Fallece Henri Dutilleux


El compositor francés Henri Dutilleux (1916-2013) falleció antes de ayer 22 de mayo en París, según anunció su familia.

Nacido en una familia con intereses artísticos, inició sus estudios en su pueblo natal, Douai, y en 1933 ingresó en el Conservatorio de París donde fue alumno de Jean y Noël Gallon (armonía y contrapunto), Henri-Paul Busser (composición), Philippe Gaubert (dirección de orquesta) y Maurice Emmanuel (historia de la música). Obtuvo un primer premio en el curso de armonía y también en el de contrapunto y fuga. En 1936 consiguió un segundo premio del Premio de Roma con su cantata Gisèle, y consiguió el Gran Premio de Roma de composición en 1938 con la cantata L’annau du Roi (El anillo del Rey), en su tercera tentativa. Sin embargo no pudo disfrutar apenas de la beca debido al estallido de la 2ª Guerra Mundial. Pasó la guerra en París y estrenó sus primeras obras. En los años siguientes a la guerra se fue asentando su fama aunque nunca fue un compositor muy prolífico y su catálogo abarca poco más de treinta piezas, la última de ellas estrenada en 2009. En 2005 recibió el Premio von Siemens, uno de los principales galardones para un compositor.

Su estilo musical fue sumamente personal, ya que Dutilleux renunció tanto a la vanguardia de la posguerra como a seguir la tradición francesa de Debussy y Ravel, creando una música sumamente personal. Quizá por ello, la fama le llegó tardíamente.

 

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La estrella discreta


De camarera a artista internacional.Diez años después de ‘Come away with me’, el disco más vendido de la década, Norah Jones se desvía ligeramente de su seguro camino con ‘Little broken hearts’, un álbum marcado por una ruptura amorosa.

A través de los ventanales de la habitación del hotel de París en el que Norah Jones recibe a los medios se puede ver la verja del jardín de las Tullerías. A unos doscientos metros se encuentra la estatua dorada de Juana de Arco, que desafió a los invasores ingleses en el siglo XV. Y, como la doncella de Orleans, la joven estadounidense está dispuesta a enfrentarse al mundo, en su caso a la prensa europea, sin bajar la guardia. “Está de muy buen humor”, asegura la responsable de su discográfica justo antes de subir a la habitación del cuarto piso para los veinticinco minutos de entrevista concedidos a Babelia. La propia Norah Jones, que viste discretamente de oscuro, abre la puerta con una gran sonrisa. Se muestra tan amable como recelosa. Espera de pie a que su interlocutor del momento tome asiento y le ofrece algo de beber que ella misma le acerca en un vaso. Y se sienta, expectante.

Con poco más de veinte años, Norah Jones (Nueva York, 1979) grabó un primer disco del que se han vendido más de veinte millones de ejemplares. Y que le valió llevarse ocho grammys en 2003. Aquel Come away with me, con la canción de Jesse Harris Don’t know why, convirtió de un día para otro a una chica que había crecido en Tejas y se estaba ganando la vida en Nueva York como camarera en una estrella internacional. Con una cuenta corriente para no tener que preocuparse por el futuro. Hace ya diez años de aquello. Pero, en la selección musical del avión que lleva al periodista de Madrid a París, está… Come away with me. “Lo recuerdo como si fuese ayer. Era abrumador, una locura, y no creo que fuese lo mejor para mí, pero bueno”, dice. Probablemente haya un punto de timidez en ella, mucho pudor a exponerse ante extraños. Y desconfianza ante lo que vaya a salir luego en diarios, revistas o blogs de medio mundo. “Traducen tan mal lo que he dicho”, cuenta con cara de resignación, “incluso en inglés a veces se malinterpretan mis palabras”.

Su nuevo disco, Little broken hearts (pequeños corazones rotos), está marcado por una ruptura amorosa. Las canciones son contadas desde el punto de vista de una persona herida. Incluso la juguetona Happy pills habla de poder quitarse a un hombre de encima. A la pregunta de quién demonios es el malvado que rompe esos pobres corazones a los que se refiere el título del disco, dice con una sonrisa: “Ya estoy bien, son cosas de la vida”. Y frena en seco. Silencio. Uno de los periodistas abordó el asunto de su separación a las bravas para saber si tenía una nueva relación sentimental y la respuesta de la cantante fue rápida: “No es asunto tuyo”.

