El FIB prevé un 5% menos de asistencia que en 2011


La última edición concentró a 200.000 personas durante los cuatro días de conciertos.

Los organizadores del evento estiman un impacto económico de 21 millones de euros.

El Festival Internacional de Benicàssim (FIB) reducirá ligeramente la afluencia en su decimoctava edición. “Las ventas van bien, no tanto como el año pasado, pero sí esperamos llegar al 95% de 2011”, admitió el jueves el director del festival, Vince Power, durante la presentación del evento en esta localidad. El director ejecutivo, Pepe Corral, dijo que están ante “un año complicado”, pero aludió al “cartel de gran calidad” de este año (que encabeza Bob Dylan, cuya actuación será el viernes 13 de julio) y manifestó que en tres semanas sabrán si cuelgan el cartel de completo.

Las previsiones avanzadas suponen que el FIB perderá 10.000 fibers durante los cuatro días de conciertos con respecto a la última edición, cuando se recuperaron los 200.000 asistentes.

De momento, la venta en el extranjero permanece invariable. No así en territorio nacional, donde las compras se resienten por la crisis. Por esta razón, la organización ha decidido este año aplicar descuentos del 10% en las entradas (que van desde los 75 euros el pase de un día a los 145 por los cuatro) a toda la comunidad universitaria de la Comunidad Valenciana.

El FIB estima que este año supondrá un impacto económico de 21 millones de euros, de los que tres serán en inversión de proveedores valencianos.

Sobre las noticias que auguraban un cambio de sede del festival ante problemas como el aumento en el alquiler de los terrenos, el director ejecutivo manifestó que “el FIB no tiene sentido si no es en Benicàssim”, pero volvió a hacer un llamamiento a las Administraciones para que los compromisos “no se queden en discursos y se hagan efectivos”.

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“La música es como un lenguaje, y en ella puedes escuchar conversaciones”


El pianista Lang Lang protagoniza una conferencia en el Reina Sofía organizada por EL PAÍS.

El estatus de celebridad que el pianista chino Lang Lang ha adquirido en los últimos años habla de una nueva mentalidad sobre la música clásica. La conferencia que tuvo lugar ayer en el auditorio del museo Reina Sofía de Madrid, moderada por el periodista Jesús Ruiz Mantilla y auspiciada por la Fundación Telefónica, es la prueba de cómo de ser prácticamente desconocidos para el gran público, estos músicos comienzan a abrirse camino al estrellato mediático, y con él, a la mayor difusión de su obra. Unas 200 personas, que religiosamente hicieron cola a la intemperie bajo una llovizna que acabó en aguacero, acudieron a ver y oír a Lang Lang hablar de su arte, sí, pero también de sus viajes, de sus proyectos filantrópicos, de su infancia o de su visión de un mundo en crisis.

Por partes. De la música -de su música- el pianista contó que esa misma tarde había estado grabando una pieza de flamenco. Del flamenco, la conversación derivó en las diversas músicas españolas, y de ahí a las europeas. “Cuando era pequeño no me daba cuenta de que los europeos eran tan diferentes entre ellos, lo mismo que pasa cuando los europeos piensan en los asiáticos”, explicaba Lang, que ahora tiene 29 años. “Luego te das cuenta de que la música es como un lenguaje, y en la música de un país puedes escuchar las conversaciones de un idioma”.

En el repaso por su infancia y adolescencia, relató Lang cómo una de sus primeras profesoras de piano casi le hizo desistir de su pasión. “Teníamos problemas de incomunicación, y al final ella me despidió”, contaba entre las risas del público en un inglés fluido, al que el periodista Ruiz Mantilla daba réplica en castellano. Después de ella, llegó Pekín, adonde se mudó desde su Shenyang natal junto a su padre. “Al principio fue duro adaptarme, y sobre todo echaba de menos a mi madre”. (Quizá para no sentirse en el extranjero, el pianista acudió con ella a la conferencia). Más tarde, el salto a EE UU. “Allí aprendí a abrir mi mente en vez de enfocarme solo en un periodo musical o en un país. Todo el mundo debería tener la oportunidad de aprender de todo”.

Ese carácter generoso que ya había sugerido, salió a relucir de pleno con su trabajo con doce niños -unos con talento musical, otros más desaventajados-, a quienes la fundación que creó en 2008 concede becas de estudio. El origen de su filantropía, apuntó, quizá naciera en el viaje que realizó en 2004 a África como embajador cultural de Unicef. “La situación de alguna gente allí me hizo sentir triste”, aseguró el pianista, al que Ruiz Mantilla definió, acertada y asentidamente por el aludido, como “un músico global”.

Llegado el turno de preguntas del público, algunas cuestiones técnicas: “¿Por qué toca la Rapsodia húngara nº 2 de manera diferente a otros pianistas?”; ¿Aprendió a tocar usando escalas?”. “Son preguntas difíciles”, decía risueño el músico. Otras intervenciones fueron tan entrañables que arrancaron los aplausos de los presentes, como cuando un niño de 12 años le agradeció que se acordara de los más pequeños a través de su fundación. A la cuestión de cuándo comprendió que era músico, que esa era su vida, Lang Lang respondió que fue a los cinco años, subido ya sobre un escenario. “Me dí cuenta de que tocar ante el público es cálido, es muy satisfactorio”. Quizá, tras la acogida de ayer, volviera a sentir lo mismo.

