MUSIC PAINTING – Glocal Sound – Matteo Negrin


Bonita y curiosa forma de representar la música en el papel… 😉

 

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El misterio Jack White


El fundador de The White Stripes, el músico más influyente y prestigioso salido del rock ‘underground’ en los últimos 15 años, publica su primer disco en solitario. Todo un ‘bluesman’ que sigue alimentando su enigmática aureola.

Jack White es un personaje. Tras él se encuentra John Anthony Gillis, el pequeño de los 10 hijos de un matrimonio católico de Detroit. Pero los detalles de su vida anterior a 1997, cuando apareció en público por primera vez, son difusos. Su vida es un puzle en el que siempre hay una pieza que no encaja. “La gente se preocupa mucho por lo que es auténtico y lo que no”, dice, sonriente, en una suite de un lujoso hotel de París una calurosa tarde de marzo. “Todo lo que soy está ahí, en mis discos, en mis conciertos. A la vista”.

Se define como un músico de blues. Y como los primeros bluesmen,Leadbelly o Charlie Patton, parte de su vida está envuelta en la bruma. Tampoco es nuevo en el rock. Bob Dylan o David Bowie han estado durante décadas sometidos a escrutinio y todavía hay zonas oscuras en su biografía. “Yo no miento, pero no se puede tomar de forma literal todo lo que alguien dice. Sería absurdo, ¿no cree? He estado en distintas bandas y en ellas escribo canciones e interpreto un papel. Siempre ha sido así. Desde el principio. Lo que he descubierto en este tiempo es que cuando creas tu propio mundo la gente viene a ti. No necesitas ir fuera a buscarles y convencerles. Llegan ellos solos”.

Es cierto que la expansión de su éxito tiene algo de viral y de nadar contracorriente. Su discográfica, Third Man Records, por ejemplo. “La abrimos hace tres años para editar vinilos. Éramos tres. Ahora trabajan casi 30 personas”. En este periodo han publicado 140 referencias, algunas alcanzan precios astronómicos. Por sencillos con apenas dos años de antigüedad se piden hasta 400 euros en eBay. “Es inevitable. No hay forma de controlar que se especule con el vinilo. Por eso vendemos descargas digitales”.

Otro caso curioso: en el Mundial de fútbol de 2006, los hinchas italianos tarareaban una melodía para animar a su combinado nacional. Era Seven nation army, el primer sencillo extraído de Elephant, un disco de 2003 de su más famoso grupo, The White Stripes. Su percepción fue curiosa. Declaró sentirse muy honrado, “porque eso es el auténtico folk”. “Me refería”, recuerda hoy, “a que lo que siempre he querido es que mis canciones entren en el imaginario popular, como lo hicieron las que me han influido. Nunca he sido uno de esos que bucean en las rarezas olvidadas. Me interesan las canciones que están en la cabeza de todos sin que se sepa quién es el autor”.

White, de 36 años, es un auténtico Rey Midas que convierte en oro todo lo que toca. Sea un grupo de amiguetes como The Raconteurs, casi una distracción que hacía pop rock amable y terminó vendiendo cientos de miles de copias. O The Dead Weather, un cuarteto de hard rock en el que él, en principio, solo era el batería y dejaba el micrófono en manos de la vocalista Alison Mosshart, un animal escénico que desborda sexualidad. En 2004 produce Van lear rose, para Loretta Lynn, una olvidada cantante de 75 años, y el disco termina ganando el Grammy a mejor álbum country. Incluso, el disco que editó y produjo a su entonces esposa, la supermodelo Karen Elson, logró bastante repercusión.

Pero su gran obra es The White Stripes, el dúo de crudo blues que formó en 1997. Él cantaba y tocaba la guitarra; Meg, la otra mitad, tocaba la batería con un estilo casi infantil. No había bajo. No había arreglos. Vestían siempre de rojo y blanco. Nadie hubiera pensado cuando debutaron en 1999 con un álbum que ni siquiera entró en los 200 más vendidos de Estados Unidos que saldrían del circuitounderground. Era la época de Baby, one more time, de Britney Spears. Pero su sexto y último disco de estudio, editado en 2007, fue directamente al número 2 de Billboard, solo superado por Bon Jovi. En ocho años ganaron cinco grammys y vendieron al menos 10 millones de copias en todo el mundo.

