Wagner rejuvenece en Manaos


El Festival Amazonas celebra el 200º aniversario del compositor con

una lectura iberoamericana de ‘Parsifal’ llena de humor y realismo mágico

Richard Wagner nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813. Durante estos días se celebra en medio mundo su 200º cumpleaños. Los teatros de ópera procuran reunir a los mejores intérpretes de la actualidad en este repertorio, desde Thielemann a Kaufman, pongamos por caso, y se recrean las páginas musicales más famosas, o las más raras, del compositor. Los ecos del homenaje han llegado a Manaos, en Brasil, con una propuesta iberoamericana comandada por dos grandes especialistas wagnerianos: el director musical brasileño Luiz Fernando Malheiro y el director de escena mexicano Sergio Vela.

El resultado artístico de esta combinación ha sobrepasado las mayores expectativas. En realidad era algo que no tenía por qué sorprender de la manera que lo ha hecho. En Manaos ya se había representado en 2005, con la dirección de Malheiro, un Anillo del nibelungo de mucho mérito, acompañado de un congreso internacional sobre Wagner de campanillas que hizo reivindicar a varios musicólogos alemanes la plaza de Manaos como “segundo Bayreuth”. También en Manaos ha dirigido escénicamente un Holandés errante el mismísimo Schlingensief, con referencias a la selva amazónica incluidas.

Malheiro se ha convertido por méritos más que sobrados en el gran maestro brasileño de la dirección wagneriana y solo hay que ver las programaciones de Río de Janeiro o São Paulo para comprobarlo. En cuanto a Sergio Vela, su versión del Anillo del nibelungo hizo historia en México, y de ello hay publicado un libro del máximo interés. Dios los cría, pues, y ellos se juntan. En esta enumeración de circunstancias previas, es oportuno señalar que el público de Manaos es muchísimo más joven que el que asiste a los teatros europeos de ópera. Aún figura en las localidades la sugerencia de que se asista con la debida compostura en el vestuario a los espectáculos líricos, sin “camisetas, bermudas o chanclas”. El atuendo mayoritariamente es informal y las corbatas escasas. Los precios se sitúan en un abanico de 2 a 28 euros, y los jóvenes responden con su asistencia y con un nivel de concentración extraordinario a las óperas programadas. La explosión de gritos y ovaciones al final se produce en el más puro estilo de los conciertos de rock.

El planteamiento escénico de Sergio Vela y sus colaboradores enParsifal juega con los conceptos de espacio y tiempo en función de la mejor comprensión musical de la obra. Hay un tratamiento de maquillajes y movimiento en una estética que remite al teatro No, lo que favorece la adaptación del espectador a las longitudes wagnerianas, especialmente en el primer acto.

El trabajo de la coreógrafa Ruby Tagle es encomiable. Y los coros se sitúan en la última planta del teatro, provocando un sonido envolvente muy atractivo y convirtiendo el espacio teatral en una emulación del templo del Grial. El psicoanálisis tiene una carga determinante en las relaciones entre Parsifal y Kundry en el segundo acto, con el beso entre ambos como elemento desencadenador de conflictos interiores. La compasión siempre está en primer plano en este montaje simbolista y teatral. No existen interpretaciones añadidas, sino cercanía. La propuesta seduce y arrebata por su cultura teatral, por sus juegos de dualidades a partir de una testimonial imagen de dos troncos de árbol y por la ausencia de pedantería.

Se cita en el texto de la obra la expresión “excelso milagro” y a ello hay que referirse en el nivel de interpretación musical, con un Malheiro inspirado al límite y una orquesta con muchos jóvenes que sigue sus indicaciones con pasión no disimulada en el límite del arrebato, pasión que se extiende a los coros. El reparto vocal tiene mayoría de brasileños y mexicanos, con el refuerzo del estadounidense Michael Hendrick como Parsifal y la rusa Olga Sergeyeva como Kundry. A nivel de excelencia se sitúan el mexicano Noé Colín como Amfortas y el brasileño Pepes do Valle como Titurel, en un reparto homogéneo y estilísticamente impecable.