El planeta Johnston colisiona con España


Una muestra de los dibujos y una gira de conciertos traen a cuatro ciudades las legendarias visiones de un icono del ‘grunge’.

“No dejes que nadie te diga que es mejor vivir colocado que en la realidad”, proclama en tono amenazante el superhéroe Destructor de drogas en uno de los dibujos hechos a boli, rotulador o simple lápiz de madera. Una lucha, en cierto modo, que el propio Daniel Johnston ha librado en sus con los medicamentos que le han acompañado siempre para darse de tortas con la enfermedad mental que le ha mantenido toda su vida haciendo equilibrios en los bordes de la locura y la genialidad. Un emocionante universo que la Casa Encendida explora estos días con la exposición sobre la figura de un artista convertido en todo un icono de una generación de músicos que le veneró como Sonic Youth, Kurt Cobain o Yo la tengo. Un recorrido a través de sus dibujos, primeras grabaciones en casete y un concierto que se celebrará esta noche en la misma Casa Encendida.

Y ahí estaba él haciendo la prueba de sonido esta mañana. Con una botella de Coca-Cola light y toda la pachorra del mundo. Leyendo sus propias canciones que recuerda con dificultad y que lleva anotadas en páginas arrancadas de un gran bloc de notas. Pantalón de chándal, polo raído y como recién levantado, con una pequeña guitarra, tocando para 13 periodistas como si fuera la primera vez que tenía público. “¿Queréis que toque otra?”, ha soltado con toda la amabilidad e ingenuidad de un primerizo.

En el piso de arriba, una sala del centro cultural alberga una retrospectiva de los dibujos que su manager y amigo Jeff Tartacov fue coleccionando durante años. En cuatro magnetofones pueden escucharse las cintas de sus primeras grabaciones, también el del álbum mil veces reproducido en camisetas Hi, how are you. En esa cinta, en uno de los temas dice: “Soy un niño en mi universo”. Y así es como ha transitado en una vida de luz y mucha oscuridad, a través de una estructura de personajes imaginarios que no le han abandonado nunca y en los que siempre, de alguna forma, está él: la rana Jeremiah, Joe el Boxeador, el pato de dos cabezas o el Capitán América.

Todos ellos forman un sistema de pensamiento –sí, aunque suene pretencioso- que va de la inocencia a la experiencia siempre inacabada, con los peligros de la corrupción del espíritu representados por figuras demoniacas. Al final del camino se encuentra la redención espiritual en forma del fantasma Casper que no se ha cansado de dibujar nunca. Un zootropo construido con la rueda de una bicicleta da vida a este personaje mientras gira a toda velocidad al fondo de la sala.

La muestra -“la más completa de este artista realizada en España”- se inaugura el próximo viernes y está comisariada por Estela Aparisi e Iñigo Pastor, de Munster Records (el sello que tiene algunos de sus derechos). Bajo la apariencia naïf e infantil de su obra, se encuentra un complejo mundo de simbologías que, al final, se interroga sobre esas preguntas que sitúan siempre en el límite al ser humano.

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31 conciertos en honor del compositor Francisco Escudero


Gipuzkoa celebra hasta diciembre el centenario del nacimiento del músico donostiarra.

Más de 50 actos para rememorar la figura del compositor donostiarra Francisco Escudero. Gipuzkoa y especialmente San Sebastián celebrarán hasta diciembre el centenario del nacimiento del músico con conciertos, actividades paralelas y la publicación de diverso material. “Una figura imprescindible para la música vasca, autor de obras capitales como el Concierto vasco para piano y orquesta, el oratorioIlleta y las óperas Zigor y Gernika”, subrayó ayer la directora de Cultura de la Diputación de Gipuzkoa, Garazi López de Etxezarreta.

La Orquesta Sinfónica de Euskadi y la coral Andra Mari protagonizarán el acto central del centenario con la interpretación de Illeta el próximo 17 de agosto, dentro de la programación de la Quincena Musical. El músico será recordado con un total de 31 conciertos, entre los que también destacan, la interpretación de Mitoen Sinfonia.

“La obra podrá ser escuchada en tres formatos diferentes, en formato para coro pequeño en el mes de mayo en Rentería, para formato medio en San Sebastián en el mes de junio y 600 niños de todo Euskadi la interpretarán en noviembre en Zarautz”, explicaron los responsables de las actividades.

El centenario servirá también para divulgar la figura de Escudero gracias a la publicación de una monografía sobre la vida y obra del compositor, editada por la Diputación de Gipuzkoa. El Archivo Vasco de la Música, Eresbil, creará por su parte una web sobre el músico y publicará un catálogo de sus obras.

Reconocimiento

“Aprovecho para recuperar todo aquello que mi padre creó pedagógicamente, a nivel de creador, pensando en un país socialmente mejor, democráticamente mejor”, recordó el hijo del compositor, Francisco Escudero, que pidió que se haga un esfuerzo por poner en valor el legado de su progenitor.