Posiblemente, parte de la culpa la tuvo el 11-S. Antes de aquel día de 2001, el rock estaba de capa caída, y un estilo de ominoso recuerdo llamado nu metal dominaba las radios. La escena alternativa que triunfaba, representada por Radiohead y unos emergentes Coldplay, era tristona y británica. Tras el shock inicial, los ojos del mundo estaban puestos en Nueva York. El primer himno oficioso del renacer patriótico fue New York, New York, de Ryan Adams, cuyo vídeo había sido grabado cuatro días antes del ataque. Is this it?, el debut de los neoyorquinos The Strokes, publicado en agosto, rock hedonista y sexi, se convierte de repente en el sonido a seguir. Hacían falta más nombres y aquel curioso dúo estaba allí, con su tercer disco recién editado, deseoso de ser descubierto. “Es una teoría interesante, pero no sé si totalmente correcta. Es cierto que tanto Strokes como nosotros teníamos antes más éxito en Reino Unido que en Estados Unidos. Y que de repente recibimos más atención. Recuerdo que se nos metió en el mismo paquete y se intentó reproducir el duelo de Beatles con Stones, o Blur con Oasis. Me puse en contacto con su mánager y le dije: ‘Tenemos que hacer una gira juntos y tenemos que hacerla ahora’. Tocamos unas cuantas fechas los dos grupos y funcionó”.

The White Stripes se disolvió oficialmente con un comunicado en enero de 2011, pero llevaban separados de hecho desde agosto de 2007, cuando suspendieron su gira mundial a causa de los ataques de ansiedad de Meg. En las últimas entrevistas, ella aparece pálida y ojerosa, como si estuviera a punto de derrumbarse. Prácticamente ha desaparecido. Se casó en 2009 (en el patio trasero de la casa de Jack de Nashville), y desde entonces, nada. White asegura que no responde a sus llamadas, pero dice que tampoco está preocupado, que siempre ha sido así. “Antes vivíamos a una manzana de distancia. Iba a verla y ya está. Ahora estamos en ciudades distintas”.

Su relación es la gran mentira original que hace que todo lo que dice Jack White sea puesto en entredicho. Durante años aseguraron que eran hermanos. Pero la realidad es que Megan Martha White había conocido a John Anthony Gillis a mediados de los noventa, cuando ella era camarera en un bar de Detroit. Se casaron en 1996, un año antes de empezar con el grupo. Gillis adoptó su apellido. Entonces nace Jack White. Se divorciaron en el año 2000. Tres años más tarde, cuando la naturaleza real de su relación empezaba a ser algo más que un rumor, pero antes de que su licencia de matrimonio y el certificado de su divorcio aparecieran en Internet, el mismo White le dijo a este periodista en una entrevista cara a cara en Madrid que eso era mentira, que ellos eran hermanos. Mientras, la frágil Meg, sentada a su lado, miraba al suelo comiendo miguitas de un bollo que desmenuzaba meticulosamente. “¡No le mentí!”, exclama antes de soltar una carcajada. “¡Es mi hermana!”, dice escudándose en el sentido metafórico del término antes de embarcarse en una larga explicación. “Mire, cuando un chico y una chica suben a un escenario, la percepción que se tiene de ellos varía dependiendo de su relación. Si son hermano y hermana, no pasa nada, pero si son novios, siempre se va a pensar: ‘Ah, vale, ella está ahí porque es su pareja’. No es algo banal. Cuando Brad Pitt y Angelina Jolie aparecen juntos están vendiendo su relación. Incluso, cuando cuatro tíos suben a un escenario dicen: “Estamos aquí porque somos viejos amigos”. Venden una relación. La filiación entre los miembros de un grupo altera, y puede llegar a destruir, la percepción que la gente tiene de su música. The White Stripes fue creado como un concepto. Queríamos tocar blues, pero no queríamos parecer un jodido grupo de blues. Por eso vestíamos uniformados de blanco y rojo. Por eso no teníamos un bajista. Nadie al vernos debía asociarnos con elblues”.

Todo eso es el pasado. Mañana se pondrá a la venta el undécimo álbum de su carrera. Blunderbuss, el primero que firma únicamente como Jack White. Quizá para remarcar que es un nuevo comienzo se ha embarcado en una intensa gira promocional por Europa y Estados Unidos, incluido Nashville, donde reside desde que en 2005 dejó Detroit, con su entonces mujer la supermodelo británica Karen Elson, con la que tuvo dos hijos, Scarlett Theresa y Henry Lee. Eran la familia ideal. En 2006 su fortuna conjunta se estimaba en 24 millones de euros. En 2011 se divorciaron con una fiesta a la que invitaron a todos sus amigos. Todo el álbum parece estar impregnado de esa ruptura. En una de sus canciones, Missing pieces, una persona se levanta por la mañana y descubre que mientras dormía le han robado partes de su cuerpo. “Es una metáfora sobre las relaciones. Cuando dos personas se aman se modifica su vida de entes independientes. Es un choque físico, casi violento, de dos atmósferas. Nada vuelve a ser igual. Es un nuevo entorno, y acciones antes inocentes tienen otras consecuencias. Desastrosas, casi siempre. Aun así, nos enamoramos una vez más”.