El éxito fue inenarrable. El Festival Amazonas de Manaos, que ya en la edición anterior obtuvo la distinción al mejor espectáculo de ópera en Brasil con Lulú, de Alban Berg, dirigida por Malheiro y Tambascio, se reafirma como una de las manifestaciones más estimulantes en estos momentos del universo lírico en Iberoamérica. El nivel de calidad roza los postulados de ese realismo mágico tan consustancial al continente y tan admirado en España.

 

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Ópera sobre los calabozos de la Gestapo


El emperador de la Atlántida’, de Ullmann lleva “la voz de las víctimas al lugar de los culpables”

“Hallo, Hallo”, saluda la voz distorsionada por megafonía. En mitad del gran solar dejado por los cuarteles generales de la SS y la policía nazi en el corazón de Berlín no hay duda de quién se dirige a la audiencia con la dicción tajante de los voceros de Hitler. Anuncia el megáfono que esto, pese a todo, es una ópera y que tratará del Imperio de la Atlántida, donde la Muerte está a punto de abandonar su tarea. La obra de Viktor Ullmann Der Kaiser von Atlantis oder Die Tod-Verweigerung (El Emperador de la Atlántida o La renuncia de la Muerte) se representó este fin de semana dos únicas veces en el vestíbulo del complejo conmemorativo berlinés Topografía del Terror, sobre el terreno que ocuparon los calabozos de la Gestapo y el despacho de Heinrich Himmler. Pese a la “guerra de todos contra todos” que declara a su comienzo de la pieza el tirano Overall –Über AllesPor Encima de Todocomo Alemania en su himno nacional-, en la Atlántida nadie puede morir.

Son las circunstancias opuestas al del lugar donde el austriaco de ascendencia judía Ullmann compuso y no llegó a estrenar su pequeña “ópera en cuatro imágenes”. En el campo de concentración de Theresienstadt, establecido en 1941 por los alemanes en una vieja guarnición militar austrohúngara al norte de Praga, la muerte era ubicua o aguardaba unos 500 kilómetros al este a casi 150.000 judíos en las cámaras de gas de Auschwitz.

Allí acabó el propio Ullmann el 18 de octubre de 1944, tras esforzarse durante meses por estrenar su Emperador para los presos de Theresienstadt. El musicólogo Albrecht Dümling explicó antes de la representación del sábado que no lo deportaron solo: “muchos implicados en el proyecto de su ópera terminaron en Auschwitz, cantantes, músicos… De todos ellos, sólo sobrevivió el bajo”. El único que dejó Auchwitz con vida fue el que debía interpretar a La Muerte.

El libretista checoslovaco Peter Kien tenía 25 años cuando murió de una enfermedad en el campo de exterminio, nada más llegar. Su cadáver, como el de más de un millón de judíos, -su esposa y sus padres entre ellos- ardió en los hornos nazis y encontró la tumba en las nubes polacas que cantó el poeta rumano Paul Celan.

Theresienstadt era distinto, un lugar espantoso pero con condiciones de muerte artesanales en lugar de la eficiencia industrial de los campos de exterminio como Auschwitz-Birkenau, Sobibor o Treblinka que los alemanes construyeron en la Polonia ocupada sin otro fin que asesinar judíos y, de paso, algunos grupos menores de “indeseables” o “asociales” como los gitanos que se iban encontrando. En Theresienstadt, superpoblada y miserable, los judíos disponían de distracciones como el teatro o la ópera y disfrutaban de cierto grado de autogestión del horror. Así, la autoridad civil tenía competencia para decidir quién abandonaba el campo para dejar sitio a los nuevos transportes. El destino, al Este, lo conocían todos.