“Uno es responsable con el tiempo que le toca vivir, y mi padre lo fue”, añadió. El compositor donostiarra, exiliado tras la Guerra Civil, volvió a Euskadi para convertirse en un músico de referencia, además de impulsar con su labor el desarrollo e implantación de la disciplina artística. Escudero dirigió el conservatorio de San Sebastián, que en la actualidad lleva su nombre, y contribuyó a la creación de otras formaciones en el territorio.

Melendi: “Desde mi adolescencia hasta hace poco lo he hecho casi todo mal”


Melendi ya no es el joven de rastas que cantaba rumba.

Jugaba sobre todo de libre, o de defensa central. “Era muy malo”, sostiene él. Pero tampoco debía de serlo tanto, si es que le había fichado el Club Astur, filial del Oviedo. El caso es que, por mucho que le gustara el fútbol, al joven Ramón Melendi había algo que le gustaba más aún. “Me enganché a la guitarra. La tocaba de vez en cuando en casa de mi abuelo, como autodidacta”, cuenta el músico. Eso sí, no se atrevía a enseñarle a nadie sus creaciones: “Es que soltaba lo primero que se me venía a la cabeza”.

Sin embargo, a fuerza de tocar lo que se le ocurría, el adolescente futbolista se hizo joven de pelo rasta y rumba alegre y sus creaciones llegaron a miles de oídos. Siete álbumes y más de un millón de copias vendidas después, Melendi ha pasado a ser un padre de familia de 33 años y melena lisa que ha virado hacia el pop rock y la responsabilidad. Lo que se resume en el titular de su último disco, Volvamos a empezar, que entre abril y junio llevará a nueve ciudades de España en una gira que presentó esta semana. “Es un álbum más reflexivo. Llega un momento en el que miras atrás y te das cuenta de que necesitas un cambio”, asegura.

Mas aún si lo que ves en el pasado apenas te gusta. “La fama me cogió demasiado joven e inexperto. Desde mi adolescencia hasta hace poco lo he hecho casi todo mal”, afirma el cantante asturiano. En una suerte de relación de amor-odio con su pasado, Melendi regresa sin embargo a menudo a su juventud: “Siempre que cojo la guitarra vuelvo a ser un niño”.

Esta vez la ha cogido para un disco “con un sonido muy rockero” y en el que, explica, ha sacado “muchísimo” de sí mismo. Quizás incluso demasiado, ya que, de tanto buscar un nuevo comienzo, se ha quedado sin fuerzas para avanzar: “Me siento vacío. Estoy preparando el nuevo disco pero me está costando. Por la noche escribo una canción y por la mañana me parece una mierda. Ya he tirado unas 30”.

Tal vez dependa también de los cambios en su vida. A saber si la musa que inspiró al chico de Caminando por la vida o Violinista en tu tejadoaprecia también a este hombre de barba cuidada y chaqueta gris que parece haber sentado la cabeza. “Al cambiar tu manera de pensar cambias la forma de componer”, admite el músico. Seguramente al nuevo Melendi le deben de tener más aprecio en los aviones. Desde que fue detenido en 2007 por intentar agredir a un sobrecargo que no le servía alcohol, el asturiano ha mejorado su relación con los vuelos, que le aterrorizaban: “Ya lo llevo bastante bien. Me tomo unas pastillitas y me relajo”.

Lo mismo (relajarse, no lo de las pastillas) podrá hacer a ratos el público que asista a la gira Directo y copas. Melendi asegura que serán actuaciones “más íntimas”, también por los auditorios escogidos: en algunos no caben más de 1.000 personas. “Cambiaremos parte del repertorio, tocaremos más en acústico”, cuenta el músico.

Lo que no cambia es su opinión sobre la piratería. Hace años dijo que era una lacra pero que le había beneficiado mucho, y hoy lo confirma. En esto, el rasta rumbero y el joven adulto van de la mano. Y también lo hacen a la hora de cargar contra las discográficas y sus reediciones especiales. Cajitas, DVD, camisetas y demás maquillajes para vender el mismo producto no convencen a Melendi: “Estoy totalmente en contra. Hace tiempo peleé, y con mis discos ya no se hace”. ¿Cree el músico que la gente puede llevarse la impresión de que están intentando lucrarse a su costa? “No, si es que no es la impresión…”, contesta sincero. Es lo que tiene soltar lo que se le viene a uno a la cabeza.

Rihanna: la provocación puede con todo


  • Saltó a la fama con 17 años.
  • Es la artista que más canciones ‘online’ ha vendido.
  • Diversifica su máquina de hacer dinero como teniente hipervitaminada en una película de acción y extraterrestres.

Es complicado saber dónde está la verdadera Rihanna. En la marioneta sensual, la baladista vulnerable, la mente calculadora, la agresiva dominatriz, la gamberra impenitente. En la artista que “puede convertir a las mujeres heterosexuales en lesbianas”, como resume Kanye West. Básicamente, la barbadense ha puesto todo su empeño en combatir estos tópicos orquestando cada nueva aparición –en vídeos, galas, revistas o redes sociales– siempre diametralmente opuesta a la anterior. Pero parece sentirse razonablemente cómoda en cada registro. Como lo estaba en el papel de la adolescente caribeña de rizos angelicales que irrumpió en la industria con 17 años, infestada de ritmos tropicales y buen rollo, y también en el de amazona de poderosa sexualidad y cortes de pelo vanguardistas que en 2011 apareció en sendos videoclips disparando a sangre fría a un violador (Man down)y consumiendo drogas sin demasiadas sutilezas (We found love).

