Pensando (y creciendo) en voz alta


El cantautor Manolo Tarancón apuntala su ascendente carrera con ‘Reflexiones’, un cuarto disco rotundo y liberado de ataduras.

Si eres cantautor en castellano, con unos referentes y unas trazas que no son el epítome de lo cool entre el joven y atropellado consumidor de música que se estila hoy , y además has de cargar con el sambenito de las odiosas comparaciones, digamos que lo tienes crudo. Si además ocurre que es el propio músico quien debe producir, promocionar, presentar y dar a conocer por medio país su propuesta con cargo a su propio bolsillo, aún pinta más negro.

Tan sombrío panorama es extensible a cualquier creador, es lo que hay, pero, en el caso de Manolo Tarancón, tanto obstáculo estuvo a punto de hacerle tirar la toalla: “Cuando acabé Horas Vacías no salían conciertos, la cosa estaba muy parada, y ahí fue donde entró David García (Limbotheque), quien me sacó de casa porque estaba muy cabizbajo, un poco depre”, cuenta, pero “cuando te gusta mucho todo esto, te quitas de encima todos esos demonios y sin darte cuenta, lo estás volviendo a hacer”.

Y lo que ha vuelto a hacer es lo que mejor sabe. Así que no le quedó más remedio que empaparse de unas vibraciones positivas que no siempre le han empujado. El resultado es Reflexiones, un cuarto disco rotundo, heterogéneo, luminoso y liberado de ataduras. Su mejor trabajo hasta la fecha, aunque reconoce que lleva tiempo buscando su sonido.

Editado en La Viejita, el sello que el propio Tarancón se montó con el cantautor leonés Fabían, porque “salvo que veas muy claro que el sello te va a dar una buena contraprestación de promoción y conciertos, no queda otra vía que la autogestión. Y más con la venta online y las redes sociales. El peaje que tienes que pagar para que el disco se distribuya en tiendas no vale la pena”.

La heterogeneidad se explica porque “al ser una colección de canciones, cada tema es independiente. No hay eje conductor”. Aunque el hecho de haber grabado entre el estudio de Paco Loco en Puerto de Santa María y el de Paco Morillas, en Valencia, junto a Carlos Soler Otte (Damien Lott), sí redunda en un sonido que “buscaba una producción más pop en unos temas y en otras más oscura”. Reconoce que “a mucha gente la sorprendía eso de grabar en dos estudios, y podía haber sido un problema el homogeneizarlo todo en la masterización, pero estoy contento con la decisión”.

Y de entre todos los músicos con los que ha colaborado últimamente, apunta a Tórtel como el proyecto que más le ha ayudado a dotar de cierta brisa mediterránea su propia música, porque “me di cuenta de que canciones que podían ser similares por temática a las mías, podían gozar de un tratamiento mucho más luminoso, y Tórtel me ha enseñado a hacer canciones comprometidas pero menos drásticas”.

Es por ello que, entre aproximaciones a sonoridades para él insospechadas (aires de bossa y ranchera, nada menos), también destacan las aportaciones externas. Como la guitarra de Jesús de Santos (Polar) o las voces de Vanessa Prado (La Gran Alianza) y Carol García (Limbotheque).

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“La música es como un lenguaje, y en ella puedes escuchar conversaciones”


El pianista Lang Lang protagoniza una conferencia en el Reina Sofía organizada por EL PAÍS.

El estatus de celebridad que el pianista chino Lang Lang ha adquirido en los últimos años habla de una nueva mentalidad sobre la música clásica. La conferencia que tuvo lugar ayer en el auditorio del museo Reina Sofía de Madrid, moderada por el periodista Jesús Ruiz Mantilla y auspiciada por la Fundación Telefónica, es la prueba de cómo de ser prácticamente desconocidos para el gran público, estos músicos comienzan a abrirse camino al estrellato mediático, y con él, a la mayor difusión de su obra. Unas 200 personas, que religiosamente hicieron cola a la intemperie bajo una llovizna que acabó en aguacero, acudieron a ver y oír a Lang Lang hablar de su arte, sí, pero también de sus viajes, de sus proyectos filantrópicos, de su infancia o de su visión de un mundo en crisis.