Little broken hearts es el quinto disco de Norah Jones —sin contar los dos publicados con Little Willies ni el recopilatorio de sus colaboraciones— tras Feels like home (2004), Not too late (2007) y The fall (2009). Varias de las 12 canciones inéditas exploran texturas y ritmos que no son los habituales de la cantante y pianista. “Siempre intento cosas distintas. Lo que no me apetece para nada es hacer siempre el mismo disco. Y fue divertido trabajar con alguien como él, escribir canciones con él”, asegura. Él es Brian Burton, también conocido como Danger Mouse, con trabajos anteriores para Gorillaz o Beck. “Tiene un sonido muy distinto. La forma en que graba los instrumentos es diferente de lo que yo estoy acostumbrada. No tengo paciencia para encontrar sonidos extraños en los teclados, él sí, y eso me encanta. Amo la música, pero no soy buena buscando sonidos, yo soy buena tocando”, dice riendo.

Por primera vez Jones llegó a un estudio de grabación con las manos vacías. Apenas unas cuantas ideas en un cuaderno de notas cuando entró en el pequeño estudio de Burton en Los Ángeles: “Pese a ser una experiencia nueva para mí no estaba asustada. Confiaba en él, en su modo de trabajar y sabía que nos dábamos bien. ¡Y ahora ya sé que soy capaz de hacerlo!”. No hubo la presión de una fecha de entrega: según ella, ni sus representantes ni la discográfica sabían que estaba grabando.

Se ha escrito que Norah Jones con Danger Mouse es igual que la unión del chocolate con el helado. No le hace gracia el símil. Aunque acaba aceptando el juego de saber cuál de los dos sería ella. “Estoy segura de que soy el helado”, dice riendo. “Bueno, pensándolo bien es simpático, me lo tomo como un cumplido”.

En 2008 se habían encontrado los dos en Rome, un disco de Burton que se inspira en la música del cine italiano. “Brian me llamó para preguntarme si quería participar en su disco y le dije: ‘Claro, me parece fantástico, soy una gran admiradora tuya’. Vino a mi casa y estuvo tocando las canciones. Unos meses más tarde nos volvimos a reunir para la grabación. Trabajamos muy a gusto y, al terminar, le pregunté si estaría interesado en producir mi siguiente disco. Me dijo que sí, pero que era mejor ver qué es lo que iba surgiendo, componer juntos… Me pareció bien, así que me puse a buscar al productor de The fall”. De todos modos quedaron durante una semana “para intentar algo, para ver si la cosa podía funcionar”. “Fue verdaderamente bueno, así que decidimos hacerlo. Pero nos ha tomado tres años programar un calendario que nos conviniera a ambos”, explica. Danger Mouse le sugirió grabar un disco sombrío: “Me preguntó entonces si yo quería algo así y pensé ‘hum, no necesariamente’, pero mis circunstancias, cuando por fin estuvimos juntos, sí que le daban sentido a eso. Tuve un montón de inspiración”.

“Brian y yo nos hicimos grandes amigos. Nos metimos cada uno en la cabeza del otro. Fue interesante poder tener esa perspectiva porque él es un hombre. No es que mujeres y hombres seamos tan diferentes, pero lo somos. Así que escribíamos estas canciones sobre las relaciones desde nuestras distintas perspectivas. Todavía no comprendo muy bien cómo funcionan las relaciones amorosas, lo intento. Creo que a medida que te vas haciendo mayor lo comprendes mejor”.

“No sé por qué escribí Miriam. La canción salió así. Me gusta que sea muy dramática. Quizá resulta algo chocante, pero ¿por qué no? No creo que sea una letra tan disparatada. No voy a matar a nadie, creo que eso ya se sabe ¿no?”, dice riendo. Confiesa tener demoitis —en español podría ser maquetitis—: “Me lo diagnosticó Mardin, el productor de mi primer disco. Teníamos todas aquellas maquetas y yo le decía: ‘Sí, están bien, pero la primera…’. Me gusta la primera versión de las cosas. Y, después, me resulta difícil cambiar”.

Si algo sorprende a primera vista del nuevo disco de Norah Jones es su portada. Quién iba a imaginar que le diera por inspirarse en el cartel deMudhoney, una película de 1965 de Russ Meyer, el famoso y ya fallecido director de serie B, adorador de mujeres con bustos generosos. “Estaba colgado en el estudio de grabación. Sus carteles son divertidos, aunque yo no hubiera utilizado el deFaster, Pussycat! kill! kill! Para ser sincera no me atrae el rollo de Meyer, pero este cartel en concreto me resulta fascinante. Me seduce la imagen, el blanco y el negro con el rosa. La chica es misteriosa, sexy… La miras y no sabes qué va a ocurrir. Eso me gusta”.