No se sale el disco de su carril. Es rock orgánico, físico, guitarrero. Contiene algunas de las mejores canciones que ha compuesto y es la base de su próxima gira (en principio no hay fechas anunciadas para España), en la que por primera vez tocará temas de toda su trayectoria, de todas sus bandas. Lo presentó en Austin con un extraño formato: una veintena de canciones en un concierto divido en dos partes. Una primera en la que le acompañaba un sexteto exclusivamente femenino, y una segunda con un quinteto totalmente masculino. “La gira va a ser con ambas. Hemos ensayado 40 o 50 canciones. La idea es que nadie sepa cuál de las dos bandas va a tocar cada noche. Me levantaré y en el desayuno decidiré si es una u otra, dependiendo de mi estado de ánimo. Es un reto”.

La verdad es que, si uno se fija bien, en el 90% de sus proyectos hay alguna fémina implicada. Algo raro en un mundo tan masculino como el del rock. “Francamente, no pienso en esos términos. Pero siendo sinceros, si metes a 10 tíos en esta habitación verás como empiezan a comportarse como adolescentes. Que entre una chica guapa, que se siente aquí en este mismo sillón, y su actitud cambiará por completo. Sacarán sus mejores modales. Esa es una de las ventajas de trabajar con mujeres, sacan lo mejor de todo el mundo”.

Turner, Ballard y Grenadier, un trío para volar


“Primero golpea en la cabeza y luego se filtra en el corazón”. Con estas palabras se refirió el pianista Brad Mehldau a la música del trío Fly. Hablaba Mheldau con la autoridad que le confiere haber tocado —y hasta crecido musicalmente— con sus tres componentes: El saxofonista Mark Turner, el contrabajista Larry Grenadier y el batería Jeff Ballard. Y es que cada uno por separado tiene un largo recorrido en su historial que le sitúa entre los mejores de su generación. Pero juntos confluyen en un torrente de ideas que se cruzan entre sí y multiplican sus efectos hasta crear atmósferas camerísticas en las que la clave es el entendimiento. Sin duda, estamos ante uno de los mejores tríos del jazz contemporáneo, que llega con su tercer álbum, The year of the snake, fresquito bajo el brazo y dispuesto a volar desde el Jimmy Glass Club, donde aterrizará el próximo martes para para redondear el Ciclo 1906.

La estrella discreta


De camarera a artista internacional.Diez años después de ‘Come away with me’, el disco más vendido de la década, Norah Jones se desvía ligeramente de su seguro camino con ‘Little broken hearts’, un álbum marcado por una ruptura amorosa.

A través de los ventanales de la habitación del hotel de París en el que Norah Jones recibe a los medios se puede ver la verja del jardín de las Tullerías. A unos doscientos metros se encuentra la estatua dorada de Juana de Arco, que desafió a los invasores ingleses en el siglo XV. Y, como la doncella de Orleans, la joven estadounidense está dispuesta a enfrentarse al mundo, en su caso a la prensa europea, sin bajar la guardia. “Está de muy buen humor”, asegura la responsable de su discográfica justo antes de subir a la habitación del cuarto piso para los veinticinco minutos de entrevista concedidos a Babelia. La propia Norah Jones, que viste discretamente de oscuro, abre la puerta con una gran sonrisa. Se muestra tan amable como recelosa. Espera de pie a que su interlocutor del momento tome asiento y le ofrece algo de beber que ella misma le acerca en un vaso. Y se sienta, expectante.

Con poco más de veinte años, Norah Jones (Nueva York, 1979) grabó un primer disco del que se han vendido más de veinte millones de ejemplares. Y que le valió llevarse ocho grammys en 2003. Aquel Come away with me, con la canción de Jesse Harris Don’t know why, convirtió de un día para otro a una chica que había crecido en Tejas y se estaba ganando la vida en Nueva York como camarera en una estrella internacional. Con una cuenta corriente para no tener que preocuparse por el futuro. Hace ya diez años de aquello. Pero, en la selección musical del avión que lleva al periodista de Madrid a París, está… Come away with me. “Lo recuerdo como si fuese ayer. Era abrumador, una locura, y no creo que fuese lo mejor para mí, pero bueno”, dice. Probablemente haya un punto de timidez en ella, mucho pudor a exponerse ante extraños. Y desconfianza ante lo que vaya a salir luego en diarios, revistas o blogs de medio mundo. “Traducen tan mal lo que he dicho”, cuenta con cara de resignación, “incluso en inglés a veces se malinterpretan mis palabras”.

