Las siete vidas de los nuevos edificios


Frente a los inmuebles que la crisis ha dejado vacíos y esperan un uso, algunos emblemas arquitectónicos reinventan su utilidad

En Zaragoza, junto al puente de la Almozara, el edificio ideado para la Unidad de Montes tiene un huerto en la cubierta. El inmueble ha cambiado varias veces de uso —la propia Unidad de Montes se desmontó cuando todavía no se había inaugurado su sede— y ahora funciona como sala de exposiciones temporales. “También como centro de Estudios Medioambientales del Ayuntamiento”, cuenta su arquitecto Jaime Magén, que asegura que, gracias a su flexibilidad, el edificio se ha adaptado a los nuevos usos sin necesidad de ser modificado. Por eso, señala, el único cambio se ha dado en las cubiertas verdes: los trabajadores se han apropiado de ellas y cultivan allí tomates y lechugas. No es que un edificio construido con algo más de dos millones de euros esté justificado como pedestal para un huerto urbano junto al río Ebro, pero la versatilidad de algunos inmuebles nacidos de una planificación urbana inmediatista, caprichosa e irresponsable ofrece un lado optimista y cívico en el drama de la burbuja arquitectónica que salpica a todo el país.

La reconversión de los edificios es un clásico urbano. Históricamente se han transformado admitiendo todo tipo de usos: de iglesias a discotecas y de hospitales a museos. Piensen en la Tate Gallery de Londres —que nació de una antigua central hidroeléctrica junto al Támesis— o en el Museo Reina Sofía de Madrid, que transformó en centro de arte el hospital general de esta ciudad que Francesco Sabatini había levantado en el siglo XVIII. El Museo Picasso de Barcelona es también la suma de cinco casas de diversas épocas y la antigua Alhóndiga de Bilbao es hoy la nueva sede de una mediateca con sala de exposiciones y piscina pública en la azotea.

Esa transmutación se da en todas las ciudades con inmuebles de distintos periodos capaces de mantener no solo la estabilidad, sino también la calidad arquitectónica a pesar de los cambios. Así, lo extraño no es el cambio, lo extraordinario es que se acorten tanto los plazos de esa transformación y que algunos edificios ni siquiera lleguen a estrenarse con el objetivo con el que fueron proyectados y construidos.

Recientemente, la Cúpula del Milenio, ahora llamada 02 Arena, que Richard Rogers diseñó en Londres para dar la bienvenida al año 2000, fue recuperada. Sucedió durante los pasados Juegos Olímpicos y hace unos días ha sido el rutilante escenario de la Final Four de baloncesto en la que el Olympiacos griego venció al Real Madrid por 100 a 88.

Más cerca, en Valladolid, hay otra cúpula del Milenio. La diseñó el catalán Enric Ruiz Geli como pabellón de la Sed para la Exposición Universal que Zaragoza dedicó al agua en 2008. Entonces, costó 1,4 millones de euros. Luego pudo desmantelarse y remontarse en otro destino, junto al río Pisuerga, cuando el consistorio vallisoletano la adquirió por 12.000 euros. Hoy se utiliza para conciertos. El año pasado actuaron allí Pablo Alborán y David Bustamante y estos días lo han hecho los Hombres G. Parece que también esa burbuja ha encontrado otra vida en Valladolid.

Los edificios renacen cuando están bien diseñados. Lo que es más extraño —pero abre una vía de futuro— es que se requiera, y sea posible, una mudanza para devolverles la vida. Sin embargo, las últimas olimpiadas así lo indicaron. Y las próximas, en Rio de Janeiro, sopesan reciclar la cancha de baloncesto desmontable que los arquitectos de Wilkinson & Eyre idearon con 12.000 asientos para Londres 2012. Con todo, frente a esos escasos renacimientos, España continúa sembrada de edificios que, como en lista de espera, aguardan su oportunidad

A las viviendas adosadas se unen centros de salud, oficinas y hasta estudios cinematográficos abandonados. Muchos no han llegado a estrenarse porque no queda presupuesto público para su gestión y mantenimiento. A ese sarpullido de mala planificación se suman las grandes obras paralizadas inconclusas —no en vano, casi todas con nombre de ciudad: la de la Justicia, la del Medio Ambiente, la de la Luz o de la Cultura en Madrid, Soria, Alicante y Santiago— y todos los proyectos que, tras ganar un concurso y hacer que arquitectos y ayuntamientos incurriesen en gastos, tienen por rostro un solar vacío y por futuro una espera que se antoja interminable. Con el parque arquitectónico vacío disponible en España casi nadie se atreve a poner otra piedra.

Puede que no sea para menos. Muchas de las obras más importantes de la última década retratan la ambición ciega de antaño y la ruina difícil de reparar que atravesamos hoy, pero sería peligroso que el próximo lustro nos retratara de nuevo despistados, sin saber qué hacer con lo ya construido. Por eso, frente a ese paisaje irresponsable, algunas instituciones han optado por adaptar los inmuebles para evitar que una arquitectura tan icónica como a veces hueca termine por constituir el paisaje más revelador del presente de nuestras ciudades.

Es el caso del MUNCYT de La Coruña. Inaugurado hace poco más de un año, el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología nació de un vientre de alquiler: el edificio que debía albergar el Centro de las Artes y el Conservatorio de Danza de la diputación coruñesa. Los arquitectos madrileños Victoria Acebo y Ángel Alonso ganaron el concurso para levantarlo hace más de una década: “El edificio buscaba la convivencia de dos instituciones distintas con una única gestión”, cuentan. A pesar de cuajar ese dos por uno, una vez concluido, el inmueble atravesó años de estancamiento por falta de medios hasta que la gestión pasó de local a estatal y Ramón Núñez —con experiencia en el arranque de varios museos científicos— se hizo cargo del su dirección. “No hubiéramos sido capaces de solicitar un espacio así y, posiblemente, nadie hubiera pensado diseñarlo si el primer programa hubiera sido como Museo de la Ciencia”, explica con optimismo Núñez frente a la cabina del Boeing 747 que en 1981 trasladó el Guernica de regreso a España, desde Nueva York, y que hoy es la pieza estrella de su museo.

Aunque los arquitectos lamentan que no todas las intervenciones han sido consensuadas y que la museística no tuvo en cuenta su trabajo, la versatilidad del trabajo de AceboXAlonso pudo verse cuando su edificio admitió cambiar de fachada su entrada principal. También cuando, para meter la cabina del avión, tuvieron que cortar pilares y apear vigas.

Esa flexibilidad también la está demostrando, finalmente, uno de los emblemas de la Expo de Zaragoza. Tras años sin un futuro claro, los edificios de esa muestra conforman hoy la incómoda ruina de un proyecto inaugurado el año que estalló la burbuja. En ese escenario, el polémico pabellón-puente que ideó la arquitecta Zaha Hadid por casi 70 millones de euros ha sido, por fin, abierto al público hace unas semanas.

Ibercaja se hizo cargo de su gestión y, en 2011, llegó a celebrar un concurso para dotarlo de contenido. Querían levantar sobre el Ebro un pequeño Museo de Nuevas Tecnologías que la directora de la obra social de la caja, Teresa Fernández Fortún, anunció como “apropiado para su arquitectura”. Sin embargo, dos años después el pabellón permanecía vacío y cerrado. Por eso, la entidad aragonesa ha optado por abrirlo de forma gratuita. Los vecinos pueden ahora cruzar la pasarela-mirador los fines de semana. Si no es museo, por lo menos sí es puente, y quienes atraviesan el río pueden acortar el camino que une la margen derecha del Ebro con el recinto de la antigua Expo.