Norah Jones actuó en la película de Wong Kar-Wai My blueberry nights. Una pequeña provocación: ¿es verdad que aceptó el papel por el beso de Jude Law? “¡No lo sabía!”, exclama. “¡El director no me había dicho nada! Ni siquiera que iba a tener que besar a alguien. No sé qué idea le rondaba por la cabeza cuando me ofreció el papel porque todavía no había escrito el guión y no me contó absolutamente nada”. Ahora habla casi susurrando: “Aún no sé por qué me quiso en su película. Me lo dijo una vez, pero no le entendí”. ¿Piensa en el cine? “No, fue estupendo, pero no es lo mío. Hay que levantarse muy temprano, trabajar 14 horas al día… No, gracias. Bueno, si hay un actor muy guapo igual me lo pensaría”, bromea. “Yo nunca digo jamás, pero tendría que ser algo que tuviera muchas ganas de hacer”.

Avisaban antaño de que no se le preguntara por su padre [Norah Jones es hija del gran músico Ravi Shankar, aunque ella creció con su madre]. “Lo que pasa es que hace diez años la gente intentaba montar una historia con algo que nada tenía que ver con la música. Y yo no quería que lo hicieran porque no era justo para mí ni para quien me educó. Trabajé muy duro y no le vi durante años, así que no me parecía razonable aquel enfoque. Ahora estamos muy unidos, pero no hagas la entrevista sobre eso”, dice riéndose con ganas.

En cuanto la conversación deriva hacia un aspecto más personal, aunque sea con la mayor delicadeza, su mirada se vuelve más escrutadora. Sus respuestas son breves, una frase o dos, en la mayoría de los casos, y enseguida calla. Como si temiera que se le escape algo; como si esperara la pregunta trampa, aquella cuya contestación va a ofrecer más información de la que ella está dispuesta a dar. Frunce el ceño al preguntarle si su tatuaje al final de la espalda es el mismo que lleva su hermana Anoushka [la sitarista Anoushka Shankar]. Pero responde: “Nos hicimos el tatuaje juntas cuando ella tenía 18 años y yo 20. Hubiera preferido que eso quedase entre nosotras, pero puso una fotografía en su página web… Lo hicimos porque aun siendo hermanas no crecimos juntas. Nos conocimos ya de mayores y ésa fue nuestra manera de marcar el vínculo”.

Dice que siempre ha querido que su voz sonara mayor. “Tampoco estropeada o demasiado mayor, pero que no suene cristalina. Mis voces preferidas son las de cantantes que han vivido como Billie Holiday o Ray Charles”. Norah Jones ha grabado con Willie Nelson, Foo Fighters, Outkast, Q-Tip, Belle and Sebastian, Herbie Hancock o Charlie Haden: “Es muy emocionante estar con héroes de tu infancia, gente con la que has crecido. Poder cantar con alguien como Ray Charles, que ya se fue. Recuerdo que la primera vez que estuve con él me puse a llorar”.

A los diez años de Come away with me, Norah Jones, que confiesa disfrutar como una niña cuando visita una gran tienda de juguetes que hay en Tokio, y a la que le encanta estar en casa, cocinar y nadar, ha grabado el que posiblemente sea su mejor disco desde aquel espectacular debut.

”Cavalleria Rusticana” y ”Pagliacci”, desde el Real, a la Ópera de París


Se apoya en una introducción común que hila las dos historias trágicas y la fugaz aparición del personaje de Turiddu muerto al comienzo del drama de los payasos, en la segunda parte.

La fusión producida por el Teatro Real de Madrid de las óperas “Cavallería Rusticana” y “Pagliacci” llega ahora a la Ópera de París, donde se representa desde este mes en lo que es en realidad el estreno de la primera.

El coliseo parisino, ni en la histórica Ópera Garnier ni en la nueva de la Bastilla, había representado nunca “Cavalleria”, el drama compuesto por Pietro Mascagni (1863-1945), lo que puede llegar a sorprender, aunque sí se había visto en la capital francesa, en la Ópera Cómica.

Ahora llega en la producción del Real, que el teatro madrileño estrenó en 2007, con Giancarlo del Monaco en la dirección escénica y Jesús López Cobos en la musical; en la versión de París asume ésta última Daniel Oren.

La versión de estas dos óperas que van de la mano -“Pagliacci” sí se conoce en París, desde 1902- se apoya en una introducción común que hila las dos historias trágicas y la fugaz aparición del personaje de Turiddu muerto al comienzo del drama de los payasos, en la segunda parte.

“Cavalleria rusticana” se estrenó en el Teatro Constanzi de Roma el 17 de mayo de 1890 y es una tragedia de amor y celos que se desarrolla en el siglo XIX en Sicilia, con libreto de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci, basado en el drama homónimo de Giovanni Verga.

“Pagliacci” es un sainete de celos e infidelidades sobre una compañía de cómicos ambulantes en Calabria, basado en hechos reales y escrita por Ruggero Leoncavallo, que fue estrenada en el Teatro dal Verme de Milán el 21 de mayo de 1892 bajo la dirección de Arturo Toscanini.