Por partes. De la música -de su música- el pianista contó que esa misma tarde había estado grabando una pieza de flamenco. Del flamenco, la conversación derivó en las diversas músicas españolas, y de ahí a las europeas. “Cuando era pequeño no me daba cuenta de que los europeos eran tan diferentes entre ellos, lo mismo que pasa cuando los europeos piensan en los asiáticos”, explicaba Lang, que ahora tiene 29 años. “Luego te das cuenta de que la música es como un lenguaje, y en la música de un país puedes escuchar las conversaciones de un idioma”.

En el repaso por su infancia y adolescencia, relató Lang cómo una de sus primeras profesoras de piano casi le hizo desistir de su pasión. “Teníamos problemas de incomunicación, y al final ella me despidió”, contaba entre las risas del público en un inglés fluido, al que el periodista Ruiz Mantilla daba réplica en castellano. Después de ella, llegó Pekín, adonde se mudó desde su Shenyang natal junto a su padre. “Al principio fue duro adaptarme, y sobre todo echaba de menos a mi madre”. (Quizá para no sentirse en el extranjero, el pianista acudió con ella a la conferencia). Más tarde, el salto a EE UU. “Allí aprendí a abrir mi mente en vez de enfocarme solo en un periodo musical o en un país. Todo el mundo debería tener la oportunidad de aprender de todo”.

Ese carácter generoso que ya había sugerido, salió a relucir de pleno con su trabajo con doce niños -unos con talento musical, otros más desaventajados-, a quienes la fundación que creó en 2008 concede becas de estudio. El origen de su filantropía, apuntó, quizá naciera en el viaje que realizó en 2004 a África como embajador cultural de Unicef. “La situación de alguna gente allí me hizo sentir triste”, aseguró el pianista, al que Ruiz Mantilla definió, acertada y asentidamente por el aludido, como “un músico global”.

Llegado el turno de preguntas del público, algunas cuestiones técnicas: “¿Por qué toca la Rapsodia húngara nº 2 de manera diferente a otros pianistas?”; ¿Aprendió a tocar usando escalas?”. “Son preguntas difíciles”, decía risueño el músico. Otras intervenciones fueron tan entrañables que arrancaron los aplausos de los presentes, como cuando un niño de 12 años le agradeció que se acordara de los más pequeños a través de su fundación. A la cuestión de cuándo comprendió que era músico, que esa era su vida, Lang Lang respondió que fue a los cinco años, subido ya sobre un escenario. “Me dí cuenta de que tocar ante el público es cálido, es muy satisfactorio”. Quizá, tras la acogida de ayer, volviera a sentir lo mismo.

Vivan los marineros


El rockero Mike Scott conoce y explota el hechizo de su porte entre callejero, portuario y circense en Kapital.

Melena entrecana y enmarañada, piedras doradas en la pernera de sus pantalones negros, esa mirada desafiante que solo confieren las muchas noches de bohemia. Mike Scott conoce y explota el hechizo de su porte entre callejero, portuario y circense. Es un librepensador del rock, un genio caótico e intermitente (porque hasta los genios son vulnerables exponentes del género humano) que se ha reconciliado con el sustancioso legado de The Waterboys, la banda que encarna desde hace tres décadas. Y que atesora enormes ejemplos de rock céltico y trovadoresco; suficientes como para merecerse el llenazo de anoche en la Kapital.

Scott se ha embarcado en el berenjenal de ponerle música a William Butler Yeats, el poeta de la mística irlandesa y su exuberancia verde. El resultado es mucho más natural y fluido de lo que cabría temer, pero el de Edimburgo fue cauto en el suministro del nuevo material. Salvo el arranque, con el rock bucólico de The hosting of the shee y News for the delphic oracle, y el juglaresco divertimento de máscaras en Mad as the mist and snow, el resto fue artillería clásica y pesada.