A tenor de lo visto y publicado en estos últimos siete años, para muchos Rihanna ha desempeñado con enorme éxito el papel de marioneta al servicio de una industria musical anémica. Para otros, ha revolucionado el sector derribando fronteras, imponiendo a su antojo tendencias musicales y productores. Al mismo ritmo, puede añadirse, con el que se ha desprendido de ellos cuando ha intuido que los había puesto demasiado de moda.

También ha sido una damnificada de los tabloides y, a la vez, una provocadora experta en su manejo mercadotécnico. Podría decirse que solo se ha esforzado en rebelarse ante una idea inevitablemente asociada a ella: la de que es una víctima. De qué otra manera interpretar si no la insistencia con la que ha perdonado públicamente a Chris Brown, también estrella del pop y entonces su novio, que le propinó una brutal paliza en febrero de 2009. Tres años después, Rihanna ha invitado al maltratador a cantar en una de sus canciones, al mismo tiempo que ella ha hecho lo propio en una de él, protagonizando uno de los movimientos más confusos y moralmente inquietantes de la historia del pop reciente. La carrera de Brown ha mantenido desde la agresión un éxito considerable, por lo que no parece que este capote deba interpretarse en clave de apoyo. Es, quizá, una forma de subrayar públicamente que simplemente le acepta, y que no quiere ejercer de víctima, ni mucho menos que se la siga considerando como tal. Y mientras tantos se sumen en esta clase de conjeturas, ella no piensa dedicarle una línea más al asunto.

Este miércoles, en un hotel de Londres, la personalidad poliédrica y contradictoria de la cantante se reduce a una sola cara, chispeante y cariñosa, siempre que no se cruce la línea roja que marca su ejército de asistentes y publicistas: su vida privada. Brown es el principal tabú, pero no el único. Horas antes de la entrevista, una periodista le ha inquirido en rueda de prensa sobre los rumores que la relacionan con el actor Ashton Kutcher, y la barbadense se ha cerrado en banda, no sin antes aclarar que está “feliz y soltera” y dar cuenta de lo “decepcionante” que le ha resultado la pregunta. Aviso para navegantes.

El motivo de la cita es la promoción de la última diversificación de su producto: su salto al cine. Una agente sienta a este periodista a unos dos metros, y, al entrar, la artista, aparentemente extrañada, le insta a acercarse a compartir un sofá de dos plazas. Melena rubia platino, raíces negras, imponente en sus 173 centímetros sobre otros 10 de tacón. Bromea y se toma tiempo para responder, no elude el contacto físico, agarra el brazo más cercano cuando se carcajea, ríe con credibilidad, destila seguridad, que no farragosa profesionalidad. Se intuye cierto margen de improvisación en sus respuestas. Hablamos de su papel secundario en Battleship, el carísimo filme dirigido por Peter Berg (Hancock, Very bad things) inspirado en el juego de mesa Hundir la flota que se ha estrenado este fin de semana en España, antes incluso que en Estados Unidos. Un festín épico con buena ración de bíceps y muslos turgentes, explosiones, chistes de cantina y extraterrestres. Lo opuesto al cine de autor. Un potencial taquillazo, como todo en su currículo. Interpreta a la teniente Cora Raikes, la mayor especialista en armamento de un buque de guerra que defenderá la Tierra de una invasión alienígena. Un papel de chica dura, al estilo de las heroínas de las películas de James Cameron, sin la menor connotación sexual. Al menos, no voluntaria. La actriz debutante celebra mi comentario como un pequeño triunfo personal.

–¡Exacto! No quería que se supiera si a Raikes le gustan los chicos o las chicas, solo su trabajo y las armas. Quise distanciarme del factor sexual.

–Pero no de la habitual imagen de chica dura.

–Solo la mitad es verdad. Por dentro soy muchas veces vulnerable, como todo el mundo. Me defiendo con una fachada.

–Sin embargo, da la sensación de que le gusta defenderse contraatacando con más provocación. ¿De dónde viene esa inclinación natural a la polémica?

–Ser fiel a uno mismo puede generar controversia. Especialmente, cuando no encajas en el molde que la gente ha ideado para ti. Siempre habrá quien te desapruebe, sobre todo con vídeos que, en algunos casos, efectivamente han resultado alarmantes.

–¿Disfruta de la polémica? –A veces es divertida. Otras, descacharrante, por lo ridículo. Y después de un tiempo piensas que se ha ido de las manos. Así me siento ahora mismo.

–Explíquese.

–Se sacan conclusiones de cada cosa que hago, cuál es el significado oculto, el origen, si he hecho tal cosa porque estaba deprimida… Resulta molesto, pero tienes que seguir adelante y vivir tu vida.