Su nuevo disco, Little broken hearts (pequeños corazones rotos), está marcado por una ruptura amorosa. Las canciones son contadas desde el punto de vista de una persona herida. Incluso la juguetona Happy pills habla de poder quitarse a un hombre de encima. A la pregunta de quién demonios es el malvado que rompe esos pobres corazones a los que se refiere el título del disco, dice con una sonrisa: “Ya estoy bien, son cosas de la vida”. Y frena en seco. Silencio. Uno de los periodistas abordó el asunto de su separación a las bravas para saber si tenía una nueva relación sentimental y la respuesta de la cantante fue rápida: “No es asunto tuyo”.

Little broken hearts es el quinto disco de Norah Jones —sin contar los dos publicados con Little Willies ni el recopilatorio de sus colaboraciones— tras Feels like home (2004), Not too late (2007) y The fall (2009). Varias de las 12 canciones inéditas exploran texturas y ritmos que no son los habituales de la cantante y pianista. “Siempre intento cosas distintas. Lo que no me apetece para nada es hacer siempre el mismo disco. Y fue divertido trabajar con alguien como él, escribir canciones con él”, asegura. Él es Brian Burton, también conocido como Danger Mouse, con trabajos anteriores para Gorillaz o Beck. “Tiene un sonido muy distinto. La forma en que graba los instrumentos es diferente de lo que yo estoy acostumbrada. No tengo paciencia para encontrar sonidos extraños en los teclados, él sí, y eso me encanta. Amo la música, pero no soy buena buscando sonidos, yo soy buena tocando”, dice riendo.

Por primera vez Jones llegó a un estudio de grabación con las manos vacías. Apenas unas cuantas ideas en un cuaderno de notas cuando entró en el pequeño estudio de Burton en Los Ángeles: “Pese a ser una experiencia nueva para mí no estaba asustada. Confiaba en él, en su modo de trabajar y sabía que nos dábamos bien. ¡Y ahora ya sé que soy capaz de hacerlo!”. No hubo la presión de una fecha de entrega: según ella, ni sus representantes ni la discográfica sabían que estaba grabando.

Se ha escrito que Norah Jones con Danger Mouse es igual que la unión del chocolate con el helado. No le hace gracia el símil. Aunque acaba aceptando el juego de saber cuál de los dos sería ella. “Estoy segura de que soy el helado”, dice riendo. “Bueno, pensándolo bien es simpático, me lo tomo como un cumplido”.

En 2008 se habían encontrado los dos en Rome, un disco de Burton que se inspira en la música del cine italiano. “Brian me llamó para preguntarme si quería participar en su disco y le dije: ‘Claro, me parece fantástico, soy una gran admiradora tuya’. Vino a mi casa y estuvo tocando las canciones. Unos meses más tarde nos volvimos a reunir para la grabación. Trabajamos muy a gusto y, al terminar, le pregunté si estaría interesado en producir mi siguiente disco. Me dijo que sí, pero que era mejor ver qué es lo que iba surgiendo, componer juntos… Me pareció bien, así que me puse a buscar al productor de The fall”. De todos modos quedaron durante una semana “para intentar algo, para ver si la cosa podía funcionar”. “Fue verdaderamente bueno, así que decidimos hacerlo. Pero nos ha tomado tres años programar un calendario que nos conviniera a ambos”, explica. Danger Mouse le sugirió grabar un disco sombrío: “Me preguntó entonces si yo quería algo así y pensé ‘hum, no necesariamente’, pero mis circunstancias, cuando por fin estuvimos juntos, sí que le daban sentido a eso. Tuve un montón de inspiración”.

“Brian y yo nos hicimos grandes amigos. Nos metimos cada uno en la cabeza del otro. Fue interesante poder tener esa perspectiva porque él es un hombre. No es que mujeres y hombres seamos tan diferentes, pero lo somos. Así que escribíamos estas canciones sobre las relaciones desde nuestras distintas perspectivas. Todavía no comprendo muy bien cómo funcionan las relaciones amorosas, lo intento. Creo que a medida que te vas haciendo mayor lo comprendes mejor”.

“No sé por qué escribí Miriam. La canción salió así. Me gusta que sea muy dramática. Quizá resulta algo chocante, pero ¿por qué no? No creo que sea una letra tan disparatada. No voy a matar a nadie, creo que eso ya se sabe ¿no?”, dice riendo. Confiesa tener demoitis —en español podría ser maquetitis—: “Me lo diagnosticó Mardin, el productor de mi primer disco. Teníamos todas aquellas maquetas y yo le decía: ‘Sí, están bien, pero la primera…’. Me gusta la primera versión de las cosas. Y, después, me resulta difícil cambiar”.

