Miguel Muñiz deja la dirección general del Teatro Real


La crisis que vive la institución con sus trabajadores ha precipitado su salida, prevista para julio.

Miguel Muñiz, director general del Teatro Real, abandona el cargo después de casi ocho años al frente de la gestión del coliseo madrileño. Muñiz, hombre próximo al PSOE, puso su cargo a disposición del patronato en diciembre al consumarse el cambio de Gobierno. Pero entonces el Real decidió que si él quería, podía continuar hasta el final de esta temporada. La crisis que vive el teatro con sus trabajadores y un cierto malestar interno han precipitado su marcha, aunque se incorporará al consejo asesor. Ignacio García-Belenguer, actual administrador, será a partir de ahora el director general.

La idea de Muñiz y del patronato era que éste pudiera terminar la temporada, en el mes de julio, al frente de la dirección general. Su buena labor y resultados en ese cargo aconsejaban que el cambio no fuera traumático. Así que no se aceptó su dimisión en diciembre. Entonces, ¿por qué ahora sí? Por el momento no queda claro si ha sido él quien ha dimitido o el patronato quien le ha pedido que se marchara. Lo que parece evidente es que la crisis que vive el Real en las últimas semanas con sus trabajadores ha precipitado la decisión.

Ya a finales de enero, el anterior administrador del Real y hombre muy cercano a Muñiz, Alfredo Tejero, dimitió, según su entorno, por discrepancias con la dirección artística y la distribución del presupuesto. Entonces el patronato le sustituyó por Ignacio García-Belenguer (Zaragoza, 1967). Un antiguo Director de Coordinación del Patrimonio Nacional y Secretario General de la Agencia Española de Protección de Datos. Un hombre con el que Mortier, director artístico, de fuerte personalidad, se siente de momento muy cómodo. Pese a todo, al director belga, allá donde ha estado, nunca le ha convencido la figura de un director general que pudiera generar interferencias en el proyecto artístico.

Dos meses después de la dimisión de Tejero, se supo que un error administrativo en la aplicación del Real Decreto 8/2010 que obligaba al Teatro Real a rebajar los sueldos de sus trabajadores en un 5%, ha provocado que la institución tenga que reclamar ahora a sus empleados alrededor de un millón de euros en sueldos que no les descontó en su momento. Un caso que ha provocado movilizaciones, una amenaza de huelga y un más que probable pleito en los tribunales entre la dirección y los trabajadores. Mirando hacia el terremoto que asoló a su vecino de Barcelona (el Liceo), el Real se encontró con su propia crisis.

Según Tejero y el propio Muñiz, el decreto se aplicó de una forma más favorable para los trabajadores, reduciendo la masa salarial aplicando la parte importante del recorte a complementos y horas extras y rebajando los salarios de forma progresiva. Pero Hacienda considera que se hizo mal y que el dinero debe volver a las arcas del Teatro. Una situación compleja que, todo sea dicho, no le viene mal a la caja del Real para cuadrar un presupuesto que tiene que reducir en 1,5 millones.

Buena fe o negligencia, aquel episodio, cuya responsabilidad última recae en Muñiz, ha tensado mucho los ánimos en el teatro. Las pancartas y las consignas en su contra y la de Tejero antes de cada representación de Vida y muerte de Marina Abramovic han tenido que hacer mella en su paciencia. Después de ocho exitosos años –también en la paz social obtenida hasta ahora con los trabajadores- resulta muy desagradable terminar así un ciclo. Además, Muñiz considera que el error fue fruto de un intento de beneficiar a los trabajadores y no comparte su reivindicación.

Con la marcha de Muñiz, Ignacio García-Belenguer reunirá el cargo de administrador y director general. Pero todo indica que su perfil, pese a la acumulación de puestos, responderá más bien al de administrador financiero y que convivirá en perfecta armonía con la claridad de ideas del director artístico, Gerard Mortier, y con el presidente del patronato, Gregorio Marañón.

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Los empleados del Real: “Como nos toquen la hucha, Plácido canta en la ducha”


  • Se han manifestado este jueves para denunciar una reclamación “abusiva”.
  • Por error de la dirección no se les aplicó la reducción salarial de los empleados públicos.
  • Amenazan con paralizar las funciones de Cyrano de Bergerac, en mayo.