No lejos de ese singular pabellón, la solitaria figura de la Torre del Agua, el edificio hueco que el arquitecto Enrique de Teresa construyó como reclamo de la Expo, ha corrido peor suerte. La Caja Inmaculada (CAI) anunció, en 2009, que se hacía cargo de esa infraestructura, donde pensaba inaugurar, en 2012, otro museo de ciencia e investigación. Lo que ocupó la torre, en 2012, fue una discoteca, temporal, que Volkswagen montó para presentar su Golf 7. Estamos en 2013 y la investigación continúa para decidir qué uso podrá dársele a una torre de 73 metros sin forjados —es decir, sin división por pisos— que costó cerca de 50 millones de euros. Mientras, se han iniciado otras pesquisas.

Hace unos días, el portavoz de la Chunta Aragonesista, Juan Martín, solicitó al Ayuntamiento de Zaragoza “que aplique los mismos criterios, sin miramientos, que sufren los ciudadanos para cobrar a la CAI lo que la entidad debe a las arcas municipales y, en el caso de que no lo haga, inicie el procedimiento que la caja seguiría con cualquier otra persona”. Martín denunciaba que, pese a haber firmado un acuerdo con la Sociedad Pública Expoagua para explotar la torre durante 20 años pagando un coste de mantenimiento anual de 1,5 millones de euros, la Caja Inmaculada no ha abonado todavía ese pago. Por eso los miembros de la Chunta exigían al Ayuntamiento un desahucio. Sin embargo, aunque la CAI sea la entidad que más desahucios ha firmado en Zaragoza ¿puede desahuciarse lo que no está ocupado? Desde la CAI responden que están “estudiando la mejor forma de resolver el acuerdo alcanzado cuando el marco económico era otro”. También señalan que hoy las demandas generadas por la crisis son otras y aseguran, además, que “nunca hemos llegado a tomar posesión del edificio ni, por lo tanto, a asumir su gestión”.

En Sevilla, otra caja de ahorros sí es protagonista de la reconversión, anterior a la inauguración, de un edificio emblemático y no exento de polémica. La antigua Torre Cajasol, llamada a ser el rascacielos más alto de Andalucía, hoy se llama Torre Pelli y pertenece al grupo Caixabank. Tal vez por eso, y teniendo en cuenta el 12% de oficinas desocupadas que soporta la capital hispalense, sus nuevos dueños hayan decidido ocupar parte de su torre de 40 plantas con la futura sede del centro cultural Caixaforum que estaba previsto construir en las antiguas atarazanas de la ciudad. Así las cosas, la entidad se ha asegurado de llevar vida a su edificio. Por eso, cuando, previsiblemente el año que viene, se inaugure ese rascacielos de 180 metros, la sede de CaixaForum en la Isla de la Cartuja llenará varias de sus plantas y evitará que la torre se convierta, después de una gestación polémica, en un nuevo edificio a medio gas.

Sin alcanzar la ruinosa suerte del aeropuerto de Castellón, que todavía aspira a poder entrar en funcionamiento, en el campo de Lérida, El Alguaire, uno de los aeródromos arquitectónicamente más singulares de los últimos tiempos, parece estancado en la falta de actividad. Su arquitecto, Fermín Vázquez (del estudio B720), asegura que diseñarlo fue para su oficina una ocasión de oro: nunca habían levantado un aeropuerto y, gracias a la experiencia, han sido invitados a varios concursos internacionales. Bromea, además, comentando que el bar de la terminal —el edificio que costó “poco más de seis millones de euros”— se ha convertido en “la cafetería más de moda en la ciudad”.

Sea como sea, lo que parece seguro es que la gente no llega hasta allí (a 15 kilómetros de Lleida) para ver despegar a los aviones. Solo hay vuelos fijos los domingos y los viernes entre Palma y Lérida. El resto del año, instalaciones de primer orden esperan a los chárter que la compañía británica Thomas Cook trae desde Manchester, Bristol o Birmingham con turistas que se acercan a esquiar al Pirineo. ¿Pagan esos esquiadores británicos los gastos de mantenimiento? En Aeroports de Catalunya señalan que todavía no, aunque aseguran que el coste de mantenimiento se ha reducido en el último año de 1,2 a 0,6 millones de euros. Un taller que en octubre de 2011 reunió en las instalaciones del aeródromo a estudiantes de arquitectura de todo el mundo para buscar nuevos usos para la terminal podría hacer pensar en otras posibilidades de futuro para ese aeropuerto pequeño, hermoso y remoto. En la Generalitat, sin embargo, lo desmienten: “Habrá más usos en el futuro, pero todos tendrán que ver con la aeronáutica”. Otro edificio icónico que espera, en España, pista para despegue.

 

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La contracultura en la tercera edad


Una de las leyendas fundacionales del rock en pasó por Madrid invitado por el Festival Internacional de Benicàssim.

El domingo pasado, en un sillón de Matadero Madrid, Kim Fowley, 73 años, legendario excéntrico que ya es parte de la historia de rock, se empeñaba en retener a los periodistas que le entrevistaban cuando estos habían dado por terminada la charla hacía rato. Con una verborrea imparable, y muchas veces indescifrable, hacía preguntas, pedía su opinión sobre los asuntos más extraños, o, en este caso, solicitaba que se volviera a encender la grabadora para registrar un último monólogo delirante: “Me han contado en Los Angeles que en España hay nueve ciudades en las que se puede escuchar rock´n´roll. ¿cuáles son?” Lo siento, señor Fowley, ni idea. “Ja, me habrán mentido”.

A su lado, una mujer de 26 años, que parecía una versión puesta al día de la pin-up Betty Page grababa todo con una pequeña cámara. Es Snow Mercy, su pareja y su nueva musa. “Cuéntales lo que haces”, le decía Fowley embelesado. “Soy compositora, cantante, artista, directora de cine, licenciada en física, actriz fetichista y dominatrix”, enumeraba ella. ¿No son demasiadas cosas? “Esto ya no es como en los sesenta”, interrumpía Fowley. “Ahora para sobrevivir hay que hacer cuantas más cosas mejor”.

En su caso eso es su forma de vida. Creció en el Hollywood de los años cuarenta y debutó como actor infantil en 1946, con seis años. “Mi padre, un actor se serie B [Douglas Fowley un secundario en decenas de películas entre ellas Cantando bajo la lluvia], me obligó a hacerlo para sustituir a un niño que se había puesto enfermo. A mi madre, un lesbiana que se negaba a admitirlo, le pareció bien”. En los cincuenta descubre el rock´n´roll, y consigue su primer número uno con The Hollywood Argyles. Él los fabricó, los empaquetó y los vendió. Ahí descubre que para ser el protagonista no es necesario estar frente a los focos (aunque le encanta estar ahí y recibir toda la atención posible). Que se pueden hacer otras muchas cosas.

Tantas que nadie parece capaz de sintetizar la desbordante carrera de Fowley en unas pocas frases. Solo Duglas Stewart, el cantante de la banda escocesa BMX Bandits, a los que produjo un disco, se lanza. “Kim es probablemente el ser humano más extremo que haya conocido. Es una leyenda. Si juntas los discos en los que ha participado como artista, productor, compositor o técnico ha vendido más de 120 millones de copias. Ha trabajado con todo el mundo: de Doris Day a Jonathan Richman; de Cat Stevens a The Runaways; de John Lennon a George Lucas. Lleva haciendo discos salvajes e inspirados desde finales de los cincuenta. Es brillante, pero nada convencional. Entiendo que haya personas a las que les asuste”.