Si algo sorprende a primera vista del nuevo disco de Norah Jones es su portada. Quién iba a imaginar que le diera por inspirarse en el cartel deMudhoney, una película de 1965 de Russ Meyer, el famoso y ya fallecido director de serie B, adorador de mujeres con bustos generosos. “Estaba colgado en el estudio de grabación. Sus carteles son divertidos, aunque yo no hubiera utilizado el deFaster, Pussycat! kill! kill! Para ser sincera no me atrae el rollo de Meyer, pero este cartel en concreto me resulta fascinante. Me seduce la imagen, el blanco y el negro con el rosa. La chica es misteriosa, sexy… La miras y no sabes qué va a ocurrir. Eso me gusta”.

Norah Jones actuó en la película de Wong Kar-Wai My blueberry nights. Una pequeña provocación: ¿es verdad que aceptó el papel por el beso de Jude Law? “¡No lo sabía!”, exclama. “¡El director no me había dicho nada! Ni siquiera que iba a tener que besar a alguien. No sé qué idea le rondaba por la cabeza cuando me ofreció el papel porque todavía no había escrito el guión y no me contó absolutamente nada”. Ahora habla casi susurrando: “Aún no sé por qué me quiso en su película. Me lo dijo una vez, pero no le entendí”. ¿Piensa en el cine? “No, fue estupendo, pero no es lo mío. Hay que levantarse muy temprano, trabajar 14 horas al día… No, gracias. Bueno, si hay un actor muy guapo igual me lo pensaría”, bromea. “Yo nunca digo jamás, pero tendría que ser algo que tuviera muchas ganas de hacer”.

Avisaban antaño de que no se le preguntara por su padre [Norah Jones es hija del gran músico Ravi Shankar, aunque ella creció con su madre]. “Lo que pasa es que hace diez años la gente intentaba montar una historia con algo que nada tenía que ver con la música. Y yo no quería que lo hicieran porque no era justo para mí ni para quien me educó. Trabajé muy duro y no le vi durante años, así que no me parecía razonable aquel enfoque. Ahora estamos muy unidos, pero no hagas la entrevista sobre eso”, dice riéndose con ganas.

En cuanto la conversación deriva hacia un aspecto más personal, aunque sea con la mayor delicadeza, su mirada se vuelve más escrutadora. Sus respuestas son breves, una frase o dos, en la mayoría de los casos, y enseguida calla. Como si temiera que se le escape algo; como si esperara la pregunta trampa, aquella cuya contestación va a ofrecer más información de la que ella está dispuesta a dar. Frunce el ceño al preguntarle si su tatuaje al final de la espalda es el mismo que lleva su hermana Anoushka [la sitarista Anoushka Shankar]. Pero responde: “Nos hicimos el tatuaje juntas cuando ella tenía 18 años y yo 20. Hubiera preferido que eso quedase entre nosotras, pero puso una fotografía en su página web… Lo hicimos porque aun siendo hermanas no crecimos juntas. Nos conocimos ya de mayores y ésa fue nuestra manera de marcar el vínculo”.

Dice que siempre ha querido que su voz sonara mayor. “Tampoco estropeada o demasiado mayor, pero que no suene cristalina. Mis voces preferidas son las de cantantes que han vivido como Billie Holiday o Ray Charles”. Norah Jones ha grabado con Willie Nelson, Foo Fighters, Outkast, Q-Tip, Belle and Sebastian, Herbie Hancock o Charlie Haden: “Es muy emocionante estar con héroes de tu infancia, gente con la que has crecido. Poder cantar con alguien como Ray Charles, que ya se fue. Recuerdo que la primera vez que estuve con él me puse a llorar”.

A los diez años de Come away with me, Norah Jones, que confiesa disfrutar como una niña cuando visita una gran tienda de juguetes que hay en Tokio, y a la que le encanta estar en casa, cocinar y nadar, ha grabado el que posiblemente sea su mejor disco desde aquel espectacular debut.

María Luisa Cantos presenta su disco para Columna Música


La pianista está considerada como la ‘embajadora de la música española’ en Suiza.

En un concierto que la pianista ofreció en el Palau de la Música Catalana, el gran compositor catalán Federico Mompou calificó la interpretación de esta pianista, ajena a todo divismo, como “exquisita y asombrosa”, destacando “el modo en que la intérprete entiende la música que toca y la proyecta al público con gran derroche de emotividad”.