“Qué enfermedad tienen mis soldados”, pregunta el Emperador y Archipapa Overall (el barítono Klaus Häger) a su Tambor (la mezzosoprano Vanessa Barkowski). La “guerra de todos contra todos” y la “aniquilación de el Mal” que ella anuncia con la música del himno nacional alemán son la “guerra total” propugnada por el propagandista del régimen nazi Joseph Goebbels y el exterminio de los judíos. Pero las toneladas de fósforo, los “torpedos subterráneos” y las “hordas de aviones” no están sirviendo para nada. El médico certifica que se extiende “una rara enfermedad, los soldados no pueden morirse”. ¿Número de bajas? Ninguna.

Los hospitales están llenos de heridos que no salen de su agonía. Espantado por la deserción de la Muerte (el bajo Martin Snell), que él creía su aliada, el Emperador teme por el ejercicio de su poder soberano: si no puede decidir sobre la muerte de sus súbditos, ¿quién le va a obedecer? Haciendo de su capa un sayo proclama que el destierro de la Muerte es obra suya y que regalará la vida eterna a sus soldados. La sátira de Hitler, Goebbels y el nazismo debía ser obvia para los judíos que no pudieran ver representado El emperador de la Atlántida” en Theresienstadt.

La escena siguiente es el encuentro entre la muchacha Bubikopf (la soprano Claudia Barainsky) y un soldado (el tenor Martin Nyvall), que al percatarse de que no pueden matarse mutuamente afinan un diálogo amoroso cuyo efecto en el campo de concentración es difícil de imaginar: “¿Será verdad que algunos paisajes no están acribillados por los obuses? ¿Será verdad que algunas palabras no son rudas y amargas?”. Escapan. Al final, el Emperador suplica a la Muerte que regrese y ésta acepta a cambio de que él sea el primero en morir. Overall toma la mano que le tiende la Muerte.

Uno de los organizadores de la velada, Peter Eckel, explicaba al termino de la concurrida representación que la Fundación Topografía del Terror quería “traer, simbólicamente, la voz las víctimas al lugar de los culpables”. El cuadrado de cristal y aluminio de la exposición permanente, levantado junto a las mazmorras donde los nazis torturaron a decenas de miles de judíos, opositores y disidentes, se llenó el viernes de dejes jazzísticos, de citas a Mahler y de referencias a la Torá cantadas sobre las mismas cadencias de violín y trompeta que los nazis despreciaban, sobre la tramoya legada por Richard Wagner y demás antisemitas del Diecinueve, como “antimusicales” y “antialemanas”.

Cuando el compositor ya había abandonado el proyecto operístico por los continuos problemas con las autoridades civiles, los nazis avisaron de que se esperaba una visita de la Cruz Roja para la que requerían orden y aseo. Tocaba reducir personal. Un rabino protestó y apareció tiroteado. En la otra cara del libreto del Emperador de la Atlántidapueden leerse aún listas de nombres de los judíos que iban a ser deportados. El papel escaseaba. La Cruz Roja quedó muy satisfecha con la visita a lo que les pareció un campo de concentración ejemplar. Poco después, Ullmann y sus músicos partieron en los trenes de la muerte. Su ópera se estrenó en 1975.

 

La Ópera de Düsseldorf decide cancelar el controvertido Tannhäuser


Bajo un sencillo comunicado, la dirección de la Ópera ha justificado la decisión al comprobar que varios espectadores necesitaron ‘atención médica’ durante y al final de las representaciones.

La Deutsche Oper am Rhein de Düsseldorf ha tenido que cancelar las representaciones de una producción del Tannhäuser de Wagner después de que algunas de las escenas propias de esta obra se revelaran como insoportables para gran parte de la audiencia. El director de escena Burkhard C Kosminski ha situado la obra en un campo de exterminio nazi durante los terribles años del Holocausto, mostrando en él precisas descripciones de cómo funcionaban las cámaras de gas. Las restantes representaciones serán realizadas en versión concierto.