Sin respiro. El capitán invocó el espíritu de Van Morrison con The thrill is gone y le cantó al amor con resonancias trágicas, como el amor mismo, en Girl in the swing o How long will I love you. Atacó The whole of the moon con inesperado acento reggae, demostró que Glastonbury song merecía condición de exitazo y se marcó un apoteósico e interminable solo de guitarra para The pan within. Las suyas fueron dos horas pletóricas, estupendo con esa voz poderosa e hiriente como el tacto de la lija. El violinista Steve Wickham le escoltaba cual hermano lunático que toca frente a los acantilados en plena tempestad. Y el festejo final, a aullido pelado con Fisherman’s blues, fue hedonismo puro. Lo dicho: que viva la marinería.

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La sonrisa del Liceo


Tiene un crédito tan ilimitado que su gran reto es saber utilizar correctamente tamaño capital.

Tiene un crédito tan ilimitado que su gran reto es saber utilizar correctamente tamaño capital. Resulta un persona tan transparente, cálida y dulce que nadie piensa pueda desaprovecharlo, pues el público no sólo siente perdería una buena artista, sino incluso un pequeño rincón de los ensueños, ese reservado a las personas que se desea jamás se pierdan astillándonos así la esperanza. Todo lo que se diga de ella es poco, pero podría resumirse en que en su debut en el recinto, ella hizo sonreír al Liceo.

Y no sólo porque ella viese en las lámparas del adusto templo lírico unas sonrisas dibujadas con los puntos de luz de las lámparas, sino porque allí un comentario ingenuo, “yaya, no te preocupes, los conciertos son así”, dijo a su abuela cuando se reiteraban los problemas con un micro, son un bálsamo para ese mundo cínico en el que habitamos. Esa actitud en escena, la de una niña-mujer en vestido de noche haciendo partícipe al público de sus emociones, desarma. Porque Silvia desarma. Voz y carisma. Enorme capital.

El concierto fue una apoteosis. Más de 20 músicos la ayudaron a interpretar en su integridad su disco de debut en solitario, perfilándolo con arreglos puntillistas en clave acústica, suavemente acunado por el viento. El viaje por la música popular con Silvia en el tajamar, estampa de mascarón de proa con su tupida melena negra, encontró en su acercamiento a la habanera, flamenco, fado, tropicalismo y pop de ganchillo su sentido. Pura caricia.

Pero también, cosa comprensible habida cuenta su extraordinaria voz, se percibió que ésta está por encima de todo, en ocasiones incluso de las mismas canciones, pálidos charcos donde se refleja la luna. Y sí, la imagen es bella, pero mejor el mar de un repertorio pleno para perderse entre reflejos de luz. Es más, en ocasiones hasta pareció que todo era voz, sólo voz que imponía su luminosidad cegando todo lo demás. Pero, en fin, todo esto forma parte del capital que Sílvia ha de gestionar. Y es preferible pensar que lo hará con tino. Nos lo merecemos todos. No sólo ella. Ella, quizás sin querer, así lo ha querido.

Hemos llegado a los 40.000 visitantes, ¡GRACIAS!


Os damos las gracias por esa cantidad tan elevada de visitas que ni tan siquiera se nos pasaba por la cabeza que íbamos a lograr en tan poco tiempo. Ya rozamos el medio centenar de millares y nos sentimos muy orgullosos del trabajo realizado y, por supuesto del que queda aún por realizar. En este tiempo ya podemos disfrutar en el blog de noticias actualizadas sacadas de distintos diarios nacionales (España) e internacionales (México, EE.UU, Alemania, Francia…) con el principal objetivo de poder lograr un punto de reunión e información universal de música y de diferentes temas relacionados con la cultura en general.

