciertos en octubre juntos y el próximo año.

—Después de lo sucedido, ¿sigue interesado en venir?

—Sí… Realmente disfruté con esta orquesta y me gusta mucho Madrid, así que todo está abierto. Nadie sabe qué puede pasar. Me gusta el lugar, la energía que tienen, las ganas de evolucionar… Fue una pena, la verdad.

Afkham es el pequeño de cinco hermanos en una familia de músicos (uno es violinista de la Filarmónica de Berlín y mantiene duros debates con él). Lo normal en casa, cuenta, era tocar dos instrumentos. Eligió el piano y el violín. Algo que, dice, le ayuda ahora a suplir la falta de experiencia en la dirección de algunas zonas del repertorio. “Empecé desarrollando mis ideas musicales con el instrumento. La base no es solo la dirección. Tuve contacto con el material real. La batuta no hace música, es solo un trozo de madera. Así que me parece importante desarrollar tus ideas y crecer en un espíritu musical”.

Y sus ideas, por el momento, se basan en rechazar lo que no se ve capaz de hacer todavía y en pulir la parte del repertorio que más le interesa. “Brahms, Beethoven, Wagner, Strauss, la segunda escuela de Viena, también Bruckner o Mahler… Hago repertorio que conozco, con el que tengo algo que decir. Dirigir no es organizar el aire. Si no tienes un mensaje, si no sabes lo que quieres decir o lo que hay en la Décimade Shostakovich, o en la Tercera de Brahms… ¿cómo puedo inspirar o transmitir la música? Tienes que decir algo, y eso es lo que cuesta tiempo: madurar la personalidad. Pero eso te lleva toda una vida. Por eso los mejores directores son los viejos”.

Los que le conocen dicen que va bien de técnica, que sabe hacerse respetar y que tiene muy buena comunicación con la orquesta. Él lo asume, pero con matices. “Lo ideal es estar abierto a las ideas y el diálogo, pero al final tiene que haber una decisión. Juntos seremos más fuertes, esa es la idea. No es como los tiempos pasados, cuando los directores eran unos dictadores. Hoy hay que escuchar lo que los músicos tienen que ofrecer para poderlo moldear. Pero no se trata de que tengamos un ensayo y luego vayamos a discutir durante media hora. No me refiero a eso”.

¿El futuro? De momento, dice, seguirá ejerciendo de director invitado allá donde le llamen. Veremos lo que dura. Barenboim ya le ha hecho llegar su interés por conocerle y cada vez más orquestas en Europa (Birmingham, Rotterdam, Gotemburgo…) apuestan por un perfil como el suyo para crecer. Pero a él le gusta Madrid.

Muerte y vida póstumas


Berg plasmó el dolor de la muerte en su ‘Concierto para violín’, y Mahler construyó una oda a la vida en ‘La canción de la Tierra’. El Auditorio reúne ambas obras estrenadas tras fallecer sus autores.

Alban Berg y Gustav Mahler murieron sin saber qué opinaba el público de dos de sus obras. Berg murió cinco meses antes de que Barcelona viera el estreno mundial de su Concierto para violín en 1936, mientras que Mahler agonizó seis meses antes de que la que iba a ser su sinfonía maldita se subiera a un escenario. Dos obras antagónicas que el Auditorio Nacional reúne para oyentes dispuestos a emocionarse con la Orquesta Nacional de España dirigida por Josep Pons.

El Concierto para violín de Berg (discípulo de Arnold Schonberg, padre del dodecafonismo) es un retrato del dolor. Dedicado a la muerte de la hija de Alma Mahler y su segundo marido, el arquitecto Walter Gropius, la obra se articula como una dulce melodía que se transforma en un lamento desgarrador que culmina en un ascenso a los cielos. Franz Peter Zimmermann, violinista alemán que ha interpretado este concierto más de 100 veces, sabe bien lo que encierra. “Cada vez que me enfrento a este concierto siento una fuerte emoción, y cuando acabo de interpretarlo estoy exhausto, vacío. Es una droga: cada vez que lo tocas quieres más y más. Pero no es bueno tocarlo muy a menudo porque puede crear un malestar físico”, dice.