María Luisa Cantos nació en Barcelona e inició sus estudios de piano a la edad de tres años, actuando por primera vez en público a los cinco años. Obtuvo el título de profesora de piano tan solo con 16 años ganando por oposición el Premio Extraordinario. Paralelamente cursó estudios de órgano. Frecuentó en master-classes a grandes maestros, y fue alumna de Geza Anda, entre otros. Diversos premios y distinciones le permitieron ampliar su formación musical en Paris y Viena. Diversas giras la llevaron a diferentes países de America, desde Louisville (Kentucky) en los Estados Unidos, hasta Santiago de Chile y  Caracas. En  Nueva York dio un recital en el Carnegie Hall, tras el que la crítica destacó su “técnica depurada y brillante“, su “fuerza y poder  interpretativo“ y su “excepcional expresión musical“. El amplio repertorio que posee atrae por la gran diversidad de estilos, especialmente por su interpretación de compositores como Brahms, Schumann o los impresionistas, lo que pone de manifiesto su calidad y versatilidad musical en la combinación y elección de sus programas.

Paralelamente a su carrera pianística se dedica también a la investigación de la historia musical española. A ella se debe la Fundación de los Cursos Internacionales de Interpretación de Música Española que tie­nen lugar anualmente en Baden, Suiza, su país de residencia, desde 1979, y que se han convertido en un sólido referente en la vida musical constituyendo un foro cultural único en su género. En 1990 creó la Fundación Música Española Suiza que tiene como principal objetivo la promoción y divulgación de la música española en Suiza y su repercu­sión en centro Europa, siendo ella su Presidenta y Directora artística. Ha sido condecorada con el Lazo de Dama de la Orden de Isabel la Católica, por sus méritos culturales en el extranjero.

Recientemente y con motivo de la celebración de los 25 años de actividades de la Fundación Música Española en Suiza, ha actuado como solista con los Hungarian Virtuosi, realizando una importante gira artística por Suiza, Eslovenia y Hungría, que finalizó en la prestigiosa Academia Franz Liszt de Budapest.

El nuevo disco de María Luisa Cantos, para el sello Columna Música,  contiene un selecto recital con obras de Brahms, Schumann, Scriabin y Granados. La presentación del mismo tendrá lugar mañana viernes, 20 de abril, a las 20.00 h. en la Sala Enric Morera del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona. En el acto participarán, además de ella misma, Josep Daniel Gubern, vicepresidente del Aula de Extensión Universitaria de Sant Cugat del Vallés, y Josep Pascual, director artístico de Columna Música.

Flying Lotus a Barcelona, Spoon a Madrid


Con Spoon queda casi cerrado el cartel del certamen madrileño.

El de Barcelona anuncia a 30 artistas, entre ellos Flying Lotus, Trust o Nina Kraviz.

Siguiendo la moda de las confirmaciones con cuentagotagotas hoy han sido el Sónar barcelonés y el Día de La Música de Madrid, los que han dado a conocer sus nuevas adquisiciones.

La séptima edición del certamen madrileño, que se celebrará el 22 y 23 de junio y aspira a ser la gran cita anual de la música alternativa en la capital,  ha anunciado como cabeza de cartel a Spoon. Con siete discos de estudio es uno de los grupos estadounidenses que se mantienen en la liga comercial sin perder su credibilidad alternativa. Fundados en Austin en 1993 y miembros de la escudería Merge (el sello de Arcade Fire o magnetic Fields) sus tres últimos discos han entrado en el top ten de Biillboard (y en el número uno de las listas independendientes yanquis).

También acudirán al Día de la Música Bear in Heaven, un trío nacido en Nueva York en 2003 que viene con su trabajo, I Love You, It’s Cool. Producido por David Wrench (Bat For Lashes, Everything Everything)  el álbum es la quintaesencia de eso que ahora se identifica con el sonido de Brooklyn: pop electrónico bailable con una leve aura psicodélica. En el otro extremo, alejado de cualquier modernidad, está JD McPherson. El de Oklahoma, en formato de trío, plantea un regreso a la esencia del rock’n’roll clásico y al rockabilly de los cincuenta.

Por último el productor de Nottingham Darren Williams, alias Star Slinger, nombre muy valorado en los ambientes del hip-hop electrónico, que también es uno de los 30 nuevos artistas que el Sónar de Barcelona ha anunciado hoy. Entre esa avalncha de incorporaciones destacan el angelino Flying Lotus explorador del espacio entre el jazz, la electrónica y el hip-hop; los británicos Simian Mobile Disco presentando nuevo disco, y dos de las revelaciones más sonadas de 2012: el dúo canadiense de synthpop oscuro Trust y la dj y la productora dehouse rusa Nina Kraviz.