Aparte de este punto de información recién creado y del que esperemos podamos seguir dando por mucho tiempo, podemos avanzar que ya contamos con partituras de diferentes autores en la sección de CANTO, además de haber acabado de colgar todo lo que tenemos guardado de PIANO. Pronto contaremos con más partituras de otros instrumentos, ya que nuestra meta es poder llegar a tener de todos los instrumentos, incluidas formaciones musicales tales como lo son los tríos, cuartetos, quintetos o incluso partituras orquestales.

Os esperamos con los brazos abiertos. Si eres nuevo por aquí no te cortes, BIENVENIDO y ponte cómodo, estás en tu casa.

SALUDOS!!

El Festival Sinsal se reinventa y se abre a aportaciones del público


Películas caseras y fotos de asistentes acompañarán las actuaciones.

Los promotores del Festival Sinsal llevaban tiempo queriendo reinventarse y hallar nuevas fórmulas. Después de hacer que la música pop en los teatros gallegos ya no sea una rareza, ocuparon otros lugares insólitos hasta entonces y extendieron el certamen a otras ciudades gallegas. Ahora su apuesta es lo que han denominado Club Sinsal, que este próximo fin de semana (sábado por la tarde y domingo en sesión vermú) estrena la décima edición de su festival en el Museo de Arte Contemporánea de Vigo (Marco).

Se trata de un modelo participativo y multidisciplinar que suma la contribución del público, que aporta performances, películas caseras rodadas en Súper 8 y fotografías que se positivarán en directo, al tiempo que tocan bandas gallegas como La Orquesta Metamovida, Ignorantes, Mcom y Fastasmage. En otro lugar del Marco, se sucederán entrevistas a escritores como Fran Alonso, María Xosé Queizán y Agustín Fernández Paz, e intervenciones sonoras con máquinas de escribir de la colección Sirvent.

En paralelo, habrá talleres para niños y showrooms de diseñadores de moda. El salón de actos es para los conciertos de pop de culto con The Montgolfier Brothers y Phaedra, una nueva Björk nórdica.Y todo esto, mientras el periodista Emilio Alonso retoma su emblemático programa de radio La Trinchera para retransmitir por Internet (www.sinsalaudio.org) todo lo que ocurre dentro del Marco. El abono para todas las actividades del sábado cuesta 20 euros, pero hay sesiones gratuitas y la posibilidad de asistir solo a determinadas actuaciones.“Nuestra propuesta sigue girando en torno a la música, pero se abre a los espectadores, a los artistas locales, que representan el 90% de este cartel, y a otras formas de arte, por eso es exportable a otras ciudades que ya han mostrado su interés en esta expresión”, explicó ayer uno de los coordinadores del festival, Julio Gómez, en rueda de prensa, momento en el que confirmó una nueva edición del Festival Sinsal en la Illa de San Simón, prevista para los días 24 y 25 de julio, y los próximos conciertos en Vigo de Julia Holter (24 de junio) y Destroyer (18 de julio).

Con las subvenciones en el aire,el micromecenazgo y la iniciativa privada son, por el momento, los únicos soportes seguros para realizar todo esto. El emblema que luce el cartel de Sinsal X es una vela encendida. “Es la esperanza”, asegura Luis Campos, el otro padre de la criatura. “En este sector también funciona el I+D+i, este es nuestro modo de ser competitivos”.

Tablet-art, caipirinhas y playas


En Río de Janeiro se inaugura hoy File (Electronic Language International Festival), el célebre festival brasileño dedicado al arte y las nuevas tecnologías. El evento, que se prolonga hasta el 13 de mayo, ofrece una extensa programación, que incluyeexposiciones temáticas, instalaciones interactivas y debates, articulados alrededor de un gran simposio inicial. Sin embargo, no queremos reseñar todo lo que se presenta en el certamen, ya que desde sus inicios el blog “El Arte en la Edad del Silicio” ha querido mantenerse fiel a su planteamiento: centrarse en temas, eventos e iniciativas, que tuvieran una vertiente experimentable desde el ordenador y a través de Internet. Por eso, considerada la amplitud de la programación, hemos elegido centrarnos en Tabletuna sección que reúne proyectos interactivos, artísticos y musicales, concebidos y creados para ser visionados en una tableta (iPadiPhone y Android), que además en su mayoría son gratuitos o disponibles por el módico precio de 1.99 dólares.