La de Robyn Rihanna Fenty empezó hace 24 años en Saint Michael (Barbados). Su madre, contable, y su padre, supervisor del almacén de una fábrica de ropa, se divorciaron traumáticamente cuando ella era una apasionada de la música de 14 años. Se dedicó a vender ropa en la calle en compañía del segundo, adicto a la cocaína, el alcohol y la marihuana, y que, según ha confesado, llegó a pegarles a su madre y a ella. Dos años después fue cadete en el ejército y pretendió matricularse en la escuela secundaria, pero un encuentro con dos productores musicales que estaban de vacaciones en Barbados derivó en un contrato con el mítico sello discográfico Def Jam –presidido desde 2004 por Jay-Z– que la llevó a vivir a Estados Unidos.

No todos en su país abrazaron la noticia con entusiasmo. “Tras firmar, aparecí como de la nada en los periódicos. Y la reacción fue: ‘¿Quién demonios es esta chica? Nunca hemos oído hablar de ella. Hay otros artistas en Barbados que llevan muchísimos más años’. Yo también crecí admirándolos. Pero nunca tuve la oportunidad de actuar allí, de labrarme una carrera”, recuerda la cantante. “Después vinieron las especulaciones sobre qué tuve que hacer para conseguir el contrato, y eso sí fue innecesario y poco elegante. Debatían en televisión sobre la ropa que vestía, los periódicos me sacaban en bañador, en la playa… Fue horrible. No sentía que ese fuera mi hogar. ‘Somos familia’, pensaba yo, ‘se supone que tenéis que estar de mi lado. Yo estoy del vuestro’. Fue confuso. Pero aprendí una buena lección al instante. Las necesitas en esta industria”.

Años después, dice ser feliz con su nombramiento como embajadora cultural de su país. Así como no guarda rencor público a Chris Brown, tampoco se lo guarda a su padre. Según relató a Rolling Stone, él le manda últimamente mensajes en los que simplemente enumera precios de cosas: muebles que quiere comprarse para su nueva casa. Algo que, asegura la cantante, no le importa: “Le daría a mi padre cualquier cosa. Ayudarle no me resulta difícil”. Le pregunto si en perspectiva siente que le llegó el éxito demasiado temprano. “No. Mi infancia fue increíble. No puedo decir que me haya perdido nada. Desde mi posición puedo proporcionar un estilo de vida cómodo para mi familia. Estaría dispuesta a entregar un par de años más de mi infancia por hacer que mis hermanos pequeños puedan vivir una de la cual enorgullecerse cuando se hagan mayores”.

En 2007, Umbrella se convertía en la bomba comercial del año y la intérprete entraba a competir en la liga de antiguos ídolos Disney reciclados en superventas (Britney Spears, Christina Aguilera y Justin Timberlake) con un plus de exotismo y credibilidad callejera. Más de 47 millones de singles digitales colocados después, es la cantante que más ha vendido online en la historia de EE UU. “Rihanna es la artista que mejor personifica la música y el estilo de las listas de éxitos de nuestros días”, sintetiza el periodista de The New Yorker John Seabrook. Amén de los jugosos contratos publicitarios con Armani, Nike y Nivea. Una máquina de fabricar billetes a la que decenas de superestrellas se han arrimado para ver si se les pega algo. Ha colaborado, entre otros, con David Guetta (a quien define como “pura diversión”), Britney Spears (“Sexy”), Jay-Z (“No diré que es como mi padre, porque sonaría raro, pero sí mi mentor”), Nicki Minaj (“Ass [culo]”, dice, antes de partirse de risa con esta medio alabanza, medio insulto en el argot negro estadounidense que para ella es casi su lengua materna) y Eminem (“Asusta. O, mejor dicho, intimida. Por lo misterioso que es. Cuando está presente aguantas la respiración”).

Su descomunal éxito ejemplifica para sus detractores lo peor de la industria. Esgrimen que la barbadense no escribe sus canciones, que encarna como nadie la industrialización de un oficio antiguamente creativo. El paradigma serían los llamados writing camps, talleres de trabajo que reúnen a los productores y compositores más punteros con la única premisa de fabricar éxitos en cadena, y por los que el intérprete se deja caer poco más que para saludar. Los últimos trabajos de Rihanna son el fruto más conocido (y caro) de este calculadísimo proceso de manufactura pop. “A la industria musical no le gusta el riesgo. Es un problema, porque no se puede predecir el éxito de una canción”, explica Ray Daniels, mánager de Rock City, el dúo de autores que escribió su sencillo Man down en el camp que se celebró para componer Loud, el quinto disco de Rihanna. “La solución es llamar a los compositores grandes, meterlos en los estudios más caros de Los Ángeles y encerrarlos hasta que les den un catálogo de singlesinfalibles. El mejor pop que puede salir de un bolsillo cuesta unos 200.000 dólares”.