Los trabajadores del Teatro Real se han concentrado este miércoles por la tarde ante el coliseo con pancartas en las que advierten que si la dirección persiste en detraer de sus nóminas el millón de euros que han cobrado “erróneamente” no podrá estrenarse en mayo “Cyrano de Bergerac”, que protagonizará Plácido Domingo.
“Como nos toquen la hucha, Plácido canta en la ducha”, “No somos ni funcionarios ni millonarios”“No subimos el telón si nos roban un millón” son algunos de los mensajes de las pancartas que los representantes sindicales de los 316 empleados del teatro han desplegado frente a la entrada principal del Real ante una discreta presencia policial y una unidad del SAMUR.

Informar a los espectadores

Su intención es repartir entre los espectadores que esta noche asistirán al estreno de “Vida y muerte de Marina Abramovic”, una función de abono para la que se han agotado las localidades, octavillas en las que explican, en inglés y castellano, su situación.

“Hace dos años, a causa de las reducciones en las aportaciones que el teatro percibiría, pactamos con la empresa una serie de medidas que comprendían reducciones salariales y flexibilizaban nuestras condiciones laborales (…) Ahora debido a unaerrónea gestión por parte de los responsables de esta empresa, se nos hace unareclamación injusta, abusiva y desproporcionada“, señalan en la octavilla.

Se refieren a que la dirección les ha comunicado que, en cumplimiento de lo que les insta Hacienda, han de devolver un millón de euros –entre 3.000 y 6.000 euros cada empleado, prorrateados en las pagas extraordinarias de 2012 y 2013- al no habérseles aplicado la rebaja de sueldo de los empleados públicos, una cantidad que se quedará en las arcas del coliseo.

El portavoz del comité de empresa, Francisco López, ha explicado a Efe que la dirección del teatro les ha comunicado en la última reunión que “no hay margen de maniobra, que no depende de ellos, sino de la Intervención del Estado, y que están obligados a detraer esa cantidad”.

Por ello, ha dicho, continuarán las movilizaciones y seguirán intentando “la vía del diálogo”, para evitar la huelga “que no es conveniente para ninguna de las partes”.
Si no llegan a un acuerdo, su plan es paralizar las cinco funciones de “Cyrano de Bergerac“, cuyo estreno está previsto el próximo 10 de mayo.

Hacienda instó en enero a devolver el millón de euros percibido indebidamente por sus empleados, a los que no se les rebajó el 5 por ciento que sí perdieron el resto de los trabajadores de las empresas públicas, un porcentaje que ya se les ha restado en la última nómina.

‘The life and death of Marina Abramovic’: la ‘perfomance’ llega al Teatro Real


La sorprendente ópera reúne a la propia artista balcánica y al actor William Dafoe, con música de Antony Hegarty.

The life and death of Marina Abramovic se presenta hoy en el Teatro Real como una ópera vanguardista y autobiográfica que aborda la vida de la artista serbia que ha sido denominada como “la abuela del perfomance” con su misma presencia sobre las tablas. Lo curioso de este montaje es, además de la participación de Willem Dafoe como parte del reparto, la presencia de Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons, habitual colaborador de Bjork, Lou Reed, Yoko Ono y Laurie Anderson, como compositor junto a William Basinsky. Antony, como se hace llamar a secas, nos transportará a un universo sonoro único, plagado de matices y giros vocales que hacen gala de una extremada sensibilidad artística.

Las propuestas de Abramovic, que ha creado este espectáculo junto a Robert Wilson, son siempre polémicas y arriesgadas, ya que reivindican la presencia de lo físico como parte del medio de expresión a través del cual reflexionar sobre la propia existencia, el dolor, la nostalgia o la memoria que tenemos sobre el pasado. Entre sus acciones artísticas destacan ‘Lovers’, en la que recorrió la Gran Muralla China desde un punto hasta encontrarse y despedirse para siempre de su pareja, o ‘The artist is present’, en la que permaneció sentada frente a los visitantes del MOMA durante varias semanas.