De las cinco aplicaciones que presenta el conocido artista estadounidense Scott Snibbe, la más fascinante es sin duda Gravilux, una obra que mezcla, ciencia, arte y juego, inicialmente concebida como instalación para museos y centros de arte y recientemente convertida en una aplicación para iPhone e iPad. Se trata de una obra multiusuario, controlada por algoritmos matemáticos, que combina pintura y animación en tiempo real, en un entorno parecido al espacioGravilux responde al tacto y es cometido de los usuarios descubrir todos los parámetros, como la gravedad, el número de estrellas y sus movimientos, que pueden ser alterados por su intervención.

De las tres aplicaciones abstractas creadas por Pavel Doichev, para demostrar que “el arte debería evolucionar de acuerdo con los avances tecnológicos”, Art in Motion nos parece la más lograda. La obra permite dar vida y animar las marcas que dejamos en la pantalla con los dedos. De esta forma las manchas se convierten en entidades con un cuerpo que puede ser manejado creativa y libremente en una especie de jam sessiongráfica. El usuario puede modificar prácticamente todos los parámetros, no sólo forma, dimensión y color, sino también la velocidad, la forma de moverse y las posibles interacciones entre las manchas.

Reacciona a la fuerza de gravedad también Reflection, una aplicación gratuita para iPhone y iPad de los japoneses Toshiyuki HashimotoMasato Tsutsui y Koichiro Mori, que juega con líneas y gráficos y reacciona también a los sonidos.

Dejando a un lado la producción más estrictamente artística, Tablet otorga cierta importancia a las aplicaciones musicales. Entre las propuestas de corte más tradicional destacamos el violín digital de Magic Fiddle de Smule y Accordéon de Alex KomarovSergey Rachokque permite transformar la tableta en un acordeón y fue recomendada por el propio Steve Jobs, poco antes de su prematuro fallecimiento.

Entre las aplicaciones musicales gratuitas, más creativas y menos previsibles, destacanSinging Fingers de Jay Silver y Eric Rosenbaum, que convierte algo invisible como el sonido y la voz en una experiencia audiovisual y Mugician de Rob Fieldingun sintetizador para iPad, capaz de varios efectos, que puede ser acoplado a un amplificador para guitarras eléctricas.
También resulta interesante Auditorium, un conjunto de puzzles audiovisuales interactivos del estudio de Filadelfia, Cipher Prime Studios. El juego completoAuditorium: The Online Experience incluye más de 70 niveles divididos en 15 actos, pero cuesta 9,99 dólares, aunque representa –todo sea dicho–  el resultado de ocho meses de trabajo de dos jóvenes desarrolladores independientes, Dain Saint y William Stallwood.

Aunque no son gratuitas, tienen cierto interés Spirits, una aventura gráfica que pone en entredicho las reglas tradicionales del juego de Mattias LjungstromMarek Plichta,Andreas Zecher y Martin Strak y Multipong, una aplicación para iPhone y iPad, a mitad entre pinball y pong, que acepta hasta cuatro jugadores contemporáneamente, creada por los franceses Antoine Lepoutre y Aurélien Potier.

Hay un poco de todo y para todos. Lo demuestran Nate Murray y TJ Fuller, que presentan una aplicación para gatos, el iPad Game for Cats, que por lo visto les tiene totalmente enganchados!

Y para quien quiera saber más, aquí está el enlace al programa completo de todas las aplicaciones de tablet-art.

Classify, música clásica en Spotify


El servicio musical estrena una aplicación para aprender a disfrutar y descubrir los clásicos.