La obra, basada en la técnica dodecafónica, se basa en 12 sonidos que se van incorporando a lo largo de los dos movimientos del concierto. Arranca haciendo guiños a una canción popular que refleja la infancia de Manon, la hija muerta de Alma Mahler, pero luego se transforma en un lamento agónico e inquietante. “Berg estaba preocupado por el futuro, por el auge de los nazis en Alemania. Temía que su música pudiese desaparecer y vio venir el desastre, lo que se suma al profundo dolor en el que le sumió la muerte de Manon”, comenta Zimmermann. Al final de la obra, asoma una melodía extraña: los clarinetes esbozan uno de los corales de Bach. Su letra nos hace imaginarnos lo que pasaba por la mente de Berg: “Estoy ascendiendo hacia la casa del cielo, seguramente allí estaré en paz: mi gran dolor queda aquí abajo”. “Creo que es la única vez en la historia en la que un compositor ha cogido un fragmento de Bach y lo ha insertado en su música sin que suene ridículo”, sentencia el violinista.

En contraposición a todo este dolor, viene a salvar al espectador La canción de la Tierra. Escrita por Mahler con forma sinfónica, nunca se denominó como tal por miedo a la maldición de la Novena (Beethoven, Schubert o Bruckner murieron tras componer las suyas). “Mahler incorpora de una manera normal movimientos con solistas o canciones en sus sinfonías. Pero aquí hay un desarrollo sinfónico de la canción a lo bestia”, explica Pons.

En La canción de la Tierra todo es pintoresco: la oda a la naturaleza, los poemas chinos en los que se basa, el hecho de que los miembros de la orquesta no toquen casi nunca todos juntos… Aquí la particular visión trágica del mundo del compositor (“vivió rodeado de muerte”, dice Pons) queda a un lado para trazar una partitura magistral por la que se pasean un borracho orgulloso de serlo, pájaros o chicas que recogen flores.

Dijo Mahler en una ocasión que “la sinfonía debe ser como el mundo: debe abarcarlo todo”. Y es el mundo el que queda retratado en esta obra. “La canción de la Tierra tiene todos los ingredientes: produce una emoción verdadera e íntima si el oyente viene al Auditorio sin prejuicios”, explica Pons. Un concierto para ir del dolor de la muerte a la fiesta de la vida en algo más de dos horas.

Las obras en el Auditorio

  • Orquesta Nacional de España. Sábado a las 19.30 y domingo a las 11.30 en el Auditorio Nacional (Príncipe de Vergara).
  • Entradas: de 4 a 29 euros.

Mehta, Jacobs y Ashkenazy, en el cartel del Palau de la Música


La programación de la próxima temporada 2012-2013 incluye 90 conciertos.

Algunas de las grandes batutas internacionales, como Zubin Mehta, René Jacobs, Vladimir Ashkenazy y Marc Minkowski, destacan en la programación musical del Palau de la Música para la temporada 2012-2013.

La Fundación Orfeó Català-Palau de la Música presentó ayer por primera vez de manera unitaria el conjunto de su programación, que incluye todos los ciclos y que como dijo su director general, Joan Oller, “prioriza la música clásica”. En la próxima temporada se iniciarán también dos proyectos de largo recorrido plurianuales: un ciclo de óperas de Mozart dirigidas por René Jacobs (2012-2015) y la integral de obras de clavecín de Johan Sebastian Bach a cargo de Benjamin Alard (2012-2017), que comenzarán, respectivamente, con La flauta mágica y Las transcripciones.

Zubin Metha.

Continuando con el diálogo entre música y otras manifestaciones artísticas, el Palau acogerá el proyecto gestado en vida de Antoni Tàpies, que habría cumplido este 2012 90 años, y propondrá del 25 de mayo al 4 de junio un itinerario por espacios del auditorio modernista de acuerdo con su admiración por Wagner. Esta exposición coincidirá con el concierto conmemorativo del bicentenario de Richard Wagner dirigido por Marc Minkowski.

Entre los 90 conciertos programados destacan como “citas ineludibles” el retorno, 11 años después, de la Filarmónica de Viena bajo la batuta de Daniele Gatti, en el concierto inaugural del ciclo Palau 100, en el que interpretará la segunda y cuarta sinfonías de Brahms. Oller ha destacado asimismo el retorno al Palau de artistas como Zubin Mehta, Vladimir Ashkenazy, Josep Pons, Grigorij Sokolov, András Schiff, Barbara Hendricks, Jordi Savall y Frank Peter Zimmermann.