The life and death of Marina Abramovic muestra escenas representativas de la vida y carrera artística de esta original creadora, que inició su carrera a principios de los años 70 del pasado siglo en Belgrado. El cuerpo y la exploración de sus límites han sido al mismo tiempo sujeto y objeto de sus trabajos. Esta labor de investigación le ha valido varias retrospectivas en las principales instituciones museísticas del mundo, la última y muy celebrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York. Willem Dafoe encarna en el espectáculo no sólo al narrador sino también al que fuera compañero de viaje de Abramovic durante quince años, el performer alemán Ulay. La obra contará también con un grupo de cantantes, entre ellos el propio Antony, y un grupo de cuatro instrumentistas, junto al Svetlana Spajic Group.

La obra, con escenografía de Robert Wilson, es un encargo y nueva producción del Teatro Real y del Manchester International Festival (donde ya ha obtuvo un rotundo éxito en julio de 2011), junto a Theater Basel, Art Basel, el Holland Festival y Salford City Council y deSingel de Amberes. En Madrid se representará desde hoy hasta el 22 de abril.

Choque de trenes en el Teatro Real


Marina Abramovic y Antony protagonizan ‘Vida y muerte de Marina Abramovic’, que se estrenará mañana en Madrid. Un momento clave en la ‘era Mortier’.

La primera vez fue en una comida que organizaron Björk y su esposo, el artista Matthew Barney, en su terraza. Algo así como una parrillada de pescado islandés con unos 20 invitados. Abramovic (Belgrado, Yugoslavia, 1946) recuerda que Antony (Chichester, Reino Unido, 1971) estaba sentado en una mesa sin hablar y Björk se lo presentó. “Un gran músico”, le dijo. Y hola y adiós. Al cabo de los meses descubrió en este tímido cantante transgénero de voz angelical a una fuerza de la naturaleza y una suerte de oráculo del que no se ha vuelto a separar.

De esa amistad, en parte, ha surgido Vida y muerte de Marina Abramovic, que se estrena el miércoles en el Teatro Real. Un espectáculo creado por Bob Wilson en el que además de esta particular pareja artística, sobresale la fuerza actoral de Willem Dafoe. Una nueva propuesta de Gerard Mortier que interroga al público del Real acerca de los límites de la ópera. Marina y Antony, recién levantados, cruasán y café en mano, analizan el montaje y rememoran para EL PAÍS el origen de esta amistad.

Marina Abramovic. Rufus Wainwright me invitó a un concierto en el Carnegie Hall que organizaba con su familia y en el que cantaba Antony. Cuando oí su voz, y era la primera vez, me tuve que poner de pie y empecé a llorar. Mi amigo Klaus nos presentó, pero te fuiste enseguida…

Antony. Uff… soy muy malo en esas cosas… ¡Perdona! Pero después Klaus me llevó a tu casa.

M. A. Se lo pedí yo. Y luego, celebré en el Guggenheim mi 60º aniversario y Antony cantó tres canciones. Pero no es solo amistad. Entiendo la esencia de su música, sé de dónde viene el alma: es completamente única.

Pregunta. Muchos se preguntan si este espectáculo que ahora traen al Real es una ópera.

A. Para mí no lo es. Esa palabra define el trabajo de Bob, que tiene una escala y una épica operística. Pero la música es muy íntima, lo opuesto a la ópera: es folk.

M. A. Cuando dices ópera es solo ópera. Pero ahora hay muchos artistas atacando esa fortaleza para modernizarla. La ópera no ha cambiado nada desde su invención, y cada intento se critica mucho. Quizá es hora de ver otras ideas. No sé por qué es un tema tan tabú, pero sigue siendo como entrar en otro siglo.

A. Esto es una pieza más en nuestros proyectos artísticos. Sin embargo, la obra de arte está escondida dentro de la pieza teatral: Marina entregando a otra gente la historia de su vida como material narrativo. El público asume que es su biografía, pero lo que están viendo es un tremendo gesto artístico de entrega y renuncia al control de su vida para que otro haga lo que quiera con ella. Ha sido un proceso creativo fascinante. Una intersección de muchos acercamientos desesperados que crean una extraña alquimia.