Aunque se llame Classify la aplicación no sirve para poner orden, sino para descubrir y paladear la música clásica en Spotify. De momento solo funciona en PC y Mac, pero no en móviles y tabletas.

Se instala dentro del propio programa y da contexto sobre las grandes creaciones de la Historia. Se pueden escoger entre orquestas, música de cámara, ópera o solistas.

App para Android y IPhone de “Melómanos Locos”


Tenemos aplicación propia. Aunque no sea una joya en cuanto a estilismo, al menos podrás tener todas nuestras actualizaciones y contenidos en cualquier lado sin tener que usar el navegador del móvil para ello. ¿Qué te parece la aplicación? Vota y si tienes idea de programar y crees que puedes hacerla mejor, ayúdanos!

LINK de la aplicación.

Saludos!

Yeny Delgado, cada vez mejor


Salta, 22/03/2012. Teatro Provincial. Solista: Angel José Martínez Haza (violín). Orquesta Sinfónica de Salta. Directora, Yeny Delgado. Romeo y Julieta, obertura fantasía de Piotr Ilich Chaicovsqui (1840-1893). Romanza para violín y orquesta en fa menor, op. 11 de Antonin Dvoràk (1841-1904). Danzas Sinfónicas op.45 de Sergei Rajmaninov (1873-1943). Aforo 75%.

Si, un repertorio pausible, para muchos poco transitado pero no por ello menos interesante. Luego del deterioro soviético, durante años las orquestas rusas atravesaron por severos problemas morfológicos. No hablo de calidad sino de cantidad, y sus formaciones aparecían como de menor sustancia, comparadas con las grandes orquestas occidentales. Ese camino, tal vez no deliberadamente, fue el elegido por la directora cubana. Y en el terreno de las suposiciones, quizás esta circunstancia tuvo que ver con sus modos suaves y delicados. El drama de la lucha entre las familias de los Montescos y Capuletos que generó muchísimas visiones artísticas al tener que ver con el juvenil amor de dos adolescentes que termina trágicamente, exigía desde lo estrictamente musical una lectura más apasionada, sobre todo en la exposición de los temas que retratan a Julieta y a Romeo. No es una mala crítica porque afinación y tempo fueron correctísimos, simplemente es un modo de señalar que la maravillosa orquestación del compositor merecía una forma más corpulenta y maciza.

Llegó el solista de esta noche. Martinez Haza pertenece a la sección de primeros violines de la orquesta. Es un ejecutante prolijo y si bien se preocupó permanentemente por exhibir el sentimiento nostálgico de la página, su lirismo, sus aspectos melódicos que devienen de una obra de cámara anterior del compositor, el espíritu eslavo de Dvoràk quedó a medio andar. El inicio casi etéreo, magistralmente entrelazado con una modulación memorable prometía su conocido carácter checo. Fue sólo una atmósfera, un ligero manto bien leído, es cierto, pero sin todo ese adorno propio de las cosas de Dvoràk

Los compositores rusos de la segunda mitad del siglo XIX en adelante, fueron dueños de una inventiva melódica conmovedora. Pero al mismo tiempo, dominaban largamente el arte de instrumentar. Ya lo habíamos notado en el primero de la noche y luego la directora se encargó de traer estas características del notable Rajmaninov en el mejor momento del concierto. Originalmente escrita para dos pianos (su idea era Horowitz y él mismo) comenzó a orquestarlas con un criterio postromántico con una tímida inserción en el incipiente modernismo. Delgado tuvo enorme musicalidad y llevó la obra con arte. Se lució en la primera danza el impecable solo de saxo alto de Nelso Leonardo Montero y en la segunda, uno breve del violín concertino Ana Cristina Tarta. La directora aprovechó lo que ya se anticipó el jueves pasado, la orquesta flexible, poderosa por momentos, en definidos bloques en otros o en bellas sutilezas cuando hacía falta. En resumen, la Mª Delgado hizo realidad el concepto “la tarea del artista es descubrir cuanta música uno puede hacer con lo que tiene de esfuerzo y talento”.