Con escenografía de Johannes Leiacker, figurines de Birgit Wentsch e iluminación de Vinicio Cheli, la Ópera de París recupera de la producción del Real a la soprano lituana Violeta Urmana, en el papel de Santuzza para “Cavalleria”.

La escenografía de esta pieza sitúa el drama en una cantera de mármol y abandona parte de los tópicos del entorno siciliano donde se sitúa la historia, aunque quedan referencias al peso de la religión con un desfile de penitentes.

Para la segunda obra, también repite de la producción original española el tenor dramático ruso Vladimir Galouzine, en el papel de Canio y la acción se traslada en este caso a desde finales del siglo XIX a los años 50 y 60 del pasado siglo.

Los vínculos cinematográficos de ambas obras – “Cavalleria” suena en “Raging Bull”, de Martin Scorsese, y en la tercera parte de “The godfather” (Francis Ford Coppola); mientras que “Pagliacci” es recurrente en clásicos del cine- se destacan en la segunda parte, con tres enormes reproducciones de Anita Ekberg durante su baño en la Fontana di Trevi de Federico Fellini.

París de Oza, orquesta para la crisis


Nació como una parodia de la famosa formación de Noia, pero acabó desbordada por la demanda de las comisiones de fiestas con pocos recursos.

Cuando más estrangula la crisis y las comisiones de fiestas se las ven y se las desean para recaudar fondos entre la vecindad, va la París de Oza y se toma un año sabático, desbordada por la demanda de verbenas baratas. “Murió de éxito”, comentan apesadumbrados en el Ayuntamiento que los vio nacer, el de Oza dos Ríos. Pero cuando se le pregunta a la propia orquesta, esta disipa los lamentos: sus 18 integrantes solo se han tomado un año de descanso, con vacaciones de verano en familia. Y en 2013, cuando regresen, a lo mejor tienen que cambiarse el apellido por el nombre del municipio fusionado. La lista de espera para contratarlos empieza a hacerse larga, pero prometen no caer en la tentación. Este año no existen. Solo se juntaron hace una semana porque los llamaron de Luar. A Gayoso no querían fallarle. Le debían un favor.

La orquesta París de Oza nació en el Entroido de 1999 como parodia carnavalesca de la París de Noia, una de las tres formaciones con más caché de Galicia, contratada con frecuencia por las parroquias más potentes del entorno e inaccesible para las más pequeñas. Un grupo de amigos, organizados en torno al restaurante El Moderno, desfilaron con instrumentos imposibles, fabricados por ellos mismos, incluido el piano de cola y la batería, con bombo de lavadora incorporado. Después, como dice Juan Carlos Martínez, el cura (de siete parroquias de Oza y dos de Cesuras), “morreu o conto” hasta que el grupo regresó en 2008, armado ya de instrumentos auténticos. Tienen de todo, también cables y amplificadores, pero de sus teclas y sus cuerdas (incluso de sus afinadas cuerdas vocales) no sale ni una nota.

Ahora, los tres trompetistas se han puesto a estudiar música, han entrado en la banda de música de Abegondo y hasta se atrevieron con unas pocas piezas en trío durante la procesión de Semana Santa en Oza. Pero la orquesta París hace “riguroso play-back” y su público lo sabe y lo acepta encantado. “Lo nuestro es todo teatro”, informa el líder de la formación, Juan Carlos Pérez, al que muchos seguidores llaman Blas, por lo bien que emula en sus evoluciones sobre las tablas a Blas Piñón, el cantante de la París de Noia. “En Galicia no somos los únicos que hacemos play-back, pero sí somos los únicos que lo decimos”, continúa. “A pesar de esto, después de cada show la gente viene a felicitarnos y nos dice que si estamos de broma, que no se puede creer que sea todo de mentira”. Basta con ver uno de sus vídeos en YouTube para entender por qué dan el pego.

Su fama se ha extendido de boca en boca. El año pasado, tuvieron 50 actuaciones durante la temporada de verano en los más remotos rincones de las cuatro provincias gallegas. “Van polo caldo”, asegura la madre del vocalista. Lo justo para cubrir los gastos de desplazamiento, de reposición de instrumentos y de alquiler del camión escenario. Unos 2.500 o 3.000 euros, dependiendo de lo lejos que caiga la parroquia. Al final de temporada, con los escasos beneficios, se regalan un viaje de cercanías y fin de semana para los integrantes y sus consortes, en compensación por tanta ausencia estival.