M. A. El punto inicial fue la historia de mi vida, pero en realidad es una biografía universal en la que todos pueden proyectarse. Quería convertirme en una herramienta en manos del director.

A. Yo lo veo como lo que hiciste en Nápoles en 1967. Pero en vez de diferentes objetos o armas, lo que entregas ahora son historias y también les dejas hacer lo que quieran contigo.

M. A. Antony, es increíble… nunca lo había visto así.

Antony y Marina, ayer en Madrid.

P. Y Bob Wilson es ahora quien experimenta con la vida de Marina.

A. En realidad somos todos. La obra me fuerza a mí también a hacerlo. A mi manera, he tenido que componer una banda sonora que crease una impresión sobre la historia de su vida.

M. A. Antony al principio me decía todo el rato: “¿cómo dejas que solo haya hombres contando tu historia?”. Todo se ve desde ojos masculinos, y eso es muy interesante, pero a él le irritaba.

A. Lo primero que pregunté fue “¿todo hombres y un travestido hablando de ti?”. Tu vida es muchas cosas, pero una de ellas, la historia de una mujer.

M. A. Lo que ha hecho Bob con esta obra ha sido muy terapéutico. En cada ensayo en Manchester lloraba, pero las emociones se han transformado. Las historias de infancia, por ejemplo, las he repetido tantas veces, tantas bromas de slapstick sobre mi nariz que ya me da igual. Pero en eso de los hombres no había caído. Antony me ha abierto los ojos, pero no tengo una respuesta. Esta es la biografía más remota que he hecho, en la próxima una mujer hará de mí. Te lo prometo, Antony.

A. ¡Guaauu!

M. A. Mi trabajo se ha desarrollado en un mundo de hombres. No soy una feminista: el arte no tiene género. Me siento como un soldado del arte. Pero Antony, habla tú de esas canciones que has compuesto sobre el sufrimiento.

A. Intenté que respondieran a esta historia desde diferentes perspectivas. Una de ellas es Cut the world. Trata sobre diferentes maneras de contener, transformar y trascender el sufrimiento. Estoicamente, como forma de endurecimiento y como fortalecimiento. En realidad es parecido al papel de una madre, que aguanta siempre todo el peso y se sacrifica. La primera mitad de la obra es una cronología de abusos y sufrimiento desde un acercamiento casi humorístico, de slapstick. Y es la manera que muchos supervivientes eligen para superarlo. La segunda parte, aborda la transformación y la creación.

M. A. Ahí hay otra canción increíble que me pidió que cantara yo que se llama Salt in my wounds [Sal en mis heridas].

A. Poner sal en una herida es irritarla, que duela más. Pero ganas control sobre lo que te victimiza. Y eso es parte del gesto que Marina ha hecho con su trabajo, incluso dejándose tocar y herir a veces. No me lo ha dicho, pero es como yo lo veo y proyecto. Luego la canción se transforma en Gold in my womb. Mi percepción sobre ella es la de moverse desde diferentes tipos de agonía…

P. ¿Se identifican a través del sufrimiento de sus vidas?

M. A. Yo no quiero sufrir, pero a veces sucede. Los artistas son muy sensibles, quizá sea esa la diferencia. Algunas cosas que para mí han sido muy dolorosas, para otros quizá son pequeñeces.

A. En esta obra se impone un contexto de sufrimiento a una niña. Y luego eso se reconfigura con la historia de cómo un adulto crea algo con ello. Algo universal.

M. A. Yo creo que no hay arte sin sufrimiento.

A. Yo no estoy de acuerdo. Existe mucha mitología sobre eso, pero preferiría cambiar la palabra por “fuertes sentimientos”. No hace falta sufrir. Ser abierto, empático y receptivo con el mundo es el estado que se necesita para crear. Yo no siento ningún tipo de romanticismo por el sufrimiento. Tienes que estar despierto y sentir, simplemente.

M. A. En el Idiota de Dostoievski hay un buen ejemplo. El protagonista tiene epilepsia, y antes de cada ataque siente esa sensación increíble de armonía y felicidad. Todo es luminoso y simétrico. A veces no podemos contener esa intensidad que confundimos con sufrimiento. Es como un orgasmo del cerebro. Y la felicidad no tiene lugar sin ese estadio previo.