Fowley lo resume de otra forma: “Mi trabajo consiste en ayudar a ciertos músicos a vender su trabajo, porque ellos son unos pobres desgraciados, incapaces de hacerlo solos”. Esa es la auténtica peculiaridad de Fowley, lo que le convierte en una rara avis: a pesar de haber compuesto canciones para the Byrds, Beach Boys, Soft Machine o Them siempre se ha sentido más cómodo en el margen del negocio. Se cuenta que un ejecutivo discográfico le dijo en una ocasión, “haces grandes discos, pero nunca has producido a un gran artista”. “Aquí ya entramos en lo que cada uno define como grande. No me interesan las cosas grandes. A mí me interesa la grandeza. Y esa está en cuatro críos haciendo ruido sin saber muy bien donde van. Es lo que quiero demostrar esta noche.”

Tanto Stewart como Fowley estaban en Madrid invitados por el Festival Internacional de Benicassim, que presentaba su programación de cine. Pero Fowley era la indiscutible estrella. A su reclamo acudió una docena de músicos madrileños, de grupos como Los Coronas o Los Caballitos de Dusseldorf, para una jam session que él guiaba. La grandeza consistía en implicar a todos los presentes en la sala, en una suerte de blues pantanoso, una improvisación que duró alrededor de media hora. Pero la auténtica grandeza de Fowley es su vitalidad. “Sabed que con vuestra edad yo también estaba aterrorizado por la vejez”, decía a un auditorio compuesto por gentes a las que sacaba más de 30 años. “¿Seré patético? ¿Podré follar? ¿disfrutar? Sí, se puede, claro que se puede, miradme”.

Risas con rap y reggae


La Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz (FRAC) saca de gira sus rimas caústicas.

Risas con rap y reggae. Un desternillante cóctel que la FRAC (Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz) ofrece en su nueva gira por varias ciudades para presentar su quinto disco en cinco años: Reggae en el INEM. Si la definición políticamente incorrecta se creara hoy y en Andalucía, sus protagonistas serían estos músicos que hacen gala de un ingenio mordiente apenas visto en el escenario. La actualidad política y social es un carrusel sobre el que se recrean para disparar rimas ácidas en las que la ironía de ciertos cantautores se queda en pañales.

Los raperos presentan temas como Odio eterno al fútbol moderno o Los lunes dance hall, en el que revisan su amarga situación laboral para darle la vuelta y reírse de sí mismos con sana guasa gaditana. Sus próximas citas pasan por Jaén, Madrid, Almería y Palma del Río. El grupo es firme defensor de compartir contenidos y todos sus discos (todos) están en la Red para que sus seguidores se los descarguen. “Grabar, darlo gratis e intentar dar conciertos, que es donde hay que ganarse al público. Nuestras grabaciones valen, pero agradecemos los conciertos por encima de todo”, aclara el cantante Karim Aljende, que comparte micro con Antonio Pareja.

La cáustica arrasa con todo: políticos, sindicalistas, periodistas, estrellas del cine… son protagonistas de estrofas combinadas con ritmos raperos que a veces se trufan con ecos del carnaval, la otra pasión de la banda, que nunca formará parte de la directiva de la SGAE. “Ante todo somos aficionados al carnaval callejero y cada año sacamos algo en paralelo a la FRAC”, relata Aljende sobre su objetivo subversivo a través de la carcajada. Su propia e inusual definición sobre el género da pistas de lo insólito de su propuesta: “Canción popular melodramática / Dub /reggae”. En ella colaboran artistas vocales e instrumentales como Nieves Yeh Yeh, Emilio Flou o Vaporetto Sound.

Desde que nacieron en 2007, la FRAC acumula ya 50 temas. Su último álbum destripa la situación de desempleo que azota a la comunidad, con especial énfasis en la Bahía gaditana, epicentro de estas crisis cíclicas y al parecer sin remedio cercano. Y a pesar del sombrío panorama, las críticas siempre dejan hueco a las risas y a menudo a las carcajadas.

Morente, agonía y muerte de un cantaor


En 2010, el mito del flamenco ingresaba de urgencia en Madrid y 11 días después fallecía.

La familia del artista está envuelta en una guerra judicial para saber si hubo negligencia médica.

El cirujano Enrique Moreno espera que se pronuncie justicia.

Los protagonistas de este suceso pasarán a la historia por su valentía y su capacidad para innovar en terrenos tan opuestos como el del flamenco y la medicina. Enrique Morente ya tenía categoría de maestro antes de su multitudinario entierro, y su figura no ha parado de agrandarse desde entonces con sentidos homenajes, libros y discos en su honor. También Enrique Moreno, el cirujano que le operó de cáncer de esófago y al que se conoce en la profesión como “la mano de Dios”, con más de 1.600 trasplantes a sus espaldas, sigue sustituyendo hígados y páncreas a pacientes de la Seguridad Social en el hospital 12 de Octubre, actividad que compagina con la atención en su consulta privada a enfermos, que pagan cantidades que no bajan de las cinco cifras, por ponerse en sus manos. Fue precisamente en ese espacio, un piso de unos 300 metros cuadrados en la madrileña calle de Velázquez, decorado con óleos antiguos y fotos de su nueva esposa y sus hijos, donde ambos Enriques se conocieron el 2 de diciembre de 2010.

No les dio tiempo ni a ir a casa para cambiarse de ropa y preparar un pequeño neceser. Enrique Morente (Granada, 1942-Madrid, 2010) y su esposa, Aurora Carbonell, ingresaron en la clínica La Luz con lo puesto. Procedían de la consulta del doctor Moreno; el informe médico apuntaba intervención inmediata.

Y anunciaba un posible tratamiento posterior de quimioterapia. Acompañaba a la familia otro doctor, Julio García Paredes, amigo de toda la vida de los Morente, el facultativo, ahora jubilado, que había tratado al cantaor durante años de sus recurrentes dolencias de esófago en otro hospital madrileño, el Clínico. Fue precisamente en este centro sanitario donde le practicaron el 18 de noviembre la endoscopia y la biopsia que confirmó el diagnóstico: cáncer de esófago. Con el miedo en el cuerpo y la incredulidad que producen semejantes noticias, la familia pidió asesoramiento a García Paredes. Necesitaban una segunda opinión y querían al mejor médico. La información recabada por Javier Conde, marido de la hija mayor del cantaor, Estrella Morente, coincidía con los datos aportados en ese momento por el médico de la familia: el número uno de esa especialidad era Enrique Moreno.

Pionero en el trasplante de hígado y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 1999, Moreno (Siruela, Badajoz, 1939) echó un vistazo al resultado de las pruebas que portaban y, según relata la viuda, sin apenas levantar la vista del informe, aconsejó operar cuanto antes. Un tratamiento previo no entraba en sus opciones. En los archivos de su consulta privada se almacenan historias de cerca de 14.000 pacientes. Tiene fama de realizar cirugías radicales y de operar lo que otros no se atreven. Acostumbrado a tratar los peores diagnósticos, el médico no suele andarse por las ramas. “Tome una decisión ya y no me haga perder el tiempo”, recuerda Aurora que respondió, más o menos, el jefe de cirugía de trasplantes del hospital 12 de Octubre ante los argumentos del cantaor que, con lágrimas en los ojos, explicaba que se encontraba en plena gira, acabando una película y que se había comprometido con el embajador de Francia para recibir la insignia del título de Caballero de la Legión de Honor. En ese momento pesó más la salud y aplazó todos sus planes.

Si fuera una soleá, se llamaría la más triste: el 13 de diciembre, 11 días después, estaba muerto. “Creo que no se nos dio la información adecuada sobre la gravedad de la dolencia. De haber sobrevivido, seguramente, mi marido no hubiera vuelto a cantar”, añade la viuda. Sin embargo, esa tarde ella y su marido decidieron ponerse en manos de Moreno y partir apresuradamente para la clínica La Luz. Un día para la exploración analítica, rayos y estudio cardiológico.