También anuncia Sónar, que se celebra el 14, 15 y 16 de junio, el estreno mundial del show de Mostly Robot, un grupo formado por Jamie Lidell, Tim Exile, Jeremy Ellis, DJ Shiftee y Mister Jimmy, quienes ofrecerán una jam tecnológica exclusiva e inédita junto al colectivo audiovisual Pfadfinderei.

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Rock in Rio 2012 baila ‘street dance’


El festival de música promueve un concurso internacional de danza urbana.

Bailes, acrobacias, movimientos simétricos, equilibrios imposibles sobre las extremidades y temblores perfectamente controlados en los cuerpos de 14 bailarines vistiendo pantalones de chándal y camisas de cuadros,llenaron el pasado miércoles un escenario en el centro de Lisboa. Con un decorado que simulaba una nocturna calle del Soho de Nueva york, el grupo Jukebox animó con sus bailes a cientos de portugueses y turistas en una céntrica plaza del barrio Alto de Lisboa. Se trata de street dance, y será lo que se verá en las próximas ediciones de Rock in Rio Lisboa, Madrid, Río de Janeiro y Buenos Aires, además de la anunciada agenda musical del festival. El gigante musical estará en Madrid el fin de semana del 29 y 30 de junio, y los días 5, 6 y 7 de julio.

De esta forma presentó Rock in Rio 2012 el espacio ‘Street Dance’, un escenario donde se enfrentarán los mejores bailarines de todas las variedades de hip-hop. Los participantes deberán grabar un vídeo demostrado sus habilidades, y subirlo a la página web de la organización. El jurado, formado por Tony Aguilar, la escuela de baile KBM Dance, representantes de la organización y el público, elegirá a los finalistas entre todas las propuestas, que se batirán en duelo con los profesionales de Jukebox, el grupo que presentó en Lisboa el concurso. Los finalistas de cada ciudad, más un quinto grupo que se seleccionará a través de una selección online, se enfrentarán en la gran final de Rock in Rio-Buenos Aires 2013.

Esta danza urbana, que nació en los barrios marginales neoyorkinos, es ahora más conocida que nunca en nuestro país gracias a los concursos de televisión de los últimos años. “Fama’ o su versión portuguesa ‘Ídolos’, le dieron al break dance la oportunidad de salir de las calles”, explicó André Speedy, uno de los componentes de Jukebox. “Pero además es una forma sana de ocio para los jóvenes, que siempre andamos por ahí. El hip hop nos hace bailar, nos mantiene en forma, y hace que socialicemos entre nosotros”. Roberta Medina, la vicepresidenta ejecutiva de Rock in Río y precursora del concurso, aseguró que el festival se trata de pasar un gran día a través de la música y de la danza. “Que el público pueda participar en una competición como esta hace las jornadas mucho más entretenidas. Desde que empezó Rock in Rio en el año 85 hemos intentado difundir el espíritu que pretende conectar a las personas, ya sea a través de la música, de la pasión por los artistas, de la danza y de otras sorpresas que iremos presentando más adelante”.

Ecos de glorioso pasado lírico


Más allá de Bori o Cortis, el Palau de la Música muestra 200 voces que llevaron la lírica valenciana por escenarios de todo el mundo.

Muchos valencianos han oído hablar del tenor Cortis y de la soprano Lucrezia Bori, cuando menos porque tienen calles o plazas a su nombre. Muchos menos sabrán, sin embargo, de Elena Sanz (Castellón, 1849- Niza, 1898), una contralto que fue “la primera voz valenciana en cantar en América”, según ponen de manifiesto Giuseppe Matteis y José Doménech en el catálogo de la exposición Cantantes líricos de la Comunitat Valenciana 1850-1950 que ayer se inauguró en el Palau de la Música. En su momento fue mundialmente conocida por ser no sólo la favorita de Alfonso XI en la ópera del mismo título, sino también favorita de Alfonso XII, con quien, siendo éste príncipe, mantuvo una “apasionada relación amorosa de la que nacieron dos hijos”. Jugadas del destino, murió “prácticamente arruinada”, habiendo renunciado a cualquier pretensión sucesoria del trono para sus hijos, que a su muerte reclamaron sus derechos como herederos de la Corona.

Más afortunado fue el bajo Andrés Perelló de Segurola (Valencia, 1875-Barcelona, 1953), que debutó en el Liceo barcelonés y allí interpretó a Albéniz bajo la batuta del propio compositor. Recorrió algunos de los principales escenarios europeos y americanos hasta recalar en Nueva York, donde contabilizó 339 representaciones en el Meropolitan, algunas junto a Caruso y la misma Lucrezia Bori. Es imaginable la vida glamurosa del cantante al saber que la actriz Gloria Swanson le convenció para trasladarse con ella a Hollywood, donde hizo una veintena de películas.