La temporada supondrá el debut en la sala modernista de Rolando Villazón, Elina Garanca y Leif Ove Andsnes, y “un reto” para el Orfeó Català, con la interpretación de la Pasión según san Mateo de Bach, y el Cor Jove, con Dido & Aeneas, de Purcell. No faltarán proyectos “innovadores”, como Iván el Terrible, de Prokófiev, que contará con la participación de la contralto Uwa Podles y el actor Sergi López como narrador.

La temporada artística 2012-2013 tendrá un coste de 1,7 millones de euros, que supone una reducción del 15% respecto a la temporada presente, 2011-2012, ha anunciado Oller, quien ha asegurado que el Palau espera cubrir el 80% del presupuesto a través de la venta en taquilla

En cuanto al ciclo estrella del equipamiento musical, Palau 100, el presupuesto, según Oller, ha decrecido desde la temporada 2010-2011, en que superaba los 1,5 millones de euros, hasta los 1,08 millones que costará en 2012-2013.

La presidenta del Palau de la Música, Mariona Carulla, ha indicado que contribuirá a la internacionalización del Palau su entrada en la red ECHO (European Concert Hall Organization), así como la actuación del Orfeó Català y el Coro de Cámara en Viena en junio de 2013.

El Liceu presenta la programación 2012-2013


El teatro rendirá tributo a Wagner y Verdi, en el bicentenario de sus nacimientos.

Joan Francesc Marco y Joan Matabosch, director general y director artístico, respectivamente, acaban de presentar la programación de la próxima temporada del Gran Teatre del Liceu. De los 15 títulos operísticos programados, seis serán en versión de concierto, se repondrán antiguas producciones del teatro, se recuperarán títulos populares no vistos durante muchos años y dos óperas serán estrenos absolutos. También será la temporada en que Josep Pons asumirá la dirección musical.

El inicio será en septiembre con la llegada de la Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth, 57 años después de su primera visita, que ofrecerá en versión de concierto Der fliegende Holländer, Lohengrin y Tristan und Isolde. Este acontecimiento constituirá el pórtico de otros actos culturales relacionados con el segundo centenario del nacimiento de Wagner. Así, dentro de la temporada encontramos la representación de Das Rheingold y Rienzi (ésta en versión de concierto). También de gran interés será la proyección de Los Nibelungos, de Fritz Lang, acompañada de la interpretación en directo de la partitura original de la banda sonora de Gottfried Huppertz. Para conmemorar también el bicentenario de Verdi se ha programado una nueva producción de La forza del destino, con Renato Palumbo como director musical. Se incorporarán al Liceu tres óperas que faltaban aún en su trayectoria: Il turco in Italia, ópera de juventud de Gioachino Rossini; Iolanta, de Tchaikovsky, en versión de concierto por la Orquesta y Coro del Teatro Mariinski de Sant Petersburgo, con las figuras de Valeri Gergiev, y la soprano Anna Netrebko, que debuta así en el Liceu; y  Street Scene de Kurt Weill. Entre las óperas que completan la temporada debemos citar tres óperas italianas: Madama Butterfly, de Puccini, en una coproducción con el Royal Opera House Covent Garden de Londres; Il pirata de Bellini con Mariella Devia; y L’elisir d’amore de Donizetti, en la propuesta de Mario Gas y protagonizada por Rolando Villazón. La ópera francesa estará representada por Les contes d’Hoffmann de Offenbach, con Natalie Dessay en una nueva coprodución del Liceu con la Ópera de San Francisco, que será dirigida escénicamente por Laurent Pelly. Y de la ópera checa nos llegará una producción de Rusalka, de Dvórak, con dirección musical de Andrew Davis y dirección de escena de Stefan Herheim. La temporada finalizará con Lucio Silla, ópera seria de un jovencísimo Mozart.