“Mi familia es la que mejor lo lleva”, bromea el cura de Oza. El sacerdote empezó de bajista y luego se pasó a la guitarra eléctrica. Es en buena parte el culpable de que la París de Oza apenas toque en domingo. Las actuaciones casi siempre se conciertan en sábado, al mediodía y a la noche. El repertorio, de más de 70 temas, actualizado cada temporada (ensayan las coreografías en un local cedido por el consistorio), da para tocar hasta las cuatro de la madrugada. En el cartel anunciador, Juan Carlos Martínez aparece con su instrumento detrás de un altar revestido para la misa. Cada uno de los integrantes se presenta con algún atributo de su oficio. El escayolista, con una moldura. Los albañiles, haciendo la masa. Las amas de casa, con fregonas. El palista, con su máquina. El jardinero, con la motosierra. El matachín, con un gorrino. El funerario… “El funerario sale con una bandeja porque también es camarero”, explican. Entre tanto profesional, también había un carpintero. Pero Ramiro Fiaño ya ha cumplido los 76 y ahora está jubilado. Un mal día una máquina le rebanó un dedo, no obstante en la París de Oza es el rey de los teclados. El público jamás ha sentido un trompicón en sus escalas.

El más joven, trompeta en mano, es Ángel Pérez. Ahora tiene 12 y cuando cumpla los 13, como muy tarde a los 14, proyecta compartir escena con la auténtica París. Hace ya tiempo que los unos saben de los otros y quieren tocar juntos una noche. De hecho, Gemma, vocalista de los de Noia, es hija del escayolista (y trompetista) de los de Oza, Luis Lareo, y ahijada de Charo Vieites, una de las cantantes de la alternativa económica, más conocida por sus fans como Charo Reina. Hai pocas oportunidades de coincidir porque la comisión de fiestas que paga a los de Oza no puede aspirar a los de Noia. Casualmente, este verano, los famosos están contratados para las patronales de Cuiña, en Oza, y el Blas de pega fue tanteado. Querían juntarlos a todos. Pero ni de broma. Gayoso aparte, el año sabático es sagrado.

El inquietante mundo de un tierno demente


La Casa Encendida reivindica la figura del artista, icono ‘grunge’, con un concierto y una exposición.

La mente de Daniel Johnston es un lugar donde puede hacer calor, pero también mucho frío. La rana Jeremiah sonríe con toda su inocencia pero de pronto empiezan a brotarle ojos, crecerle las piernas y salirle dientes como sierras. Allí están el Capitán América y el fantasma Casper, también un ojo con alas de murciélago que no le quita la vista de encima a Jonhston. Y por supuesto el demonio, obsesión constante, y también los Beatles, que le acercaron a la música y nutrieron su obsesión por la fama. Y finalmente, Laurie, su musa y amor platónico, la joven que un día le lanzó un beso mientras Johnston la grababa con su inseparable cámara de vídeo. Y la escena se repite en bucle en su cabeza.

La mente de Johnston es la de un niño. O la de un adulto que no quiere crecer (“En mi universo soy un bebé”, escribe). Un espíritu que encaja bien con una generación, la de los Peter Panes, que ve el auge de lo digital y el artificio, y hace de él y de su arte genuino un icono.

Cuando la MTV le entrevistó en un programa sobre la escena musical más underground de Austin (Texas), miles de espectadores quisieron saber más sobre la música de ese tipo extravagante y empezaron a encargarle copias de las casettes en las que grababa sus canciones, que Johnston y su amigo Jeff Tartacov les enviaban por correo. Y empezó a correrse la voz. En una entrevista, Kurt Cobain colocó uno de sus discos en el puesto 35 de sus discos más influyentes y lució en varias ocasiones una camiseta con unos de sus naifs dibujos de la rana Jeremiah, dando un nuevo empujón a su fama. Las bandas más influyentes del rock alternativo, entonces en pleno boom, cayeron bajo su raro influjo: Sonic Youth, Yo la Tengo, Teenage Fun Club.

En 1990, Johnston vivió su momento de gloria. Tocó, al fin, ante miles de personas durante un festival de Austin. Pero de regreso a casa en la avioneta de su padre sufrió un brote psicótico, quitó las llaves del motor en pleno vuelo y las lanzó por la ventanilla, mostrando en su forma más cruda lo que todos —amigos, músicos, discográficas— acabarían descubriendo tarde o temprano: Que no hay nada cool en la demencia de Johnston, que sobrevivió al accidente solo gracias a la habilidad de su padre.

En 2006, un documental intimista precioso —The devil and Daniel Jonhston, premio en Sundance— retrató su increíble historia, terminando por difundirla en todo el mundo.

El Jonhston de 2012 tiene 52 años, una tripa prominente que cubre con camisetas llenas de lamparones, ha perdido varios dientes y vive con sus padres recluido del mundo, aunque a veces sale de su refugio para dar conciertos. Lo hará, si nada lo impide, el próximo miércoles en La Casa Encendida, que también dedica una exposición a su obra y figura: sus famosas casettes caseras, carteles de sus conciertos y, sobre todo, sus inquietantes dibujos de niño y también de loco.