El sábado 4 de diciembre de 2010, por la mañana, Morente entraba en el quirófano para ser operado de una esofagectomía subtotal con sustitución por estómago tubolizado. Tras siete horas de intervención (de 11.20 a 18.30), el enfermo fue trasladado a la UCI y extubado a las pocas horas. A las once de la mañana del domingo, Moreno exploró al paciente, que se encontraba despierto y consciente. La operación había sido un éxito y el posoperatorio no presentaba complicaciones. Por la tarde, la situación se mantenía igual. La esposa del cantaor, que no se había apartado de su lado, se movía por la clínica con las deportivas de su marido. “Todo sucedió de manera tan precipitada que tuve que recurrir a las zapatillas de Enrique, solo llevaba los tacones con los que salí de casa el jueves para ir a la consulta. Por eso, cuando la doctora Gudín, intensivista de guardia, me dijo que me fuera a descansar, que lo dejaba en buenas manos, abandoné el hospital. En maldita hora me fui”, recuerda ahora, en el despacho de Enrique Gordillo, exfiscal de la Audiencia Nacional y nuevo abogado de la familia.

Sobre lo que sucedió en las horas que siguieron a la partida de la antigua bailaora, entre las doce de la noche y las cinco de la madrugada, en la UCI y en el quirófano de la clínica La Luz, tendrá que pronunciarse el juzgado. Lo cierto es que la evolución del enfermo cambió radicalmente en ese tiempo y tuvo que ser intervenido por segunda vez. Es en este punto donde la versión de la familia y la de los médicos chocan estrepitosamente. Para el torero Javier Conde, yerno del cantaor, se trata de un caso claro de “abandono”. En pleno puente de la Inmaculada, con miles de madrileños buscando unos días de asueto, la actividad de la clínica “no debía ser la mejor para atender una emergencia. Sospecho que tardaron demasiado en operarle. Sabemos que llamaba a gritos desesperado a su esposa y que ingresó en el quirófano con el abdomen hinchado por la hemorragia interna”, argumenta el diestro. Yerno y suegra se quitan la palabra en el relato y de sus gestos se desprende desesperación y agotamiento. “Cuando llamé desde el sofá de casa a la una de la madrugada para ver cómo se encontraba, dijeron que todo iba bien”. La siguiente llamada en su móvil procedía de la clínica: “¿Cuánto tardáis, cuánto tardáis?”, creyó escuchar la viuda que le decía la doctora Gudín, antes de salir inmediatamente para el hospital. Serían poco más de las cinco de la madrugada del 6 de diciembre. La viuda de Morente, muy pálida y de luto riguroso, recuerda que, cuando regresó de madrugada a la clínica, el doctor Moreno, “con las piernas cruzadas, bata blanca y muy tranquilo”, le informó de que lo habían intervenido por segunda vez y que se encontraba en coma. “Para estimularlo nos aconsejó que le cantáramos y le habláramos al oído”.

Los fríos partes médicos señalan que, sobre la una de la madrugada, el paciente sufrió un cambio brusco con hipotensión y dolor agudo de abdomen, provocado por una hemorragia, una de las secuelas previsibles tras una intervención de esas características. El doctor Alonso, de guardia en la UCI, informó telefónicamente de la situación clínica al cirujano responsable del paciente, el doctor Moreno, que salió “disparado para la clínica”. A las 3.30 se trasladó al cantaor al quirófano. Nada más comenzar la operación, sufrió una parada cardiaca y fue sometido a reanimación cardiopulmonar. La familia sostiene que pudieron pasar casi diez minutos en esa situación, y los médicos, que recuperó el ritmo con una sola desfibrilación. Al concluir la intervención se detectó un deterioro neurológico. Un TAC craneal posterior informa de probable encefalopatía isquémica con infartos extensos.

No debió de ser una madrugada sencilla para el cirujano. Según datos del hospital 12 de Octubre requeridos por el juzgado, el doctor Moreno y un equipo de tres médicos y tres anestesistas practicaron, esa misma jornada, una intervención quirúrgica de trasplante hepático que se inició a las cero horas y concluyó a las 20.10 del mismo día 6 de diciembre, y en la que, según se especifica, a las 5.20 se llevó a cabo la incisión al paciente con número de historia clínica 4695143. En operaciones de este tipo están pautados los descansos y los relevos. “Moreno es un esclavo de su profesión y jamás abandonaría a un paciente, pero una vez operado es pedirle demasiado que permanezca a su lado las 24 horas del día. Un médico no interrumpe su vida profesional por un paciente. Lo habitual en estos casos es que el facultativo se rodee de un equipo, casi tan competente como él mismo, capaz de suplantarle en una intervención, tanto si hace falta porque necesita descansar o porque se encuentre fuera de España participando en algún congreso”, aporta un médico que conoce bien a Moreno. “Nadie puede estar en dos sitios a la vez. Tanto si participó él en la intervención como si envió a alguien de su equipo, no creo que se pueda acusar de falta de ética”.

Entre tanto, en la clínica La Luz, y siguiendo las instrucciones médicas de reanimación, Estrella Morente, con los ojos vendados por su esposo, que no quería que viera a su padre entubado y en ese estado, le cantaba cada día al oído sin observar mejoría. Le pusieron incluso a sus nietos al teléfono para que lo animasen a ver si despertaba. “Hasta en eso nos tomaron el pelo. Hubo un momento en que nos ofrecieron trasladarlo a la Seguridad Social, pero nos negamos”, recuerda el torero, que, “harto” de escuchar “buenas palabras”, decidió acudir a un abogado. Desconfiado, Conde ya había empezado a grabar con el móvil algunas conversaciones con los médicos y responsables de la clínica (las grabaciones no han sido puestas en manos del juzgado).

A través de Estrella Morente pidieron ayuda a Caco Senante, entonces miembro de la junta directiva de la SGAE, quien les puso en contacto con José Ramón García-García, aficionado a los toros y abogado de Teddy Bautista, aún presidente de la sociedad de autores. En poco más de un folio, redactado de puño y letra del abogado, se puso en conocimiento del Juzgado de Instrucción número 18, de guardia la noche del 11 de diciembre, la sospecha de una posible negligencia médica y, con el cantaor agonizando en la clínica, la policía intervino la historia clínica.

Más tarde solicitaron una comparecencia para que no se desconectara al paciente y un día después falleció. Posteriormente, la familia contrató a Gonzalo Martínez-Fresneda, abogado recomendado a la familia por el juez Garzón, muy amigo también del cantaor, quien con el procedimiento judicial en marcha dejó el proceso en manos de otro letrado. El Juzgado de Instrucción número 52, que preside Fermín Javier Echarri, decidirá si se archiva la causa o se realiza un juicio que determine si hubo responsabilidad médica.

Transcurrido casi año y medio del fallecimiento del cantaor, la polémica que originó su muerte no cesa. Se han escrito incontables páginas, cargadas de acusaciones y lamentos; cuatro abogados han intervenido en el proceso por parte de la familia, el caso ha pasado por varios juzgados y siete médicos, integrantes del equipo de Enrique Moreno, la estrella en cirugía de aparato digestivo, han declarado como imputados en una supuesta negligencia médica. Hasta ahora, el último acto de un proceso judicial que todavía se encuentra en fase de instrucción ha sido la declaración en el juzgado de la viuda y el yerno del cantaor la pasada semana. Como muchos otros asuntos en este país, las posturas son radicalmente opuestas. ¿Negligencia o “linchamiento” médico? Mientras la familia habla con todo el que quiera escucharla, el cirujano acusado espera pacientemente a que se pronuncie la justicia para dar su versión sobre los hechos: “A veces me pregunto qué hubiera hecho Gregorio Marañón ante semejante campaña de derribo”, concluye Moreno, antes de reiterar su fe en el proceso judicial y su respeto a la instrucción que se lleva a cabo.