‘Tras considerar todos los argumentos, se ha llegado a la conclusión de que no se podía justificar el extremo impacto del trabajo artístico’, dice el comunicado. ‘Se ha llegado a comprobar que muchas de las escenas son presentadas con bastante realismo, lo que ha conllevado a algunos espectadores a padecer estrés tanto físico como psicológico’.
Aunque la compañía trató de disuadir a Kosminski para que retirara las escenas más delicadas, el escenógrafo se negó a ello esgrimiendo razones artísticas.

Parsifal – Bavarian Radio Symphony Orchestra/Jansons – review


The Barbican’s brutalist ziggurat, one might suppose, bears little resemblance to Monsalvat, Wagner’s imagined castle of the Holy Grail which is the setting for Parsifal. It provided a monumental challenge for Valery Gergiev and his Mariinsky Opera of St Petersburg to render this concrete modernity into a place of misty Arthurian legend. That they all but succeeded in Tuesday’s concert performance, also given last week in Cardiff and Birmingham, is cause for untrammelled admiration.

Leaps of fantasy are all part of a good night out in the concert hall of course, but Parsifal poses unique sonic difficulties. Wagner wrote it for his own purpose-built opera house in Bayreuth, where it was premiered in 1882. The famous secret of that theatre is the pit: the orchestra is completely hidden beneath the stage, the sound emerging in an all-encompassing entity which supports rather than fights with the singers.

Without that obliging acoustic, the Mariinsky orchestra took time to find the right integrated sound, and the prelude to Act 1 did not bode well, with ensemble uneven and bumpy, the slow chord-changes messy. As the evening progressed, however, the Russian players settled down and proved themselves tireless heroes of this five-and-a-half-hour marathon: strings were precise and disciplined, brass offered a thrilling amalgam of tonal variety, from thundering trombones to glistening, seraphic trumpets. The opening to Act 2, set in the debauched domain of Klingsor (the castrated sorcerer, you may recall), is bolder, faster and less cruelly exposed for the players. Even though the orchestra was not enormous, I’m not sure I have heard this music played louder, which is not necessarily a compliment but it certainly manacles your attention.

The same could not be said for all the singers. Unsatisfactorily, they were placed either side of the stage. If that helped in terms of audibility, it dashed all hope of dramatic sense or focus. Russian pronunciation of German – and yes, we are fine ones to talk – can be particularly hazardous for singers, but was not bad on this occasion. The best singing came from the almighty Larisa Gogolevskaya (Kundry), whose voice seems to break in at least three parts and is often not beautiful but who puts her very soul into each note.

Nikolai Putilin’s Klingsor showed comparable force and strength. Yury Vorobiev had an attractive voice as Gurnemanz but, like Avgust Amonovin the title role, seemed text-bound and dull, making the long exchange in Act 3 between the pair well nigh interminable. As Amfortas, Evgeny Nikitin looked restless and even bored until he opened his mouth and sang, with strident conviction, of the agonies and shame of that suspicious wound of his that won’t heal.

Gergiev was unhurried in his pacing, but as his recent recording demonstrates, he has a formidable grasp of this work and the longueurs were not of his making: he was cheered wildly at the end. Wagner, hunger, some dull singing and the prospect of a late journey home were as much to blame.

Parsifal culminates in the overwhelming “Good Friday Music”. In German-speaking countries the work remains associated with performances on that day, often given in an atmosphere of hallowed, if ecumenically pagan religiosity: sex, disease and death play as large a part as proto-Christianity, Buddhism and Schopenhauer. To err is human but it feels divine, as Mae West might have explained the goings-on in Parsifal. The six flower maidens provided good aural light relief and visual colour in this spooky male-brotherhood world.

Janácek was no more conventional in his religious belief than Wagner. His Glagolitic Mass (1926), set to a suspect version of Old Church Slavonic, was apparently written in a mood of religious ecstasy which could have had something to do with his late-flowering passion for a much younger married woman. The Czech novelist Milan Kundera called it “more an orgy than a mass”. That scalding clash of sacred and profane was expressed in a blistering performance by the Bavarian Radio Symphony Orchestra and Chorus under their chief conductor,Mariss Jansons, at the Lucerne Easter festival last weekend.