Tampoco Elvis Presley ni Frank Sinatra pasarán a la historia como compositores. Y el proceso aplicado a los discos de Rihanna, Katy Perry o Beyoncé no dista mucho de las reverenciadísimas producciones en los años sesenta de Phil Spector, creador de éxitos pop como The Ronettes. Rihanna no se siente incómoda y reivindica su papel en el proceso. “La música cambia constantemente. Yo trato de alejarme de las modas, de ir por delante. Viajo constantemente por el mundo escrutando nuevos sonidos. Después de un hit, todo el mundo quiere al productor que lo ha creado, y así todos van a sonar igual, por lo que estoy permanentemente buscando a ese próximo tío brillante al que prácticamente nadie conoce y al que a nadie le importa”.

–¿Qué convierte a una intérprete en una estrella?

–Si la música gusta, te puedes identificar con quien la interpreta, especialmente si no oculta sus defectos, sus fallos. Yo no temo abrazar el hecho de que soy imperfecta. Trabajas sobre tus errores, pero ¿pretender que no los tienes? La gente odia eso, no se lo traga, se reconoce en cosas que son reales.

–¿De ahí la incontinencia verbal que muestra en su twitter?¿Vale la pena el esfuerzo de sincerarse y exponerse tanto? –Nunca vale la pena no ser honesta. Al fin y al cabo, tienen que saber quién eres. Durante mucho tiempo no me conocían realmente. Solo eran capaces de montarse una imagen a partir de rumores. Si reciben información de primera mano, sabrán discernir el rumor de la realidad. Sabrán, por ejemplo, que hay ciertas cosas que no me molestan.

–¿Le molesta, por ejemplo, que le acusen de ser un mal ejemplo para los jóvenes?

–Es evidente que esa responsabilidad da miedo. Porque, al mismo tiempo, quieres ser fiel a ti misma. Pero se lo explicaré de esta manera: puede que la vida de alguien de 24 años no sea un buen modelo para alguien de 14, pero yo no puedo vivir como si tuviera esa edad. Y ahí es cuando muchos padres me malinterpretan. Solo soy fiel a mí misma. No quiero decirle a ningún adolescente lo que tiene que hacer.

–¿Hay algo político en su estética, en su música, en sus vídeos? –…

–¿Ha pensado alguna vez en ello?

–No. Así que supongo que la respuesta es no. Intento mantenerme al margen. Soy de Barbados, ¿por qué implicarme en la política de cualquier otro lugar?

La película ‘Battleship’ se ha estrenado este viernes.

La sonrisa del Liceo


Tiene un crédito tan ilimitado que su gran reto es saber utilizar correctamente tamaño capital.

Tiene un crédito tan ilimitado que su gran reto es saber utilizar correctamente tamaño capital. Resulta un persona tan transparente, cálida y dulce que nadie piensa pueda desaprovecharlo, pues el público no sólo siente perdería una buena artista, sino incluso un pequeño rincón de los ensueños, ese reservado a las personas que se desea jamás se pierdan astillándonos así la esperanza. Todo lo que se diga de ella es poco, pero podría resumirse en que en su debut en el recinto, ella hizo sonreír al Liceo.

Y no sólo porque ella viese en las lámparas del adusto templo lírico unas sonrisas dibujadas con los puntos de luz de las lámparas, sino porque allí un comentario ingenuo, “yaya, no te preocupes, los conciertos son así”, dijo a su abuela cuando se reiteraban los problemas con un micro, son un bálsamo para ese mundo cínico en el que habitamos. Esa actitud en escena, la de una niña-mujer en vestido de noche haciendo partícipe al público de sus emociones, desarma. Porque Silvia desarma. Voz y carisma. Enorme capital.

El concierto fue una apoteosis. Más de 20 músicos la ayudaron a interpretar en su integridad su disco de debut en solitario, perfilándolo con arreglos puntillistas en clave acústica, suavemente acunado por el viento. El viaje por la música popular con Silvia en el tajamar, estampa de mascarón de proa con su tupida melena negra, encontró en su acercamiento a la habanera, flamenco, fado, tropicalismo y pop de ganchillo su sentido. Pura caricia.

Pero también, cosa comprensible habida cuenta su extraordinaria voz, se percibió que ésta está por encima de todo, en ocasiones incluso de las mismas canciones, pálidos charcos donde se refleja la luna. Y sí, la imagen es bella, pero mejor el mar de un repertorio pleno para perderse entre reflejos de luz. Es más, en ocasiones hasta pareció que todo era voz, sólo voz que imponía su luminosidad cegando todo lo demás. Pero, en fin, todo esto forma parte del capital que Sílvia ha de gestionar. Y es preferible pensar que lo hará con tino. Nos lo merecemos todos. No sólo ella. Ella, quizás sin querer, así lo ha querido.

“Es un gran artista. ¿Genio? Qué importa”


El exmanager de Daniel Johnston, Jeff Tartakov, es una de las piezas.

Jeff Tartakov, 55 años, es una de las piezas clave en el éxito de Johnston. Ejerció de manager, pero también de amigo y muchas veces de canguro del artista, que en 1993 le despidió. Su colección de dibujos de Johnston puede verse en La Casa Encendida del viernes que viene al 10 de junio en la exposición Visiones simbólicas. Una mirada al universo de Daniel Jonhston. Tartakov responde a estas preguntas por correo electrónico.

Pregunta. ¿Cómo reunió su colección?