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La estrella discreta


De camarera a artista internacional.Diez años después de ‘Come away with me’, el disco más vendido de la década, Norah Jones se desvía ligeramente de su seguro camino con ‘Little broken hearts’, un álbum marcado por una ruptura amorosa.

A través de los ventanales de la habitación del hotel de París en el que Norah Jones recibe a los medios se puede ver la verja del jardín de las Tullerías. A unos doscientos metros se encuentra la estatua dorada de Juana de Arco, que desafió a los invasores ingleses en el siglo XV. Y, como la doncella de Orleans, la joven estadounidense está dispuesta a enfrentarse al mundo, en su caso a la prensa europea, sin bajar la guardia. “Está de muy buen humor”, asegura la responsable de su discográfica justo antes de subir a la habitación del cuarto piso para los veinticinco minutos de entrevista concedidos a Babelia. La propia Norah Jones, que viste discretamente de oscuro, abre la puerta con una gran sonrisa. Se muestra tan amable como recelosa. Espera de pie a que su interlocutor del momento tome asiento y le ofrece algo de beber que ella misma le acerca en un vaso. Y se sienta, expectante.

Con poco más de veinte años, Norah Jones (Nueva York, 1979) grabó un primer disco del que se han vendido más de veinte millones de ejemplares. Y que le valió llevarse ocho grammys en 2003. Aquel Come away with me, con la canción de Jesse Harris Don’t know why, convirtió de un día para otro a una chica que había crecido en Tejas y se estaba ganando la vida en Nueva York como camarera en una estrella internacional. Con una cuenta corriente para no tener que preocuparse por el futuro. Hace ya diez años de aquello. Pero, en la selección musical del avión que lleva al periodista de Madrid a París, está… Come away with me. “Lo recuerdo como si fuese ayer. Era abrumador, una locura, y no creo que fuese lo mejor para mí, pero bueno”, dice. Probablemente haya un punto de timidez en ella, mucho pudor a exponerse ante extraños. Y desconfianza ante lo que vaya a salir luego en diarios, revistas o blogs de medio mundo. “Traducen tan mal lo que he dicho”, cuenta con cara de resignación, “incluso en inglés a veces se malinterpretan mis palabras”.

Su nuevo disco, Little broken hearts (pequeños corazones rotos), está marcado por una ruptura amorosa. Las canciones son contadas desde el punto de vista de una persona herida. Incluso la juguetona Happy pills habla de poder quitarse a un hombre de encima. A la pregunta de quién demonios es el malvado que rompe esos pobres corazones a los que se refiere el título del disco, dice con una sonrisa: “Ya estoy bien, son cosas de la vida”. Y frena en seco. Silencio. Uno de los periodistas abordó el asunto de su separación a las bravas para saber si tenía una nueva relación sentimental y la respuesta de la cantante fue rápida: “No es asunto tuyo”.

Little broken hearts es el quinto disco de Norah Jones —sin contar los dos publicados con Little Willies ni el recopilatorio de sus colaboraciones— tras Feels like home (2004), Not too late (2007) y The fall (2009). Varias de las 12 canciones inéditas exploran texturas y ritmos que no son los habituales de la cantante y pianista. “Siempre intento cosas distintas. Lo que no me apetece para nada es hacer siempre el mismo disco. Y fue divertido trabajar con alguien como él, escribir canciones con él”, asegura. Él es Brian Burton, también conocido como Danger Mouse, con trabajos anteriores para Gorillaz o Beck. “Tiene un sonido muy distinto. La forma en que graba los instrumentos es diferente de lo que yo estoy acostumbrada. No tengo paciencia para encontrar sonidos extraños en los teclados, él sí, y eso me encanta. Amo la música, pero no soy buena buscando sonidos, yo soy buena tocando”, dice riendo.

Por primera vez Jones llegó a un estudio de grabación con las manos vacías. Apenas unas cuantas ideas en un cuaderno de notas cuando entró en el pequeño estudio de Burton en Los Ángeles: “Pese a ser una experiencia nueva para mí no estaba asustada. Confiaba en él, en su modo de trabajar y sabía que nos dábamos bien. ¡Y ahora ya sé que soy capaz de hacerlo!”. No hubo la presión de una fecha de entrega: según ella, ni sus representantes ni la discográfica sabían que estaba grabando.

Se ha escrito que Norah Jones con Danger Mouse es igual que la unión del chocolate con el helado. No le hace gracia el símil. Aunque acaba aceptando el juego de saber cuál de los dos sería ella. “Estoy segura de que soy el helado”, dice riendo. “Bueno, pensándolo bien es simpático, me lo tomo como un cumplido”.

En 2008 se habían encontrado los dos en Rome, un disco de Burton que se inspira en la música del cine italiano. “Brian me llamó para preguntarme si quería participar en su disco y le dije: ‘Claro, me parece fantástico, soy una gran admiradora tuya’. Vino a mi casa y estuvo tocando las canciones. Unos meses más tarde nos volvimos a reunir para la grabación. Trabajamos muy a gusto y, al terminar, le pregunté si estaría interesado en producir mi siguiente disco. Me dijo que sí, pero que era mejor ver qué es lo que iba surgiendo, componer juntos… Me pareció bien, así que me puse a buscar al productor de The fall”. De todos modos quedaron durante una semana “para intentar algo, para ver si la cosa podía funcionar”. “Fue verdaderamente bueno, así que decidimos hacerlo. Pero nos ha tomado tres años programar un calendario que nos conviniera a ambos”, explica. Danger Mouse le sugirió grabar un disco sombrío: “Me preguntó entonces si yo quería algo así y pensé ‘hum, no necesariamente’, pero mis circunstancias, cuando por fin estuvimos juntos, sí que le daban sentido a eso. Tuve un montón de inspiración”.

“Brian y yo nos hicimos grandes amigos. Nos metimos cada uno en la cabeza del otro. Fue interesante poder tener esa perspectiva porque él es un hombre. No es que mujeres y hombres seamos tan diferentes, pero lo somos. Así que escribíamos estas canciones sobre las relaciones desde nuestras distintas perspectivas. Todavía no comprendo muy bien cómo funcionan las relaciones amorosas, lo intento. Creo que a medida que te vas haciendo mayor lo comprendes mejor”.

“No sé por qué escribí Miriam. La canción salió así. Me gusta que sea muy dramática. Quizá resulta algo chocante, pero ¿por qué no? No creo que sea una letra tan disparatada. No voy a matar a nadie, creo que eso ya se sabe ¿no?”, dice riendo. Confiesa tener demoitis —en español podría ser maquetitis—: “Me lo diagnosticó Mardin, el productor de mi primer disco. Teníamos todas aquellas maquetas y yo le decía: ‘Sí, están bien, pero la primera…’. Me gusta la primera versión de las cosas. Y, después, me resulta difícil cambiar”.

Si algo sorprende a primera vista del nuevo disco de Norah Jones es su portada. Quién iba a imaginar que le diera por inspirarse en el cartel deMudhoney, una película de 1965 de Russ Meyer, el famoso y ya fallecido director de serie B, adorador de mujeres con bustos generosos. “Estaba colgado en el estudio de grabación. Sus carteles son divertidos, aunque yo no hubiera utilizado el deFaster, Pussycat! kill! kill! Para ser sincera no me atrae el rollo de Meyer, pero este cartel en concreto me resulta fascinante. Me seduce la imagen, el blanco y el negro con el rosa. La chica es misteriosa, sexy… La miras y no sabes qué va a ocurrir. Eso me gusta”.