Moscow-born soprano Tatiana Monogarova as the “maiden-angel” led the soloists in this intense work, with its uncomfortably high-lying tenor and brass writing, which creates an atmosphere of endless nervous pressure and release. Perhaps Kundera was right. Near the end, the solo organist lets rip orgiastically. The superb Latvian virtuoso Iveta Apkalna, who studied at the Guildhall School of Music and Drama in London, brought rare glamour to the organ loft, visible on high in Lucerne’s contemporary white auditorium.

This was a star event, one of three concerts by this outstanding Munich-based orchestra who are now among the leading ensembles in the world. Their style is generous, warm and big-hearted, their relationship with Jansons one of mutual adoration. In these programmes of Brahms (Symphonies 2 and 4) and, under the baton of Bernard Haitink, Bruckner’s Fourth Symphony, the timpanists and principal horn were notably dazzling. Maria João Pires was the soloist in Mozart’s Piano Concerto No 20 in D minor, K466, sensitively accompanied by Haitink and the orchestra. Her account was entirely about Mozart, not a jot about her. Few performers are more wholly at the service of the composer than this marvellous and modest Portuguese veteran player.

Lucerne’s Easter festival, increasingly a rival to the recently troubledSalzburg one, attracts only the best: this past week András Schiff conducted Bach’s B minor Mass, the King’s Consort and the Hilliard Ensemble sang requiems by Mozart, Palestrina and Victoria, and the week opened with an appearance from the near-mythical Claudio Abbado and his Orchestra Mozart, who will be back for Lucerne’s summer festival.

The atmosphere is scarcely penitential but there is a distinct mood of artistic fervour among the audience. As the festival director, Michael Haefliger, who founded the event in 1988, has said, these Easter concerts are a way of bringing together all sensibilities: “the orthodox and the heretics, the doubters and the God-fearing”. Wagner, who had a decidedly non-God-fearing lakeside ménage in Lucerne when Parsifalwas only a dream on his artistic horizon, could hardly have expressed it better.

Llegará la tetralogía de Wagner al Auditorio Nacional


La megaproducción de Robert Lepage será transmitida desde el Metropolitan Opera de Nueva York.

Como parte del “Festín wagneriano”, el Auditorio Nacional, de la capital mexicana, proyectará desde el Metropolitan Opera de Nueva York “La Valquiria”, “El oro del Rin”, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”, óperas que componen la famosa tetralogía “El anillo del nibelungo”.

El espectáculo, producido por Robert Lepage, estará compuesto por 19 horas de música que podrán ser disfrutadas entre el 26 y 27 de mayo, y el 2 y 3 de junio.

Además, el 21 de mayo se presentará en El Lunario del Auditorio, el documental de Susan Froemke, ganadora de cuatro premios Emmy, “El sueño de Wagner”, que a lo largo de dos horas expone el proceso creativo de Lepage para realizar este montaje, sobre la obra de Wagner.

Luego de las temporadas “El oro del Rin-La Valquiria”, entre 2010 y 2011, así como “Sigfrido-El ocaso de los dioses”, en 2011 y 2012, la Metropolitan Ópera traerá a México este trabajo en el que invirtió 16 millones de dólares, a través de una pantalla gigante para que el público mexicano pueda apreciarla.

Participarán diversos intérpretes operísticos entre los que destacan la soprano Deborah Voigt, en el papel de Brunilda, el barítono Bryan Terfel como Wotan, Jay Hunter Morris será Sigfrido y Eric Owen tomará el papel de Alberich.

Ejecutarán la obra, enmarcados por una escenografía de 45 toneladas denominada “La Máquina”, que recrea bosques, ríos y murallas para el desarrollo de una historia inspirada en leyendas nórdicas de dioses, gigantes y seres humanos.