Daniel Johnston en Madrid

  • Concierto de Daniel Johnston. Miércoles 18 de abril, 21.30. 10 euros.
  • Exposición Visiones simbólicas. Una mirada al universo de Daniel Johnston. Del 20 de abril al 2 de junio. Entrada libre. La Casa Encendida.

‘El relámpago’ en el Teatro de la Zarzuela


La inusual zarzuela de Barbieri se interpretará en versión de concierto.

Mañana sábado a las 20.00 y el domingo 15 de abril a las 18.00 el público de Madrid tendrá la oportunidad de asistir a la representación en concierto de esta zarzuela que se estrenó en este mismo teatro en el mes de octubre de 1857. Los cantantes serán Yolanda Auyanet, Ana María Sánchez, José Luis Sola y Lorenzo Moncloa, junto al Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, y la Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por José Miguel Rodilla.

A pesar de su éxito inicial, esta obra no es actualmente de las más conocidas de Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) por lo que su escucha supondrá un interés añadido. El texto de El Relámpago, de Camprodón, se basa en una ópera francesa, L’éclair, cuyos libretistas fueron Eugène de Planard y Henri de Saint-Georges, los cuales se inspiraron a su vez en una novela corta de Hermance Lesguillon. La ópera se estrenó en París, en el Théâtre de l’Ópéra Comique, en diciembre de 1835, siendo su compositor Jacques Fromental Halévy, el mismo autor de La Juive que también fue estrenada ese mismo año. Sin embargo El relámpago se aparta de la grandilocuencia de estas dos ‘grand opéra’, siendo una de las zarzuelas que requiere menos fuerzas musicales de su autor, lo cual se hace patente en el reparto que sólo cuenta con cuatro cantantes protagonistas. Mientras que la acción de L’éclairtranscurre en Boston, El Relámpago se desarrolla en Cuba abriendo la puerta a números y músicas exóticas, como tangos y habaneras. Fueron también en su estreno un gran éxito las romanzas, dando pie a la anécdota, como comenta el musicólogo Gonzalo Roig, en la que tras el grandioso éxito de un aria cantada por la soprano Zoila Gálvez, ésta preguntó a Barbieri, que dirigía también la orquesta: “¿Maestro, la repetimos?”, a lo que Barbieri contestó: “Nada de repetirla, que vuelvan mañana”.

Yan Huichang, Directeur musical du Hong Kong Chinese Orchestra


Si la Chine dispose désormais de solides ambassadeurs de son rayonnement artistique avec en chef de file l’incontournable Lang Lang, elle s’attache désormais à faire connaître son école instrumentale et de direction d’orchestre. Yan Huichang, le directeur musical du Hong Kong Chinese Orchestra depuis 1997, est venu donner des classes de maître aux conservatoires de Bruxelles, Luxembourg et Paris : au programme, la comparaison entre les orchestres chinois et occidentaux, sur le double plan de la direction et de la composition. Une visite qui n’est en réalité qu’un prélude au Prix International de Composition 2013 qui sera remis à Luxembourg l’an prochain, et qui a pour vocation de stimuler la création d’un répertoire avec des instruments occidentaux et chinois. ResMusica a rencontré le chef à Paris à l’issue de sa tournée, pour en savoir plus sur cette offensive de charme en terres francophones.

 

ResMusica : En 2013 vous organisez un prix de composition en coopération avec la Société Luxembourgeoise de Musique Contemporaine. La musique orchestrale chinoise est-elle difficile d’accès pour le public occidental? 
Yan Huichang : Quand nous jouons avec l’orchestre au Royaume-Uni, aux Etats-Unis, en Norvège, en Belgique, le public est enthousiaste. Quand nous avons interprété les différents styles de musique chinoise au Festival de Saint-Denis, à l’occasion de l’année France-Chine, l’assistance était tellement enthousiaste qu’elle continuait à applaudir même après que l’orchestre avait quitté la scène. Il a fallu que je revienne dire que le concert était vraiment fini !

RM : Quels sont ces différents styles de musique chinoise ? 
YH : Il y en a trois. Le premier consiste en l’orchestration de mélodies asiatiques anciennes.

Le deuxième reprend des éléments traditionnels, qui sont intégrés dans une nouvelle composition : l’exemple en est les Melodies of Western Yunnan (Mélodies de l’Ouest du Yunnan – voir vidéo ci-dessousde Guo Wenjing ou la Silk Road Fantasia Suite (Suite de la Fantaisie de la route de la soie) de Zhao Jiping. Ces deux styles sont très difficiles à diriger car ils exigent beaucoup de connaissance sur les caractéristiques, le langage, l’arrière-plan historique qui varient selon les provinces dont ces éléments sont issus, comme c’est le cas par exemple pour l’Ouverture 1812 de Tchaïkovski. La Silk Road Fantasia Suite est familière pour le public occidental comme peut l’être celle d’Elgar, car le compositeur est connu pour ses musiques de films. Une autre œuvre de Zhao Jiping est le concerto pour violoncelle Zhuang Zhou’s Dream (Le Rêve de Zhuang Zhou), écrit en 2009, qui est de nature philosophique, avec une personne qui rêve de devenir un papillon.