P. Ambos empezaron en el underground absoluto y ahora actúan en un teatro de ópera. ¿Se ha perdido algo en ese viaje?

A. No conozco las asociaciones del Teatro Real con el conservadurismo. Soy naif en este tema. Para mí es un teatro precioso y una oportunidad para hacer lo que siempre hemos hecho.

M. A. Yo lo veo un poco diferente. Siempre he querido que lasperformances sean mainstream. Es maravilloso poder decir algo distinto de lo que espera un público relacionado con la ópera, con cierto conservadurismo y habituado a entradas caras.

A. ¿No crees que la gente que vendrá empatizará con la obra?

M. A. Habrá de todo. Y creo que funciona para todo el mundo. Me importa cómo puedo hacerlo lo mejor posible, el resto no tanto. Busco creatividad e impacto. Cuando Beethoven compuso la Quinta sinfonía, el crítico de la época dijo que era lo peor que se había escrito. Al principio a mí me querían meter en un hospital mental y durante años no venían a verme más de 34 personas.

A. Lo que hiciste en el MoMA [en The artist is present Abramovic pasó tres meses sentada en el museo observada por el público] llegó a millones de personas.

M. Pero eso fue una isla. Estar aquí es una oportunidad. Después de nosotros viene… ¿cómo se llama? Sí, Plácido Domingo: algo muy diferente.

P. ¿Todavía cree en el público después de comprobar en sus performances la crueldad de la que es capaz?

M. A. El público puede matar. Pero tienes que ir con el corazón lleno de esperanza. Si no, te quedas en casa o en la habitación del hotel pensando qué puedes hacer.

A. ¡Eso es lo que yo quisiera! [se ríe a carcajadas]. Lo de Marina en el MoMA fue un gesto de generosidad. A mí me asustaba porque era muy vulnerable.

M. A. Si haces eso incondicionalmente, para lo que quieran, el público también es vulnerable.

P. Tan acostumbrados a controlar hasta el último detalle de su trabajo, ¿cómo ha sido entregar ese poder a Bob Wilson?

M. A. Antony colabora, yo entrego el control. Es diferente.

A. Es cierto. Pero es un maestro increíble. Me ha inspirado muchísimo.

M. A. Cuida todos los detalles, la posición del dedo meñique, su sombra. Ayer un trozo de pelo me cubría parte de la cara y me lo hizo retirar porque no dejaba ver a una parte del público. Hace arquitectura de cada gesto.

Nueva producción de Cavalleria Rusticana y Pagliacci en la Ópera de París


La Ópera Nacional de París, Francia, en su Sala de la Ópera de La Bastilla, ofrece, a partir del 13 de abril, una nueva producción escénica de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni y Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, con dirección escénica de Giancarlo del Monaco, escenografía de Johannes Leiacker, vestuario de Birgit Wentsch e iluminación de Vinicio Cheli, en Producción del Teatro Real de Madrid.

Daniel Oren dirigirá a la Orquesta y el Coro (preparado por Patrick Marie Aubert) de la Ópera Nacional de París y concertará un elenco formado por Violeta Urmana, ‘Santuzza’, Marcelo Giordani, ‘Turiddu’, Stefania Toczyska, ‘Lucia’, Franck Ferrari, ‘Alfio’ y Nicole Piccolomini, ‘Lola’ en Cavalleria Rusticana y Brigitta Kele, ‘Nedda’, Vladimir Galouzine, ‘Canio’, Sergey Murzaev, ‘Tonio’, Florian Laconi, ‘Beppe’ y Tassis Christoyannis, ‘Silvio’ en Pagliacci.

Cavalleria Rusticana y Pagliacci se presentarán en nueve funciones los días 13, 17, 20, 23, 26 y 28 de abril y 2, 6 y 11 de mayo de 2012.

Para mayor información pueden consultar en http://www.operadeparis.fr

Jeckyll y Hyde operístico en el Palau de les Arts


En “Opérame, ¿Qué diablos es la ópera?”, José Manuel Zapata expone su delirante versión de la historia de la ópera.