“El oro del Rin” y “La Valquiria”, estarán bajo la dirección orquestal de James Levine, mientras tanto Fabio Luisi conducirá “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”, en un escenario con múltiples recursos materiales y artísticos, que se han empleado desde el estreno que llevo a cabo el propio Wagner en 1876.

La lucha por obtener un anillo mágico que otorga poder absoluto a quien lo posea, es el hilo conductor de “El oro del Rin”, ópera en la que existe una lucha a muerte entre un dios, un líder nibelungo y un grupo de gigantes, quienes establecen la incompatibilidad entre el poder y los buenos sentimientos.

“Sigfrido” es un héroe que se enfrenta con un dragón que vigila el anillo.

Por otra parte, “El ocaso de los dioses”, trata sobre el amor y la envidia que confunden a Sigfrido a causa de una poción mágica, mientras que “La Valquiria”, narra la historia de unos gemelos que fueron separados violentamente, pero vueltos a unir por el destino.

En un comunicado, el Auditorio Nacional informó que a través de esta programación pretende promover las bellas artes entre el gran público y su vocación como espacio plural e incluyente.

La Asociación Wagneriana de Madrid organiza el Primer Concurso de Jóvenes Voces e Instrumentistas


La Asociación Wagneriana de Madrid, en colaboración con la Richard Wagner Verband International E.V., acaba de convocar su Primer Concurso de Jóvenes Voces e Instrumentistas en el que se concederán tres becas a estudiantes españoles. Los premiados compartirán, junto a becados de diferentes países, la experiencia única de convivir durante una semana (del 7 al 12 de agosto de 2012) dentro del complejo y apasionante mundo que rodea al Festival de Bayreuth. Acudirán a tres representaciones (Tannhäuser, Lohengrin y Parsifal) y participarán en un concierto abierto al público. Además, tendrán diferentes encuentros con profesionales consagrados del mundo de la orquesta y del canto. La Asociación Wagneriana de Madrid se responsabilizará de los gastos de alojamiento, manutención y asistencia a los diferentes actos durante el Festival, así como de los billetes de avión y traslados necesarios desde su lugar de residencia a Bayreuth.

Podrán participar en el concurso todos aquellos que cursen o tengan estudios musicales y hayan nacido después del 1 de enero de 1980. Las candidaturas deberán enviarse a la Asociación Wagneriana de Madrid, (calle Maldonado nº 4, 2º B, 28006 Madrid), junto a un CD en el que los aspirantes interpreten dos arias o dos piezas instrumentales. El jurado valorará especialmente que una de las obras elegidas pertenezca al repertorio wagneriano. El CD deberá estar perfectamente identificado con nombre, apellidos, teléfono, correo electrónico y DNI del candidato, así como con la descripción de las piezas que contenga. Los candidatos podrán optar por enviar sus interpretaciones en ficheros digitales al correo electrónico de la AWM: aw@awmadrid.es. El plazo de presentación finaliza el 25 de abril de 2012.

Respecto al proceso de selección, la Asociación Wagneriana de Madrid designará un jurado de profesionales altamente cualificados, representantes de la directiva de la Richard Wagner Verband International E.V. En la fase de selección, el jurado elegirá entre los candidatos a diez finalistas, que serán invitados a participar en un concierto, que se celebrará en Madrid el 28 de mayo próximo en el Salón de Actos de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Los participantes en el concierto interpretarán dos piezas instrumentales o vocales. El fallo del jurado será irrevocable y se darán a conocer los nombres de los tres ganadores una vez finalizado el recital. Los participantes en la final se responsabilizarán de los gastos de desplazamiento, manutención y alojamiento que pudieran tener en Madrid.

Katharina: “Wagner aún es interesante para la sociedad del siglo XXI”


Katharina Wagner, que en Barcelona presenta el Festival Bayreuth, dice que su bisabuelo debería ser visto como una persona interesante

Katharina Wagner

Richard Wagner mantiene el interés del público en el siglo XXI porque trata en sus óperas temas universales, según sostiene su biznieta, Katharina Wagner.