Las glorias ofrendadas por la tierra valenciana al canto lírico internacional van mucho más allá de tres o cuatro nombres, hasta llegar a los 200 registrados de una u otra forma en la exposición. Como Maria Llácer (Valencia, 1988-Rávena, 1962), de cuya muerte se cumple medio siglo y de la que se recuerdan memorables interpretaciones como la de Kundry de Parsifal en la Arena de Verona en 1924. El tenor Giovanni Voyer, uno de los que italianizó su nombre (Juan Boyer) para el canto, llegó a protagonizar Tannhäuser con Renata Tebaldi en Trieste. La francmasona Filomena Llanes cantó Il Trovatore ante el mismísimo Verdi. La familia alicantina Gorgé llegó a contar con 14 miembros dedicados a la lírica, entre ellos la niña prodigio Milagros.

La exposición permite ver cómo varias cantantes se retiraron prematuramente de los escenarios al casarse. Tal es el caso de María Ros, que abandonó los escenarios “para dedicarse a disciplinar la voz de su esposo”, Giacomo Lauro-Volpi. Luisa Pitarch, la más veterana de la muestra, se retiró de la vida artística al casarse con un noble de Palermo. La contralto Concha Dahlander lo dejó al casarse con Amalio Gimeno y Cabañas, ministro de Marina.

Llegará la tetralogía de Wagner al Auditorio Nacional


La megaproducción de Robert Lepage será transmitida desde el Metropolitan Opera de Nueva York.

Como parte del “Festín wagneriano”, el Auditorio Nacional, de la capital mexicana, proyectará desde el Metropolitan Opera de Nueva York “La Valquiria”, “El oro del Rin”, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”, óperas que componen la famosa tetralogía “El anillo del nibelungo”.

El espectáculo, producido por Robert Lepage, estará compuesto por 19 horas de música que podrán ser disfrutadas entre el 26 y 27 de mayo, y el 2 y 3 de junio.

Además, el 21 de mayo se presentará en El Lunario del Auditorio, el documental de Susan Froemke, ganadora de cuatro premios Emmy, “El sueño de Wagner”, que a lo largo de dos horas expone el proceso creativo de Lepage para realizar este montaje, sobre la obra de Wagner.

Luego de las temporadas “El oro del Rin-La Valquiria”, entre 2010 y 2011, así como “Sigfrido-El ocaso de los dioses”, en 2011 y 2012, la Metropolitan Ópera traerá a México este trabajo en el que invirtió 16 millones de dólares, a través de una pantalla gigante para que el público mexicano pueda apreciarla.

Participarán diversos intérpretes operísticos entre los que destacan la soprano Deborah Voigt, en el papel de Brunilda, el barítono Bryan Terfel como Wotan, Jay Hunter Morris será Sigfrido y Eric Owen tomará el papel de Alberich.

Ejecutarán la obra, enmarcados por una escenografía de 45 toneladas denominada “La Máquina”, que recrea bosques, ríos y murallas para el desarrollo de una historia inspirada en leyendas nórdicas de dioses, gigantes y seres humanos.

“El oro del Rin” y “La Valquiria”, estarán bajo la dirección orquestal de James Levine, mientras tanto Fabio Luisi conducirá “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”, en un escenario con múltiples recursos materiales y artísticos, que se han empleado desde el estreno que llevo a cabo el propio Wagner en 1876.

La lucha por obtener un anillo mágico que otorga poder absoluto a quien lo posea, es el hilo conductor de “El oro del Rin”, ópera en la que existe una lucha a muerte entre un dios, un líder nibelungo y un grupo de gigantes, quienes establecen la incompatibilidad entre el poder y los buenos sentimientos.

“Sigfrido” es un héroe que se enfrenta con un dragón que vigila el anillo.

Por otra parte, “El ocaso de los dioses”, trata sobre el amor y la envidia que confunden a Sigfrido a causa de una poción mágica, mientras que “La Valquiria”, narra la historia de unos gemelos que fueron separados violentamente, pero vueltos a unir por el destino.

En un comunicado, el Auditorio Nacional informó que a través de esta programación pretende promover las bellas artes entre el gran público y su vocación como espacio plural e incluyente.

Disponible nuevo PODCAST de “Jazz porque sí”: Thelonious Monk


Ya está disponible el PODCAST del día 28 de marzo y su descarga:

Programa monográfico dedicado al genial pianista y compositor americano Thelonious Monk con grabaciones del año 1954.

28 de marzo: Thelonious Monk DESCARGA PODCAST