Respuesta. Hasta mediados de los noventa toda mi colección procedía de Daniel. Pero cuando me despidió le devolví muchos de los dibujos, solo me quedé con los que me había regalado o con los de sus cartas. En 1996 o 1997 se mudó con sus padres a un par de horas de Austin y venía a menudo a la ciudad para intercambiar sus dibujos por discos o comics. Así que empecé a coleccionarlos de nuevo comprando todos los que encontraba. Entre ellos también algunos de los que le había devuelto.

P. ¿Qué ve uno en sus dibujos?

R. El mundo interior de una mente fuera de lo común y muy creativa. Su sentido del humor, su tristeza, sus miedos y amores. Una enfermedad mental es algo terrible y creo que aunque Daniel no hubiese estado enfermo, habría sido un artista con éxito.

P. ¿Cómo describiría usted a Johnston?

R. La mayor parte del tiempo le veo como una persona normal que ha decidido dedicar su tiempo a encerrarse en casa oyendo música y creando. No me parece el estilo de vida de un loco. A mucha gente le gustaría vivir así, pero a él le sale mejor que a la mayoría. Supongo que en cierto modo es un genio, pero prefiero no pensar en él en esos términos. Es un gran artista y un gran compositor, así que no me importa si realmente es o no un genio.

P. ¿Por qué le despidió?

R. Paranoia. En ese momento no estaba bien, pensaba que todos conspirábamos contra él.

P. ¿Qué tipo de relación mantienen?

R. Somos amigos. Le vi hace unas semanas en Austin durante el festival South by South West. Estuvimos media hora charlando.

P. ¿Qué aprendió junto a él?

R. Bastante. A visar alto sin temer el fracaso, la importancia de la ambición. Se atrevió a tener éxito y siempre le admiraré por eso.

P. ¿Cómo es la etapa actual de Jonhston y cómo ve su futuro?

R. Me alegro de que siga vivo y de que siga siendo capaz de disfrutar al menos de parte de su éxito.

P. Elija los mejores y los peores momentos junto a él.

R. El mejor es de 1990, cuando actuó en los Premios de la Música de Austin. No le veía desde que dejó la ciudad tres años antes y fue la primera vez que le vi actuar ante un gran público. Era un gran concierto ante varios miles de personas y fue increíble ver la reacción del público ante sus canciones. El peor, fue enterarme de su accidente de avioneta tan solo unos días después de su regreso triunfante a Austin.

P. ¿Cómo definiría la enfermedad de Johnston?

R. Sufre un desorden bipolar.

P. Usted ha sido y sigue siendo un promotor del arte y la figura de Johnston, pero ya no viaja junto a él. ¿Cómo se siente al respecto?

R. Estoy contento con cómo ha evolucionado la situación. Viajar alrededor del mundo con Daniel es un trabajo duro y me alegro de que su hermano sea capaz de hacerlo. Me gusta poder promocionar su música y su arte mientras otra persona se encarga de él. Su familia ha hecho un buen trabajo ocupándose de él y yo sigo ayudando a mi manera.

Cancelan un concierto de Aute en Altea al venderse sólo 70 de 890 butacas


La decisión de la suspensión es objeto de polémica ya que la firma Búho Management afirma que ha sido adoptada unilateralmente por el Ayuntamiento alicantino.

Un concierto del cantautor LuisEduardo Aute inicialmente previsto para mañana en el Palau de Altea ha sido cancelado después de que solamente se vendieran 70 de las 890 localidades puestas a la venta. La decisión de la suspensión es objeto de polémica ya que la firma Búho Management, que representa al artista, afirma que ha sido adoptada unilateralmente por el ayuntamiento alicantino, del que depende el Palau, mientras que éste último lo atribuye a una empresa intermediaria, la murciana Oí Producciones, que trabaja en la zona para Búho Management.

La concejal de Cultura de Altea, Marga Riera, que, a causa de la actual crisis económica, el concierto de Aute ha sido organizado por el denominado modelo “a taquilla”, que consiste en que la empresa promotora asume todos los gastos de la actuación sin coste alguno para las arcas municipales y, a cambio, se embolsa íntegramente el dinero por la venta de localidades.

Sin embargo, ha añadido que hasta el momento se habían vendido únicamente 70 de las 890 localidades disponibles a un precio de 26 euros, lo que suma 1.820 euros. Según Riera, “Oí Producciones” les comunicó la pasada semana que querían cancelar el concierto porque, al parecer, no llegaban a cubrir los gastos. “Nosotros no hemos suspendido nada puesto que es la empresa intermediaria quien comunica al ayuntamiento que quiere suspender el concierto”, ha incidido la concejal.

Por su parte, fuentes de Búho Mana han confirmado a EFE que para la actuación en Altea les representaba “Oí Producciones” aunque, en todo caso, han asegurado que ni ellos ni la intermediaria son los responsables de la cancelación.  En un comunicado, Búho comunica que ha puesto este asunto en manos de sus servicios jurídicos para estudiar “cómo proceder” y lamenta “profunamente el desconcierto y las molestias que haya podido originar al público todo este asunto” en un asunto en el que reiteran que son “totalmente ajenos”.