La oferta complementaria de la ópera estará formada por una serie de recitales y de conciertos con solistas como Joyce Di Donato o Bejun Mehta. Además de celebrar en esta temporada la edición número 50 del Concurso Francesc Viñas, la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre dará una serie de conciertos en el Palau de la Música y el Auditori, dirigida por Pons. Con respecto a la danza, destacará la compañía de Nueva York Alvin Ailey American Dance Theater, con bailarines afroamericanos que integran su concepción personal de la experiencia étnica y de la danza moderna americana. También visitará Barcelona el Ballet Theatre, con el Don Quijote de Minkus con la mítica coreografia de Marius Petipa. La tercera compañía será la del Ballet del Teatro Nacional de Praga con su célebre versión de El Cascanueces de Tchaikovsky. La cuarta será la Ballett am Rhein Düsseldorf Duisburg, la compañía estable de la Oper am Rhein, que presentará El arte de la fuga, de Bach, con una coreografía del innovador Martin Schläpfer, estrenada el 2002, que ha sido calificada como “el misterio de Bach hecho movimiento”.

Los trabajadores del Liceo organizan su propio concierto


Cantantes como Roberto Alagna, Joan Pons y Ainhoa Arteta actuarán gratis en el coliseo el próximo 22 de abril

Los trabajadores del Gran Teatre del Liceu de Barcelona quieren demostrar que el teatro sigue vivo pese a las amenazas de ERE y huelga, y una programación cancelada de la cual la dirección sólo consiguió recuperar al 100% un título, Pélleas et Mélisande. El concierto especial, al margen de la dirección, que tendrá a los cantantes Roberto Alagna, Joan Pons y Ainhoa Arteta, y a los directores Bertrand de Billy, Sebastian Weigle, Michael Boder y Josep Pons así como otras estrellas por desvelar como principales reclamos, tendrá un único precio de 15 euros, y además se colocará una pantalla gigante para que pueda seguirse desde las Ramblas. Otros cantantes, como Plácido Domingo, no podrán asistir por problemas de agenda, pero enviarán vídeos de apoyo. El concierto evidencia la distancia cada vez más grande entre el comité de empresa y los gestores del teatro, ya que de hecho, antes de este proyecto la dirección había previsto para el día 22 por la tarde otro concierto que han tenido obligatoriamente que retirar de programa.

El violinista de la orquesta Charles Courant ha explicado que el objetivo es agradecer el apoyo del público, los abonados y los mecenas en los últimos meses. Courant ha remarcado que la retirada del ERE no ha llevado la paz al Liceu, porque el teatro es una gran máquina “que se atasca si la incompetencia y la mezquindad se apoderan de su engranaje”. Este concierto se está preparando fuera del horario laboral, y los que en él participarán no cobrarán por todas las horas extra que ello implica, además los cantantes actuarán gratis, recibiendo sólo transporte y alojamiento.

Una sinfonía de recortes ‘in crescendo’


Primero fue el disco, una crisis de soporte que la música clásica pudo sortear con mejor fortuna que el pop y el rock. Internet tardó mucho más en ofrecer alternativas a las grabaciones de los mejores sellos de música sinfónica y ópera. Pese a todo, en las oficinas de las discográficas ya no queda casi nadie. El refugio era la música en directo: los conciertos y las grandes puestas en escena operísticas salvarían el negocio. Pero no ha durado mucho. La música culta en España es una actividad subvencionada en la mayoría de casos y en época de crisis, si hay que recortar, dice el manual del político, conviene hacerlo en aquellas actividades que la gente asocie al lujo y a las élites. Miren, si no, al Liceo y los dos millones de euros que casi le cuestan un dramático ERE temporal y que han destrozado su imagen internacional.

Así que, sin ayudas (y ese problema quizá debería revisarse), muchos festivales o ciclos de música desfallecen. El último ejemplo ha sido el Ciclo de Lied de la Zarzuela y el del Liceo de Cámara en el Auditorio Nacional que Caja Madrid patrocinaba en la capital. La entidad bancaria ha reducido en un 20% su presupuesto cultural y el tijeretazo se lo llevan los apartados de difusión y programación. Se acabaron estos dos eventos tan arraigados en la vida musical madrileña. Además, se ha ralentizado hasta 2013 la reforma del flamante Palacio de la Música que se estaba remodelando en plena Gran Vía para convertirlo en un auditorio de primer nivel. Las obras se han parado hasta que no se encuentre alguna empresa que quiera asumir su gestión y programación, ya sea comprándolo o alquilándolo.

“Lo estamos pasando muy mal”, dicen en el Festival de Música Religiosa de Cuenca.

La Orquesta Nacional de España (ONE), durante una actuación en el Auditorio Nacional.
La Orquesta Nacional de España (ONE), durante una actuación en el Auditorio Nacional.