Norah Jones actuó en la película de Wong Kar-Wai My blueberry nights. Una pequeña provocación: ¿es verdad que aceptó el papel por el beso de Jude Law? “¡No lo sabía!”, exclama. “¡El director no me había dicho nada! Ni siquiera que iba a tener que besar a alguien. No sé qué idea le rondaba por la cabeza cuando me ofreció el papel porque todavía no había escrito el guión y no me contó absolutamente nada”. Ahora habla casi susurrando: “Aún no sé por qué me quiso en su película. Me lo dijo una vez, pero no le entendí”. ¿Piensa en el cine? “No, fue estupendo, pero no es lo mío. Hay que levantarse muy temprano, trabajar 14 horas al día… No, gracias. Bueno, si hay un actor muy guapo igual me lo pensaría”, bromea. “Yo nunca digo jamás, pero tendría que ser algo que tuviera muchas ganas de hacer”.

Avisaban antaño de que no se le preguntara por su padre [Norah Jones es hija del gran músico Ravi Shankar, aunque ella creció con su madre]. “Lo que pasa es que hace diez años la gente intentaba montar una historia con algo que nada tenía que ver con la música. Y yo no quería que lo hicieran porque no era justo para mí ni para quien me educó. Trabajé muy duro y no le vi durante años, así que no me parecía razonable aquel enfoque. Ahora estamos muy unidos, pero no hagas la entrevista sobre eso”, dice riéndose con ganas.

En cuanto la conversación deriva hacia un aspecto más personal, aunque sea con la mayor delicadeza, su mirada se vuelve más escrutadora. Sus respuestas son breves, una frase o dos, en la mayoría de los casos, y enseguida calla. Como si temiera que se le escape algo; como si esperara la pregunta trampa, aquella cuya contestación va a ofrecer más información de la que ella está dispuesta a dar. Frunce el ceño al preguntarle si su tatuaje al final de la espalda es el mismo que lleva su hermana Anoushka [la sitarista Anoushka Shankar]. Pero responde: “Nos hicimos el tatuaje juntas cuando ella tenía 18 años y yo 20. Hubiera preferido que eso quedase entre nosotras, pero puso una fotografía en su página web… Lo hicimos porque aun siendo hermanas no crecimos juntas. Nos conocimos ya de mayores y ésa fue nuestra manera de marcar el vínculo”.

Dice que siempre ha querido que su voz sonara mayor. “Tampoco estropeada o demasiado mayor, pero que no suene cristalina. Mis voces preferidas son las de cantantes que han vivido como Billie Holiday o Ray Charles”. Norah Jones ha grabado con Willie Nelson, Foo Fighters, Outkast, Q-Tip, Belle and Sebastian, Herbie Hancock o Charlie Haden: “Es muy emocionante estar con héroes de tu infancia, gente con la que has crecido. Poder cantar con alguien como Ray Charles, que ya se fue. Recuerdo que la primera vez que estuve con él me puse a llorar”.

A los diez años de Come away with me, Norah Jones, que confiesa disfrutar como una niña cuando visita una gran tienda de juguetes que hay en Tokio, y a la que le encanta estar en casa, cocinar y nadar, ha grabado el que posiblemente sea su mejor disco desde aquel espectacular debut.

“No he superado la timidez”


La cantante Anni B.Sweet estrenará nuevo disco el próximo martes 24.

‘Oh, Monsters!’ es el título de su segundo trabajo.

Han pasado tres años desde que a Ana López le cambió de golpe la vida. Entonces, la veinteañera estudiaba Arquitectura en Madrid y disfrutaba de su pasión, la música, componiendo en un inglés académico logrado en la infancia y con apariciones en los open mic —actuaciones gratuitas de músicos noveles— en pequeños locales de la capital. Su voz cristalina y sus historias cantadas con su inseparable guitarra pronto obtuvieron una legión de incondicionales, sobre todo en Internet, donde subió sus primeros temas. Momento en que el sello Subterfuge le propuso grabar su primer disco, Start, restart, undo(2009), con el que Ana López dejó paso a Anni B. Sweet, la sensaciónindie del momento.

“Fue una locura”, recuerda Anni B. Sweet desde su casa de Madrid, ciudad en la que ha fijado su residencia por motivos de logística. “Tuve que dejar la carrera, porque tanto Arquitectura como la música son dos dedicaciones muy egoístas y, al final, escogí la música”, añade.

Temas como Take on me, A sarcastic hello o Motorway fueron todo un éxito, lo que le llevó a dejar los pequeños locales de Madrid para recorrer toda España e iniciar una gira por tres continentes. “Fue todo inesperado. Estaba estudiando y de repente me vi actuando en México, Japón, Argentina, Alemania… Fue un choque muy fuerte”, afirma la cantante malagueña, cuyo primer trabajo se publicó en 11 países.

Ahora, con 24 años y mucha más experiencia, Anni B.Sweet se prepara para asaltar los escenarios de nuevo. El próximo martes 24 sale a la venta su segundo trabajo Oh, Monsters!, cuyo primer single, At home, ha sido muy bien acogido en iTunes.

Son 14 temas que conservan el encanto melódico de sus anteriores creaciones pero que se adentran en un mundo de estilos más variados, ricos en detalles y atmósferas nuevas en los que Anni B. Sweet sorprende con arreglos electrónicos o potentes guitarras.

“No he dejado de componer en estos tres años y las canciones corresponden a cada una de las etapas que he vivido en este tiempo tan extraño”, cuenta sobre su nuevo trabajo en el que, asegura, ha sacado fuera todos los miedos que la atenazan. “El mismo título, Oh, Monsters!,hace referencia a esos pequeños monstruitos que me rondaban. Habla de los miedos que tengo, todas esas cosas nuevas vividas, los cambios que te llegan sin saber cómo reaccionar, el hacerse mayor, las inseguridades… Además, el sonido oscuro de algunos temas también representa bien este nombre”, explica la artista, quien pese a volver a grabar todo el disco en inglés anda inmersa en un próximo trabajo donde cantará en español. “Siempre he compuesto en castellano, pero nunca me había atrevido”, dice sobre este otro “monstruito” que también le rondaba.

Antes, Anni B. Sweet volverá a subirse al escenario, su medio natural pero también otra de sus aprensiones. “Hace un año y medio que no toco en España y estoy algo nerviosa. No he logrado superar aún la timidez cuando subo al escenario. Me sigue entrando pánico escénico”, reconoce la cantante, que el próximo sábado 28 actuará en el Festival de Málaga Cine Español, cita con la que arranca la gira de presentación por el país de Oh, Monsters!

“Cuando la gente oye un cláxon, yo oigo un Mi”


El joven violonchelista Pablo Ferrández debuta con la Orquesta de RTVE con el clásico pero complicado ‘Concierto en Re’ de Haydn.

“Mi padre no iba a ser chelista pero, cuando era joven, escuchó un disco de Pau Casals y le encantó. Entonces, a los 18 años, que es tardísimo para un músico, decidió tocar el chelo. Tanto le impactó que, cuando nací yo, me pusieron Pablo por Casals”, explica Pablo Ferrández sobre su padre, violonchelista de la Orquesta Nacional de España y del que heredó la pasión por el hermano mediano de la cuerda. A sus 22 años ya sabe lo que es subirse a las tablas del Gran Teatro del Liceo y del Auditorio Nacional, pero este viernes escribe una nueva página de su carrera: toca con la Orquesta de Radio Televisión Española el ‘Concierto en Re’ de Joseph Haydn. Completan el programa la ‘Sinfonía nº5’ de Beethoven y ‘Teponaztli’ de Cruz-Guevara.

El ‘Concierto en Re’ tiene esa doble percepción que separa al oyente del intérprete. Para el público, una pieza del padre del clasicismo vienés que resulta muy agradable al oído y con estructuras bien delimitadas. Para el solista, un puzle de digitaciones, matices y posiciones que conlleva un arduo estudio previo para domar la partitura. “Técnicamente es un infierno. Es uno de los conciertos más difíciles de chelo. Cuando me dijeron que tenía que tocar el ‘Concierto en Re’ me asusté un poco, pero me lo tomé como un reto”, explica Ferrández.