El tenor granadino José Manuel Zapata estrena el viernes 30 de marzo en el valenciano Palau de les Arts “Opérame, ¿Qué diablos es la ópera?”, un espectáculo para todos los públicos, con el que pretende desvelar, en clave de humor, los entresijos del género lírico. El año pasado el Palau de les Arts valenciano ya propuso con similares fines didácticos y gran éxito el espectáculo “Detectives en la ópera”. Este divertido show operístico durará hasta el 3 de abril. El cantante da vida a un alocado inventor de robots cantantes que desconoce que él mismo cuenta con una segunda personalidad, la de un tenor italiano, que “lo posee esporádicamente” para interpretar las arias más conocidas de la historia de la ópera.

Los músicos y cantantes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo participarán en este montaje, que incorpora arreglos musicales “pop” ejecutados por los alumnos del Berklee College of Music becados en Valencia. Mediante giros cómicos, sorpresas y proyecciones, José Manuel Zapata intercalará gags con arias de los títulos más conocidos del repertorio, como La Traviata de Verdi, o La Cenerentola de Rossini, en este acelerado curso sobre el mundo operístico.

Pero Zapata no es un simple tenor cómico: inició sus estudios de canto en Madrid con Toñi Rosado y desde entonces ha asistido a clases magistrales y cursos de perfeccionamiento con Elena Obraztsova, Pedro Lavirgen, Renata Scotto, Victoria de los Ángeles, Magda Olivero y Giuseppe di Stefano, entre otros. Debutó en 2001 con el papel de Albazar de la ópera Il turco in Italia de Rossini en el Teatro Campoamor de Oviedo. Posteriormente, interpretó el papel de Elvino de La sonnambula de Bellini, en el teatro Gayarre de Pamplona y en el Palau de la Música de Valencia, respectivamente. También ha interpretado los papeles del Conde Alberto en L’Occasione fa il Ladro, de Rossini; Cavalier Belfiore y Libenskof en Il Viaggio a Reims; Porcus en el estreno en España de Juana de Arco en la Hoguera de Honneger; Missailli de Borís Godunov; Isauun en Il Califfo di Bagdad de Manuel García, además de otros papeles en teatros y festivales. Ha sido galardonado con el Premio Ópera Actual 2006 y el Premio Lírica Teatro Campoamor. En 2008 y junto a la cantante Pasión Vega, compartió proyecto artístico y escenario en su espectáculo conjunto en directo “Tango: Mano a Mano”, presentado en el el Teatro Real de Madrid.

Muti trae a casa el Figaro de Mercadante, una “segunda parte” de las Las bodas de Fígaro


  • El público aclama I due Figaro de Mercadante bajo la batuta de Muti.
  • Los personajes de Mozart, 20 años después.
  • Hasta el 30 de marzo en el Teatro Real.

Si te gustó -podríamos decir, como con las películas-Las bodas de Figaro de Mozart, te gustará sin duda I due Figaro de Mercadante que podemos ver en Madrid hasta el 30 de marzo. Una nueva producción del Teatro Real realizada junto a los Festivales de Salzburgo y Ravenna y que cuenta con un ingrediente más que interesante: Riccardo Muti dirigiendo a laOrquesta Juvenil Luigi Cherubini, que él mismo fundó en 2004.

Secuela de Le nozze di Figaro

Felice Romano, el libretista de I due Figaro tomó como modelo el Figaro de Mozart (con libreto de Da Ponte). Y por ello, nos encontramos con los mismo personajes (el conde Almaviva, la condesa, Susana, Fígaro, Cherubino) pero en algunos casos, bastante cambiados. Han pasado 15 ó 20 años y el tiempo ha pasado factura.

Si en la obra de Mozart-Da Ponte, inspirada en el texto de Beaumarchais, Fígaro era el héroe simpático, ahora en este melodrama bufo, firmado por Merdadante-Romano y basado en el texto del dramaturgo francés Martelly -que quiso criticar a su colega- Fígaro se convierte en un intrigante rastrero. Tan rastrero que intenta casar a la hija de su patrón con un farsante para beneficiarse de la dote.