Katharina Wagner, que ha presentado en Barcelona el programa que el Festival Bayreuthofrecerá en el Gran Teatro del Liceo en septiembre próximo, ha dicho que su bisabuelo debe ser visto hoy en día como una persona que ofrece algo interesante, que crea una tensión y un interés en el espectador. “Si el público operístico no se sintiera atraído por su obra, no valdría la pena representarlo”, ha añadido.

En su opinión, el interés que despierta en la actualidad Wagner radica en que trata en sus obras unos temas que son prácticamente eternos, universales, como el odio, el amor, la ambición, la posesión, el poder, es decir, todas las cosas que son inherentes a la naturaleza humana y que seguirán siendo objeto de nuestro interés.

Para el festival Bayreuth en Barcelona se trasladarán hasta el Liceo en septiembre cien cantantes del coro y otros tantos músicos de la orquesta para ofrecer en versión concierto las óperas de Richard Wagner El holandés erranteLohengrin y Tristán e Isolda.

Katharina Wagner ha confesado que le encanta el Liceo y le gusta Barcelona, donde hay un público muy abierto, y que está abierta a trabajar en la ciudad como directora de escena.

Para la heredera wagneriana, el Liceo es uno de los lugares más privilegiados y de gran interés artístico y por eso no ha habido el más mínimo problema en pedir a los músicos y cantantes que vinieran.

Katharina ha recordado que las salidas del festival wagneriano no son regulares y sólo se rigen por la calidad del lugar, como la Ópera de Tokio o el teatro de Taormina (Italia).

Las actuaciones del festival Bayreuth en Barcelona podrían ser consideradas como el toque de salida del Año Wagner que conmemorará el bicentenario del compositor alemán, pero Katharina prefiere no herir susceptibilidades porque todos quieren ser el toque de salida.

Para ese Año Wagner en 2013 está prevista la representación en Leipzig o en Bayreuth de las tres primeras óperas del compositor: Las hadasDas liebesverbot y Rienzi, así como un concierto conmemorativo el 22 de mayo en la sede del festival.

Para el director artístico del Liceo, Joan Matabosch, la presencia de Bayreuth en el Liceo es un acontecimiento de primera magnitud, puesto que es excepcional que salga fuera de Alemania y ha sido posible gracias a la tradición wagneriana de Barcelona, y porque hay una muy buena sintonía con las responsables de este evento, Catherine y Eva Wagner.

El Liceo ya acogió en 1955 un Festival Wagner, con la puesta en escena de ParsifalTristán e Isolda y Las Valquirias, a cargo de la orquesta sinfónica de Bamberg y el coro del festival de Bayreuth, dirigidos por Joseph Keilberth y Eugen Jochum, que conmocionó al público barcelonés.

En el caso de septiembre de 2012, será Sebastian Weigle quien dirija los días 1 y 4 de septiembre El holandés errante, y los días 2 y 5 Lohengrin, mientras que Peter Schneider se encargará de la dirección de Tristán e Isolda el 6 de septiembre.

El presupuesto de estas actuaciones asciende aproximadamente a 1,5 millones de euros, que se prevén recuperar en un 92% gracias a los ingresos de taquilla y el resto a través de operaciones de patrocinio (Siemens y las fundaciones Agbar y Banesto).

Para las tres actuaciones se han puesto a la venta un total de 11.400 localidades, un 10% de ellas en abono, con precios que van de 25 a 250 euros por localidad.

FUENTE: La vanguardia

Disponible nuevo PODCAST de “Grandes ciclos”: Hildegard Behrens – Richard Wagner y Richard Strauss


Ya está disponible el PODCAST del día 3 de febrero  su descarga:

3 de febrero: Hildegard Behrens – Richard Wagner y Richard Strauss   DESCARGA PODCAST