Curtido en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, el joven violonchelista estudia ahora en la Academia Krönberg, una “escuela exclusiva donde solo hay 14 alumnos”. “De la Reina Sofía solo tengo las mejores palabras: me lo ha dado todo. Estuve 7 años allí, pero necesitaba ir a esta escuela para desarrollar mi carrera como solista”, explica. Aún así, vive entre Frankfurt y Madrid, y sigue colaborando con el grupo de cámara que formó con sus compañeros en la escuela madrileña.

Pero a este instrumentista la música le viene desde la cuna. Su madre, profesora de música, inventó cuando él nació un método de enseñanza musical llamado El mago diapasón. Con este método, la madre de Ferrández logró que su hijo desarrollara oído absoluto en tan solo un año. “Es una técnica que requiere mucho trabajo durante todos los días, pero da resultado. De pequeño cuando sonaba el cláxon de un coche, yo escuchaba Mi. Mi madre lo imparte en centros infantiles y clases particulares y ya tiene muchos alumnos que tienen oído absoluto y sus padres no tienen nada que ver con la música. Puede que haya gente que nazca con ello, pero también se puede enseñar”, comenta el violonchelista.

Este instrumentista forma parte de una generación de buena cuerda española que elimina el prejuicio de que los violinistas, violistas, chelistas y contrabajistas españoles no tienen nivel. “Los instrumentistas españoles de cuerda fuera de España estamos supervalorados. En España seguimos con la tendencia de no valorar como se merece lo español, pero se está superando ese prejuicio. La educación musical en España es cada vez mejor”, explica.

Recién llegado del Festival de violonchelo de Los Ángeles, Ferrández ya tiene en la cabeza su agenda de conciertos hasta dentro de un año. Un momento especial será cuando toque como solista el próximo febrero en el Auditorio Nacional y debute con la Orquesta Nacional de España. Él estará junto al podio del director mientras su padre lo observa desde detrás del atril. “Va a ser un momento muy emocionante”, sentencia Ferrández.

Pablo Ferrández con la Orquesta de RTVE. Viernes a las 20.00 en el Teatro Monumental (Antón Martín). Entradas: de 10 a 22 euros.

“La música es como un lenguaje, y en ella puedes escuchar conversaciones”


El pianista Lang Lang protagoniza una conferencia en el Reina Sofía organizada por EL PAÍS.

El estatus de celebridad que el pianista chino Lang Lang ha adquirido en los últimos años habla de una nueva mentalidad sobre la música clásica. La conferencia que tuvo lugar ayer en el auditorio del museo Reina Sofía de Madrid, moderada por el periodista Jesús Ruiz Mantilla y auspiciada por la Fundación Telefónica, es la prueba de cómo de ser prácticamente desconocidos para el gran público, estos músicos comienzan a abrirse camino al estrellato mediático, y con él, a la mayor difusión de su obra. Unas 200 personas, que religiosamente hicieron cola a la intemperie bajo una llovizna que acabó en aguacero, acudieron a ver y oír a Lang Lang hablar de su arte, sí, pero también de sus viajes, de sus proyectos filantrópicos, de su infancia o de su visión de un mundo en crisis.

Por partes. De la música -de su música- el pianista contó que esa misma tarde había estado grabando una pieza de flamenco. Del flamenco, la conversación derivó en las diversas músicas españolas, y de ahí a las europeas. “Cuando era pequeño no me daba cuenta de que los europeos eran tan diferentes entre ellos, lo mismo que pasa cuando los europeos piensan en los asiáticos”, explicaba Lang, que ahora tiene 29 años. “Luego te das cuenta de que la música es como un lenguaje, y en la música de un país puedes escuchar las conversaciones de un idioma”.

En el repaso por su infancia y adolescencia, relató Lang cómo una de sus primeras profesoras de piano casi le hizo desistir de su pasión. “Teníamos problemas de incomunicación, y al final ella me despidió”, contaba entre las risas del público en un inglés fluido, al que el periodista Ruiz Mantilla daba réplica en castellano. Después de ella, llegó Pekín, adonde se mudó desde su Shenyang natal junto a su padre. “Al principio fue duro adaptarme, y sobre todo echaba de menos a mi madre”. (Quizá para no sentirse en el extranjero, el pianista acudió con ella a la conferencia). Más tarde, el salto a EE UU. “Allí aprendí a abrir mi mente en vez de enfocarme solo en un periodo musical o en un país. Todo el mundo debería tener la oportunidad de aprender de todo”.

Ese carácter generoso que ya había sugerido, salió a relucir de pleno con su trabajo con doce niños -unos con talento musical, otros más desaventajados-, a quienes la fundación que creó en 2008 concede becas de estudio. El origen de su filantropía, apuntó, quizá naciera en el viaje que realizó en 2004 a África como embajador cultural de Unicef. “La situación de alguna gente allí me hizo sentir triste”, aseguró el pianista, al que Ruiz Mantilla definió, acertada y asentidamente por el aludido, como “un músico global”.

Llegado el turno de preguntas del público, algunas cuestiones técnicas: “¿Por qué toca la Rapsodia húngara nº 2 de manera diferente a otros pianistas?”; ¿Aprendió a tocar usando escalas?”. “Son preguntas difíciles”, decía risueño el músico. Otras intervenciones fueron tan entrañables que arrancaron los aplausos de los presentes, como cuando un niño de 12 años le agradeció que se acordara de los más pequeños a través de su fundación. A la cuestión de cuándo comprendió que era músico, que esa era su vida, Lang Lang respondió que fue a los cinco años, subido ya sobre un escenario. “Me dí cuenta de que tocar ante el público es cálido, es muy satisfactorio”. Quizá, tras la acogida de ayer, volviera a sentir lo mismo.

Raphael: “Estoy a favor de la Educación para la Ciudadanía”


El cantante presenta su disco número 40 en el que vuelve a colaborar con Manuel Alejandro.

Tras 28 años retoma a su compositor fetiche, el de ‘Yo soy aquel’ y ‘Como yo te amo’, entre otras.

Incansable, inagotable, un mito. Raphael cumplirá (según su biografía en la agencia EFE), 69 años el próximo cinco de mayo, pero antes presentará el que será, según esta misma fuente, el disco número cuarenta de su carrera. Se titula El reencuentro y supone una vuelta a su colaboración con el compositor Manuel Alejandro (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1933) que ha sido autor de gran parte de sus grandes éxitos como Yo soy aquel, Cuando tú no estás, Digan lo que digan, Cierro mis ojos, Hablemos del amor, Como yo te amo, En carne viva y Qué sabe nadie, por poner algunos ejemplos. Según Raphael hace 28 años que ambos no colaboran. Ahora, 12 nuevos temas pasarán a engrosar el repertorio de un cantante con tantoshits a sus espaldas que es capaz de llenar conciertos de tres horas sin problema ninguno. Además de estrenar nuevo trabajo (sale a la venta el próximo día 24), el cantante afronta la gira Lo mejor de mi vida, con la que visitará Argentina el próximo mes de junio, y para presentar este Reencuentro dará dos conciertos los días 21 y 22 de mayo en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Raphael siempre ha presumido de ser un tipo honesto. En 2003 sufrió un gravísimo problema de salud que a punto estuvo de costarle la vida. Necesitó de un trasplante de hígado que se le practicó en primero de abril de aquel año en le hospital 12 de octubre de Madrid. Tras su recuperación, el cantante confesó haber tenido “sin darse cuenta” problemas con el alcohol. En un hotel del centro de Madrid atiende a la prensa para promocionar su nuevo trabajo y no tiene problemas para hablar de cualquier tema.