Los festivales, que durante años han puesto en el mapa a pequeños municipios españoles, sufren ahora más que nadie. Sus ingresos dependen principalmente de patrocinios y aportaciones de administraciones públicas (diputaciones, ayuntamientos y comunidades autónomas). Caja Madrid (ahora Bankia), por ejemplo, era también un importante patrocinador de la Semana de la Música Religiosa de Cuenca. Su marcha consiguió paliarse con la entrada de Caja Rural. Pero llovía sobre mojado: ya había perdido el 10% que aportaba la desaparecida Caja de Castilla-La Mancha y han caído en picado las subvenciones de las que depende un evento que este año celebra su 51ª edición y que ha visto reducido su presupuesto en un 40%.

“Lo estamos pasando muy mal. Se han suspendido todos los pagos de las aportaciones. Estamos pendientes todavía de las del año pasado. Si hay voluntad de todos los implicados, no se tendrá que suspender”, explica su directora, Pilar Tomás, sin descartar completamente que el festival pudiera cancelarse. “La voluntad es continuar, sanear al máximo… Pero puede haber un puñetazo encima de la mesa. Yo estoy trabajando en la continuidad, el arraigo que tiene este festival en la ciudad hace que todos tengamos ganas de seguir”, señala Tomás.

Tampoco hay dinero en las arcas públicas para convocar audiciones y renovar plazas en las orquestas que quedan vacantes o para sustituir a directores salientes. Habrá que aplazar el sueño de poner algún día a las orquestas españolas a un primer nivel. La sinfónica de Valencia solo tiene ya en plantilla a 55 de sus 91 músicos. Detrás de Lorin Maazel se fueron algunos de sus mejores intérpretes.

Trabajadores del Liceo de Barcelona protestan frente a las puertas del teatro.
Trabajadores del Liceo de Barcelona protestan frente a las puertas del teatro.

En Madrid, la Orquesta Nacional de España (ONE) sigue sin nombrar a un director titular que sustituya al saliente Josep Pons. “Ese tema no es prioritario”, manifestó el secretario de Estado, José María Lassalle, en una entrevista hace dos semanas. Sus palabras han sentado como un tiro entre los músicos, que confiaban en el nuevo proyecto y, en muchos casos, esperaban que se regularizase su situación laboral. La frase de Lassalle permite formarse una idea de por dónde van los tiros en la administración respecto a la música clásica. La ONE tenía ya atado al joven director alemán David Afkham, uno de los músicos con más proyección de Europa en este momento. Pero el adelanto de las elecciones frenó esta operación, que difícilmente podrá llevarse ya a cabo. “Está abortado”, señaló Lassalle. Una lástima.

En el otro lado de la trinchera, los agentes y promotores se quejan a diario del dinero que les deben las administraciones. “En algunos casos, el retraso acumulado es de dos años. Es imposible seguir trabajando así. Hay algunos sitios, como Galicia, donde el problema es especialmente sangrante”, revela un promotor de música clásica. También se esfuman muchos de los abonos de los ciclos más importantes de música sinfónica. Ibermúsica, por ejemplo, ha perdido 400 abonados en los últimos tiempos y su creador, Alfonso Aijón, se encomienda a la inversión privada para salir del atolladero. “Confío en la futura ley de mecenazgo y en la entrada de patrocinadores para poder sobrevivir”, asegura. Su homólogo en Barcelona, Josep Maria Prat, creador de Ibercamera, cree que “el futuro pasa por la coproducción y la inversión de los papeles de publico y privado”.

Enrique Subiela, figura importante de la música clásica en España, representante de artistas como Lang Lang, Gustavo Dudamel o Cecilia Bartoli, resume con mucha claridad la situación de la música en España en este vídeo sobre los recortes en la música. Para él, “la música clásica ha vivido en este país una burbuja como la inmobiliaria” y ahora se encuentra al borde del colapso. Hubo un tiempo en que cada ciudad construyó su propio auditorio, quiso tener su orquesta y traer a los mejores solistas y directores. La fiesta se acabó y toca pagar los recibos. Pero no hay forma posible de hacerlo. Muchos agentes como Subiela se han plantado y urgen a las administraciones que paguen lo que adeudan. En cualquier caso, como dice este representante, se trata de un mundo y un negocio, tal y como los conocíamos hasta ahora, en “demolición”.

FUENTE: El País

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