Asimismo, un responsable de “Oí Producciones”, Manuel Robles, ha manifestado hace unos días había trasladado al ayuntamiento que estudiaban la posibilidad de la cancelación por la “demora en la venta de entradas”, aunque no habían llegado a tomar ninguna decisión.

Por ello, Robles cree que ha podido haber “precipitación” por parte de la concejal de Cultura al tomar una determinación “sin el consenso con la otra parte”. En todo caso, a las 70 personas que habían comprado una entrada se les devolverá el importe por el mismo canal por el que la adquirieron.

Un rockero con gancho natural


El líder de Pereza se doctora como artista el día en que su furgoneta le dejó tirado en la M-30.

La de ayer fue jornada de boca seca y nudo en el estómago para José Miguel Conejo Torres. El rockero huesudo y patilargo que responde sobre los escenarios al sobrenombre de Leiva se recluyó en su casa de la Alameda de Osuna, comió más bien poco y escogió su furgoneta fetiche, una Volkswagen setentera en blanco y naranja, para poner rumbo a La Riviera. Pero el entrañable trasto, el mismo que sus fieles reconocerán por el vídeo de Nunca nadie, se declaró en rebeldía y dejó tirados a sus ocupantes en lo ancho de la M-30.

Los malos presagios para el concierto número 13 de Miguel como artista en solitario solo se desvanecieron a las 21.45. Leiva encadenó sin respiro Nunca nadiePenaltisÉxtasisTodo lo que tú quieras y Animales, primera concesión al repertorio de Pereza. Y sí, los 2.000 fieles que llenaban la sala se las sabían todas. Añejas y recientes. Prueba superada.

Lo de la furgo no fue el único sobresalto de la semana. El episodio del martes por la mañana pudo haber sido mucho peor. Miguel y Jesús, su amigo del alma, compartían coche y destino: una curva traicionera, un volantazo a la desesperada, un árbol que se aproxima demasiado al parabrisas, el crujido de la máquina, el acero y las articulaciones. Para haberse matado. Pero la cosa quedó ahí, en el susto y unas pocas magulladuras. Jesús tarareaba anoche entre el público las nuevas canciones de su colega. Y Miguel le dedicó la más tierna de todas ellas, Vis a vis. “Para celebrar nuestro nuevo cumpleaños común, el día del que salimos vivos”.

Leiva es así. Chuleta. Entrañable. Caótico. Fotogénico como un Keith Richards del nuevo siglo porque ha estudiado cada vídeo de su gurú particular. Y rockero hasta el último poro de la piel. Un buen amigo de Pereza, el periodista coruñés Tito Lesende, le mandó un sms el primer día de la gira: “¿Qué tal? ¿Sientes presión?”. Y el autor de Diciembre, ese disco en solitario que anoche sonó en su integridad, respondió: “Tío, ¡tengo ganas de pintar la furgoneta de fuego!”. Actitud, le llaman a eso.

“No se me ocurre nada más rock, salvo Jerry Lee Lewis”, anotaba Lesende anoche con la consabida retranca norteña. Y añadía: “Leiva es joven, pero quizás, a la edad del Killer, también se case por séptima vez con una familiar varias décadas menor para que lo entierre en la cama…”.

Leiva era un pipiolo cuando se encontró por vez primera con su vecino Rubén Pozo, cinco años mayor y por entonces ídolo del barrio al frente de Buenas Noches Rose. Miguel mimetizó los pantalones pitillo y las botas camperas, enseguida se convirtió en un hermano pequeño rápido y brillante. Los dos conservan hoy la llama de Pereza, aunque hayan emprendido caminos propios. Y Miguel se ha consagrado, pese a su juventud, como un rockero de escuela. “Tiene un gancho natural que lo acerca igual a las vanessas que al roquerío con pedigrí”, sintetiza Lesende, firma habitual de Rolling Stone.

El jueves transcurrió entre nervios y sobresaltos, pero a la noche no le faltó detalle: el nuevo álbum, una versión de Sabina (Rubia platino) y hasta alguna de esas baladas de Pereza, como Amelie, con las que se derriten las quinceañeras guapas. “Leiva es un genio de curiosidad insaciable que empezó abonado a los Stones y nos está saliendo más Beatle que el propio Rubén”, anotaba el fotógrafo musical Juanlu Vela, otro buen conocedor de la pareja. A su juicio, Conejo es un tipo tímido que esconde a un gran actor. “Le he hecho miles de fotos y a veces sospecho que tiene los movimientos estudiados. Tiene el rictus del rockero auténtico”.

Rubén Pozo también llevará a las tablas en breve (el 17 de mayo en Joy Eslava) su primera criatura solista, Lo que más. La suya quizás sea una propuesta algo más orientada a salas y garitos, pero parece evidente que, si no compartieran banda, Rubén y Miguel encajarían en los carteles de los mismos festivales. Así lo corroboraba Antonio Moreno, un joven que apuraba entre el público un mini de cerveza junto a su amigo Rubén. “Seguro que para Pozo también pillamos la entrada. De los dos nos gusta la autenticidad, el descaro, incluso ese rollo de rebeldía en dos chicos de un barrio tan refinado como la Alameda”, resumió.