Le troisième style est constitué par des nouvelles compositions qui n’ont pas de lien direct avec la musique chinoise, mais s’inspirent de sa philosophie. Un exemple est JingQiShen du compositeur Chan Ming-chi, qui a reçu un prix de l’UNESCO en 2001 pour cette œuvre. Composée il y a quinze ans, elle proposait une nouvelle manière de faire jouer les instruments, et elle était considérée comme impossible à exécuter. Aujourd’hui, c’est un classique de la musique chinoise.

Il y a des œuvres comme Autumn Execution de Doming Lam qui se situent entre les deuxième et troisième styles. C’est une composition nouvelle, écrite sur une commande de notre orchestre en 1978. Basée sur un opéra de Beijing, elle raconte l’histoire de l’exécution d’une femme innocente, condamnée par une justice corrompue.

RM : La technique pour diriger un orchestre chinois est-elle spécifique ?
YH : La technique est la même que celle d’un orchestre occidental, mais il faut connaître la technique pour jouer les instruments chinois, ainsi que le contexte culturel.

RM : Quelle a été votre formation et votre parcours ?
YH : J’ai été formé au Conservatoire de Shanghai dont j’ai été diplômé en 1983. J’étais le seul élève à être formé comme chef d’orchestre, c’était en effet une classe où il ne pouvait y avoir qu’un étudiant. J’y ai appris les deux styles de direction chinoise et occidentale, pour l’orchestre et l’opéra, avec les particularités des différences provinces. J’ai ensuite été nommé 8 ans à Beijing à l’Orchestre Chinois National de Chine. De 1992 à 1995, j’ai été le Directeur Musical de Naxos à Singapour, puis j’ai dirigé l’Orchestre Chinois de Taipei à partir de 1995. En 1997, j’ai pris la direction du Hong Kong Chinese Orchestra.

RM : C’était au moment de la rétrocession de Hong Kong ?
YH : Oui, j’ai abrégé mon contrat avec Taipei à la demande du gouvernement. J’ai fait mon premier concert avec l’orchestre le 1erjuin 1997 à Singapour, et le premier concert à Hong Kong était le 1er juillet, pour la cérémonie de la rétrocession.

RM : Vous êtes à la tête de l’orchestre depuis bientôt quinze ans, l’orchestre a-t-il évolué durant cette période ? 
YH : Avant 1997, l’orchestre se consacrait à l’exécution en concert. Depuis, il est devenu un outil de promotion culturelle, où la musique est associée à la danse, et la calligraphie sur scène en cohérence avec la musique. En 1998 on a établi un dialogue entre le thé et la musique de Chine, comme une dégustation de vin.

RM : C’est un projet politique de promotion de la culture chinoise ? 
YH : Ce n’est pas un projet politique, cela fait partie de la culture chinoise. Nous travaillons ensemble avec d’autres formes d’art et nous explorons la beauté de la musique chinoise, pour l’apporter à une plus grande audience et lui faire découvrir l’énergie et la créativité de l’orchestre.

RM : Comment attirez-vous un public plus large ? 
YH : Nous avons organisé des grands concerts qui sont rentrés dans le Livre des Records. En 2001, nous avons fait joué ensemble mille joueurs d’ehru, en 2003 nous avons réuni 3000 personnes qui ont joué des percussions ensemble. Il y avait des enfants, des personnes âgées, d’autres en chaises roulantes, l’objectif principal était de faire expérimenter l’orchestre. Nous avons au programme une œuvre lors de laquelle nous donnons à tout le public une petite percussion en bois pour qu’il joue avec l’orchestre, et qu’il puisse la garder en souvenir. Nous l’avons joué à Carnegie Hall.

RM : Et cela change la perception du public ? 
YH : Je pense, oui. Un jour je suis allé dans une banque et la personne au comptoir m’a reconnu, et elle m’a demandé de signer sur cette petite percussion comme un autographe ! Une autre fois, c’est un policier qui aurait pu me mettre une amende parce que je m’étais arrêté à un mauvais endroit. Il ne l’a pas fait, et il m’a expliqué que c’était parce qu’il me reconnaissait, il avait joué sous ma direction dans un des concerts.