Pregunta. ¿Cómo se encuentra de salud?

Respuesta. Estupendamente. Cada vez que voy al médico y me hace mis exámenes, son buenas noticias y estoy fenomenal.

P. Usted habló mucho y honestamente de su problema con el alcohol. ¿No cree que en España existe una cultura que fomenta mucho su consumo?

R. Lo que a mí me ocurrió fue por gilipollas. Fue el problema de alguien que se mete en eso sin darse cuenta y sin disfrutarlo, desde luego. [Raphael confesó que para tranquilizarse tras los conciertos en la soledad de las habitaciones de los hoteles, para poder dormir, en sus giras, consumía gran parte del alcohol disponible en los minibares] Lo mío me gustaría que fuera una llamada de atención para gente que se pueda meter en esos problemas sin comerlo ni beberlo. En las escuelas se empeñan mucho en enseñarnos gramática, historia y matemáticas; cosas que están muy bien, pero a vivir no nos enseñan. Y lo primero que tendrían que enseñar en las escuelas es a vivir”.

P. Así que, ¿usted está de acuerdo con la Educación para la Ciudadanía?

R. Pues sí.

P. Pues la han eliminado

R. ¿Por qué?

P. Supongo que el Gobierno considera que no es importante.

R. Ah. Entonces, ¿qué es importante?

P. Parece ser que simplemente tener los conocimientos necesarios para encontrar un buen trabajo.

R. Vaya por Dios. Pues no estoy de acuerdo.

P. Continuando por lo educativo. En un tema de su nuevo disco usted canta: “En el sexo si es sentido, todo cabe, todo vale”.

R. El tema se llama Sexo sentido y sí, si es sentido creo que esa frase es válida. Aquí no hay nada feo ni lujurioso. Si es sentido, claro que todo vale, como la cosa más normal del mundo.

P. Pues el Obispo de Alcalá de Henares no opina lo mismo. Dice que los gais se prostituyen en su mayoría y les recomienda “terapia adecuada” y “castidad”.

R. Eso fue una salida de tono. Nosotros en Sexo sentido estamos hablando de sexo en cualquier formato. No tengo nada en contra a las relaciones del mismo sexo. Muy al contrario. Soy una persona que comprende y respeta todo. Por eso, siempre he pedido respeto hacia mi mismo y mi trabajo. Yo no soy ese Obispo. Esta canción está en su justa medida. Y me gusta. La voy a disfrutar mucho en el escenario y el público también.

P. Es una especie de I want your sex, de George Michael, pero con un puntito como de rap.

R. (Ríe a carcajadas). Manolo (Alejandro) es muy avanzado en todo siempre.

P. Podría parecer que esta vuelta con Manuel Alejandro es una necesidad de volver al Raphael clásico, este disco tiene unos arreglos muy de aquella época, con muchas cuerdas y mucha pasión.

R. Yo siempre he sido Raphael clásico aunque cante con Dani Martín o con Alaska. Pero si he de ser sincero, no me meto en los arreglos. Cuando Manolo (Alejandro) escribe yo le doy carta blanca. Él hace lo que tiene que hacer y me hace cantar como él cree. Es el productor del disco y yo debo de hacer lo que él me sugiere. Confío muchísimo en él.

P. En esa misma canción dice que hay que utilizar “la erótica palabra justo cuando se precisa”. ¿Es usted de los que les gusta hablar durante…?

R. No puedo recordar esas cosas. No sé si hablo. Aquí hay otra persona implicada y eso me impide poder recordar estas cosas. Amnesia total.

P. Es como si Manuel Alejandro se metiera en su mente y pudiera escribir letras que salieran del puño y letra de Raphael. Como si supiera lo que usted quiere decir. Lo que piensa.

R. Él sabe lo que yo querría decir. Él sabe perfectamente en cada momento de mi vida de qué hablar en mis canciones. No solamente de mi vida, también de las cosas que están pasando. Hay una canción que se llama El mundo será de ellas que es muy certera. Conmigo siempre ha acertado, desde el principio y nunca jamás he tenido que discutirle una canción.

P. Otra frase de su último disco: “Se acercaron a mi cuna por si había basura que airear”. ¿A quién se refiere?.

R. La gente del cotilleo siempre se acerca a ver qué puede sacar de uno y conmigo se han llevado unos chascos tremendos. Yo estoy muy protegido por mis Cuatro Estrellas, [el título de esta canción] que son mis tres hijos y mi mujer”.

P. ¿Cree usted que el asunto estriba en que el público últimamente sólo demanda casquería?

R. No hay que echar la culpa al público de todo. Ocurre que si al público le están dando casqueríacontinuadamente, la consumirá porque es lo único que hay. No a todo el mundo le gusta el fútbol, por ejemplo; pero vamos a terminar todos futboleros por narices. Lo que no se pueden es dar 18 partidos todos los días y basar el resto de la programación en casquería. No hay otra opción. Hay mucha gente que no tiene dinero para salir por ahí todos los días y se tiene que quedar en casa viendo la televisión. Pero tengo la esperanza de que el público sabe sacudirse esas cosas de encima en cuanto puede, en cuanto le dan una oportunidad. O dejan de ver la televisión.

P. ¿Y a dónde se van?

R. Pues la realidad es que nos vamos a Internet.

P. ¿Es usted muy internauta?

R. Me gusta mucho, pero tampoco puedo estar todo el día. Los ordenadores han logrado que descanse mucho. No hablo. Escribo. Sobre todo en gira. En lugar de hablar con los músicos, les escribo. Así que la primera nota que doy en el día es cuando voy a cantar sobre el escenario y así logro estar muy en forma. Hablo también muy poco por el móvil, estoy todo el día mandando mensajes.

P. ¿Así que tiene pánico a que su instrumento fundamental, su voz, no funcione?

R. No es pánico, no. Pero llevo alrededor a muchas familias que dependen de mi voz. Más que pánico, es sentido de la responsabilidad.

P. Así que se cuida la voz radicalmente. ¿Es Raphael una persona obsesiva?

R. No, para nada. Raphael es una persona metódica. Y de buenas costumbres. Yo ya me he hecho unas buenas maneras, ya que no me las enseñaron en el colegio y tuve que pasar por lo que pasé por tonto. Esa lección la he aprendido. Yo hago lo que tengo que hacer ordenadamente.

P. ¿Usted construye un personaje sobre el escenario?

R. No. Yo soy así. Personaje, no tengo. Yo no entro en personaje para nada. En el escenario me encuentro tan bien y tan cómodo que no hay necesidad. Quizás al principio de mi carrera, cuando luchaba por hacerme un nombre y buscarme un sitio, tal vez hubiera algo de eso, pero últimamente, nada de nada. Yo al escenario salgo pisando huevos. Sin nervios. Con sentido de la responsabilidad, pero tranquilo, a disfrutar con la gente y eso se nota muchísimo.

P. Usted que ha vivido muchos de los momentos históricos de España, con todo esto que está pasando de la crisis… ¿Cree que tiene solución?

R. Sí. Sí la tiene. Soy muy positivo en ese sentido. En cuanto haya cinco millones de no parados, ahí se acabó todo el problema. Hasta lo del Obispo.

P. Pero conseguirlos cuesta mucho.

R. Hay que trabajarlos. Hay que salir todos los días a por un puesto de trabajo. El que quiera trabajar tiene que tener su puesto de trabajo. Aunque también es verdad que a veces nos volvemos muy exquisitos a la hora de elegir un trabajo. Y cuando la necesidad está ahí, hay que trabajar en lo que sea. Una vez que la gente tenga trabajo, las demás cosas son menos importantes.