Y es el siempre ambiguo paje Cherubino (siempre interpretado por una mujer, aquí Eleonora Buratto) el que aquí le quita protagonismo a Figaro. Él es al principio -mediante disfraz- el ‘otro Figaro’ y en definitiva, el pretendiente que se enamora y enamora a Inés, la hija de los condes Almaviva.

Intrigas y enredos en las que se mezclan criados y señores, y en definitiva, hombres y mujeres en pie de igualdad (“mala cosa es ser esposa de un marido impertinente” dice Susanna, “mala cosa es ser esposo de una mujer caprichoso”, afirma Figaro). Son las mujeres de la casa (condesa, Inés y Susana) las que mueven los hilos, despliegan estrategias y llevan finalmente, el agua a su molino.

Son las mujeres las que mueven los hilos

Traer a Figaro a casa

Mercadante que trabajó y vivió en Nápoles, estrenó I due Figaro en Madrid en 1835, tras un intento frustrado en 1826, cuando una orden gubernativo prohibió la representación. El motivo no fue político sino otra intriga pero real: la contralto encargada de dar vida a Susana (Letizia Cortesi) no estaba dispuesta a que Cherubino se luciera más que ella. Se dice que Cortesi era amante del presidente del Consejo de Castilla.

Más allá de ese dato, el tema ambientado en Sevilla ysu música  plagada de melodías y ritmos españoles, ligan a esta obra con España, como el napolitano Murti ya resaltó en la presentación.  Y con Madrid: la partitura permaneció 170 años sepultada, primero en los archivos del Teatro del Príncipe -que dirigió Mercadante- y luego en la Biblioteca  Histórica Municipal de Madrid (Conde-Duque) donde la encontró el musicólogo Paolo Cascio que se ha ocupado de editarla.

Por todo ello podemos decir que Muti la ha traído ahora a casa y está triunfando. Si el público del ensayo general del pasado viernes la acogió calurosamente, el público verdadero, el que vio el estreno del domingo, prodigó como nos cuenta Concha Barrigós (Efe), ” aplausos y bravos” nada más aparecer en el foso el director de la Sinfónica de Chicago. Y remató  cada una de los “cantabile” con más ovaciones. El  entusiasta final, -sigue Barrigós- permitió ver “a los espectadores en pie gritando el nombre de Muti, que ha tenido que salir dos veces a saludar”

los espectadores en pie gritaron el nombre de Muti

La propuesta del director artístico, Emilio Sagi, que ha recuperado el sugerente y realista patio de sus aclamados El barbero de Sevilla (2005) y Las bodas de Fígaro (2009), continúa la crónica de Efe, “ha gustado también mucho, a juzgar por la intensidad de los aplausos cuando ha salido a saludar acompañado del escenógrafo, Daniel Bianco”

Entre los intérpretes, “los más vitoreados han sido Antonio Polo (conde de Almaviva) pero, sobre todo Eleonora Buratto, en su papel de Susanna”.

Riccardo Muti: “La música me ha dado mucho pero no me ha dejado ver llegar la primavera”


“Parlando lentamente” pero con ganas, Riccardo Muti (Nápoles,1941), ha explicado este viernes a la prensa española muchas cosas. Lo mucho que le gusta España. La importancia de Saverio Mercadante (“compositor importantísimo”, ha dicho) y lo feliz, en definitiva que le hace dirigir musicalmente I due Figaro-melodrama bufo en dos actos fechado en 1826- una obra que aúna elementos italianos y españoles.

E incluso ha dedicado un tiempo, para, al hilo de las preguntas, hablar de sus orígenes, de su madre, de su padre o para contar que no canta bajo la ducha, pero que su padre sí lo hacía y cantaba Cavalleria Rusticana.

I due Figaro, la nueva producción del  Teatro Real que llega este domingo, es una coproducción con el Festival de Pentecostés de Salzburgo y el Festival de Ravenna. Cuenta, además de Muti, con Emilio Sagi, como director de escena, la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, el coro Philarmonia Chor de Viena y las voces de Antonio Poli, Asude Karayavuz, Rosa Feola, Annalisa Stropa, Mario Cassi o Eleonora Buratto.