RM : Vous avez dirigé en Belgique au Klara Festival, au Musikverein de Vienne, à Munich, à la Basilique Saint-Denis à Paris, y a-t-il des différences dans l’accueil de la musique chinoise?  
YH : Nous sommes d’abord des ambassadeurs mondiaux de la musique. Au Klara Festival, le Concerto pour violoncelle de Zhao Jiping était joué par une musicienne belge, Marie Hallynck. En Autriche, en Allemagne et au Royaume-Uni, la musique est la musique. A Paris, Debussy – avec La Mer – et Ravel – à l’exception du Boléro –  ont un thème derrière la musique qui est plus proche de la musique chinoise, et qui la rend plus attractive pour le public français.

RM : C’était la première fois que vous donniez une classe de maître à Paris. Quel est l’objectif de ces classes ? 
YH : Quand on remonte dans l’histoire, les pays ont eu des échanges pour catalyser le développement culturel. Nous voyons des orchestres occidentaux qui commandent des œuvres à des musiciens chinois comme Tan Dun, et nous voyons que les compositeurs occidentaux sont plus intéressés par écrire pour des orchestres chinois. Nous cherchons à développer la connaissance des compositeurs, des chefs d’orchestre et du public.
Nous passons nous-mêmes commande à des compositeurs venant des Etats-Unis, du Canada, d’Israël…

RM : Et vous organisez un Prix International de Composition l’an prochain à Luxembourg.
YH : Oui, on souhaite attirer des compositeurs occidentaux. Ce Prix est pour nous très important, c’est une étape dans le développement de la musique chinoise, pour découvrir de nouveaux talents et les développer. Si les compositeurs sont intéressés par la musique chinoise, alors cela participera à la promotion de cette musique.

El psiquiatra del barroco


Philippe Herreweghe actuará en España a finales del mes de abril.

Así como Borodin era médico y Sinopoli fue psiquiatra, el director flamenco Philippe Herreweghe ingresó también en las facultades de medicina y psiquiatría de Gante, compaginando ambas carreras con los que recibía en el Conservatorio, de piano, órgano y dirección de orquesta. Con el tiempo, y para fortuna de los melómanos, la música venció y él fundó el Collegium VocaleGent. Su profundo conocimiento de la mente y del cuerpo le han facilitado una comprensión profunda de la música, en especial la del barroco, y muy concretamente la de Johann Sebastian Bach, a lo cual ha ayudado también su colaboración con dos bachianos de excepción como Harnoncourt y el recientemente fallecido Leonhardt, con quienes grabó en los años 70 y 80 la integral de las cantatas.

Desde aquellos tiempos este adalid del historicismo ha vivido mucha música y su repertorio se ha extendido en los siglos hasta dominar Beethoven (acaba de completar en Pentatone una renovadora integral de sus sinfonías con la Royal Flemish Philharmonic) y alcanzar lejanías como Mahler y Stravinsky, pero los amores de juventud nunca mueren, y en la frontera de abril y mayo dirigirá en Vic y Barcelona a su Collegium Vocale en La Pasión según San Mateo de Bach. Su grupo se quedará en España unos días más para interpretar en Madrid un programa mozartiano bajo la dirección de Jos van Immerseel.

Herreweghe, cuyo flamante sello propio Phi demuestra su inagotable inquietud y actividad, ha lanzado recientemente al mercado un disco con obras para coro y orquesta de Brahms y dos excelentes álbumes que insisten en la maravillosa música de Bach con la integral de los motetes y la Misa en si menor. Podemos esperar un buen flujo de lanzamientos, pues el maestro belga tiene previsto grabar tres discos cada año con el Collegium Vocale Gent y uno o dos con la Orchestre des Champs-Elysées de París.

XVIII Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela


  • El contratenor Philippe Jaroussky y el pianista Jérôme Ducros protagonizan este recital
  • En programa, obras de Hahn, Berlioz, Chausson y Massenet, entre otros
  • A las 20.00 horas a través de Radio Clásica

Dentro del XVIII Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela, Radio Clásica emitirá este martes a las 20.00 horas el recital celebrado el pasado 7 de febrero.

El contratenor Philippe Jaroussky y el pianistaJérôme Ducros, interpretan un programa centrado en la canción de cámara francesa, con páginas firmadas por autores como Berlioz, Chausson, Saint-Saëns, Hahn, Massenett o Fauré, entre otros.

Philippe Jaroussky

Este joven contratenor francés se formó en el Conservatorio de Versalles, aunque desarrolló sus estudios de canto en París. Su voz se caracteriza por una técnica virtuosística, que le permite abordar un repertorio que abarca desde el oratorio a la ópera, con la interpretación de obras de autores como Scarlatti, Monteverdi, Vivaldi, Haendel o Caldara. En 2007 recibió el premio al mejor artista lírico francés.