20 años sin ver un gato en la calle

Ha contado Muti que él, como napolitano, creció artísticamente -“como espectador”,  ha aclarado entre risas, en el Teatro San Carlo de Nápoles que define como “el más bello teatro del mundo”. Un teatro que lleva el nombre del rey Carlos III y que nos recuerda los enormes vínculos entre Nápoles y la corona de España, algo visible incluso en el escudo Borbón aún visible.

De esos lazos históricos y artísticos nos habla igualmente la ópera que ahora Muti dirigirá en el Real. Una obra de Mercadante -quien vivió en Nápoles pero también en Madrid- que se inicia con una obertura, repleta de danzas españolas y que por algo se llama, sinfonía española. Sólo existen dos manuscritos de esta obra, ha contado hoy Muti. Uno en Napoles, el otro fue encontrado en Madrid. Y existían dos copias porque el compositor amaba tanto esta ópera que viajaba siempre con un manuscrito de la misma.

Dirigir ahora este melodrama bufo tiene para Muti algo más que significado artístico. Adquiere incluso un “significado político y social“, ha apuntado el maestro. Y ha aprovechado ese momento para criticar a los gobiernos. Estos -y ha puntualizado que no se refiere a España donde es huésped- cuando “deben cuadrar cuentas comienzan siempre por la cultura”. Algo que él considera un error gravísimo porque de esa forma se perjudica a la “identidad de los países”, haciendo referencia a Europa.

I due  Figaro ha llevada a Muti a remontarse a su infancia. A recordar al Teatro San Carlo. A su madre -una mujer con un físico muy español- e incluso a su padre que le obligó a estudiar música, solo con el propósito de que adquiriera cultura. Nunca -ha confesado- imaginó que sería músico, ni famoso. Fue Nino Rota -director del Conservatorio de Bari, entonces- quien le orientó por ese camino. Un camino que le ha dado mucho pero que también le hurtado placeres y vivencias.

No me dejado por ejemplo ver la primavera, o ver crecer a mis hijos. Cuando dirigía La Scala, me dí cuenta un día que llevaba 20 años sin ver un gato en la calle”, ha añadido para terminar.

Ara Malikian lleva su espectáculo ‘Colores’ a un centro penitenciario


El Teatro Real incide en el empeño de acercar la música a todo tipo de público, y el Proyecto Social del coliseo da un paso más en el desarrollo de esta filosofía, acercando la música, la danza y las artes escénicas en general a aquellas personas que no tienen oportunidad de salir voluntariamente a su encuentro. El Proyecto Social del Teatro Real ha sido galardonado con la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario de 2009 y de 2011, esta última concedida a título personal a Juan Marchán, responsable del mismo.

En esta ocasión, el próximo miércoles 21 de marzo, se contará con el talento del violinista armenio-libanés Ara Malikian, quien en una misma mañana ofrecerá una clase magistral a los alumnos del Taller de Música y Ópera que el coliseo imparte en el centro penitenciario de Navalcarnero, Madrid IV, y acto seguido, a las 12.00 h.en el salón de actos de dicho centro, junto a su ensemble musical, el espectáculo Colores’, un viaje desde la India hasta España a través de la música zíngara.

Durante el encuentro en el aula, Malikian contará a una treintena de internos, alumnos del mencionado taller, su experiencia personal con la música, qué le llevó a dedicarse en cuerpo y alma a esta profesión y por qué escogió el violín, llevando por supuesto consigo su inseparable instrumento para ir ilustrando musicalmente sus palabras. Una vez terminado este emotivo encuentro, le tocará el turno a ‘Colores’, espectáculo inspirado en la senda que los zíngaros recorrieron desde la India a través de Europa, para finalmente asentarse en España donde surgió el flamenco. En este colorido  encuentro entre culturas el violinista estará acompañado por su ensemble, integrado por Humberto Armas (viola), Luis Gallo (guitarra) y Nacho Ros (contrabajo).

En el éxodo de “Colores” nos encontraremos con hipnóticas composiciones de Enescu (Rumanía), Shaktí (India), Khatchaturian (Armenia), Rabih-Aban-Khalil (Beirut), Dvorak (Checoslovaquia), Rachmaninov (Rusia), Piazzolla (Argentina), Sarasate (España) y del propio Malikian (Líbano, Armenia).

FUENTE: Diverdi